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Viernes 22 de mayo 2026

La aventura de vivir distinto

Redacción 22/05/2026 - 00.16.hs

Los amigos de lo convencional, de lo socialmente aceptado como “correcto” pueden llegar a horrorizarse ante el modo que Ayelén ha elegido vivir junto a dos de sus hijos aún pequeños.

 

La descubrimos por estos días en una esquina de avenida Uruguay como una típica artista urbana, de paso por la ciudad. En principio llamaba la atención su vestimenta, un tutú de esos que utilizan las bailarinas de ballet para llevar adelante una actuación con una suerte de baile mezcla de swing, arte circense, hula hula (con un aro girando alrededor de la cintura), algo de yoga y un poco de danza clásica.

 

Sí, se movía con gracia y entusiasmo, y después caminaba entre los autos esperando la colaboración de los conductores. Que hay que decir que lo hacían en buena medida. Pero lo que sorprendía más es que cerca andaban dos pibitos –sus hijos, mellizos de 11 años-, quienes la van acompañando en su periplo iniciado en Plottier (Neuquén).

 

“Vamos rumbo a Buenos Aires, allá vive otra de mis hijas, más grande, y nos queremos encontrar con ella. ¿Lo que hago? No digo que soy artista callejera, sino que hago arte urbano, y por suerte la gente de aquí es muy generosa. Ahora mismo venimos de General Acha, donde mis hijos estuvieron jugando al fútbol, y ahora estaremos unos días por aquí porque van a participar de un torneo”, cuenta.

 

Se llama Ayelén Audisio, y viene de Plottier donde reside su madre. “Allí aprendí a manejar, saqué el carné y nos mandamos a la ruta, un tiempo estuvimos también en Cipolletti y ahora la idea es llegar a Buenos Aires. Nos encanta esta forma de vivir, si bien tuvimos diferentes momentos… pero me gusta ver a mis hijos felices con esta forma de movernos. No nos molesta dormir en carpa, o en un hostel, donde por supuesto se está más cómodos. Esta es la idea, y lo disfrutamos juntos”, explica Ayelén a LA ARENA.

 

“Tenemos pensado incluso salir del país, nos movemos en un Clío 2011, que por suerte está en muy buenas condiciones y donde llevamos todo lo que necesitamos. Y por suerte no hemos tenido dificultades… aunque eso sí, cada 100 kilómetros más o menos busco un mecánico que me diga ‘siga tranquila’. Donde paramos algunos días le hacemos alguna cosita. En Acha se lo dimos a un chapista para unos arreglos y cualquier cosita estamos encima para evitar problemas”, narra.

 

Un interrogante que está en el aire mientras dialogamos es cómo es el tema de la educación de los chicos. “Opté porque tengan una educación no formal hasta ahora, ellos hacen también ginmasia artística, y practican yudo. Y en cada lugar que paramos unos días nos vinculamos con el tema del fútbol que les encanta”.

 

Y sigue: “Soy apasionada de la educación, y mis hijos estudian de una manera no formal, es verdad. Lo que puedo decir a favor es que esta forma les posibilita que puedan armar su propia personalidad, que las vicisitudes del colegio no los transformen, que a veces pasa que en los grupos grandes los docentes a veces no pueden abarcar todo. Estoy segura que ellos pueden sostenerse con la educación que les doy, que en eso soy muy rigurosa, si hasta leen partituras porque han empezado a tocar la guitarra”.

 

Así las cosas podría decirse que sí, que existe una forma convencional, habitual, “normal” si se quiere, de vivir. Pero que no sería la que ella eligió como autoridad que es de ese pequeño grupo familiar. Hoy Ayelén aparece convencida: “Sí, por ahora vamos por este camino. Porque como todos qué busca uno? entiendo que encontrar la felicidad, que eso es lo que le da sentido a la vida. ¿O no es así? Bueno, en eso estamos”. (M.V.)

 

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