Los motociclistas y el síndrome del pavo real
Jueves 22 de febrero 2024

Los motociclistas y el síndrome del pavo real

Redacción 09/12/2023 - 10.59.hs

La falta de interés de las autoridades santarroseñas para controlar el andar peligroso de motos y bicicletas, a determinadas horas del día –sobre todo al atardecer- aparece como muy evidente.

 

En estos días en que las tardes veraniegas invitan a estar al aire libre, son cientos de chicas y chicos que utilizan el cantero central de la Avenida San Martín, o las veredas aledañas para juntarse en alegre estudiantina.

 

Podría decirse que es una buena y sana manera de entretenerse en amistosas reuniones mientras el mate corre de mano en mano. Se puede ver la muchachada también en algunos otros paseos, y la zona de la rotonda del Centro Cívico es un lugar elegido para pasar algunas horas.

 

¡Ahí vienen las motos!

 

Pero, paralelamente, aparecen por esos sitios los motociclistas que tienen la intención de pavonearse –esto es hacer una vana ostentación- queriendo mostrar ya sus habilidades conductivas, y también el “poderío” de las máquinas en que circulan, para lo que las aceleran de tal modo que produzcan explosiones que verdaderamente resultan un martirio para quienes circulan por allí.

 

Pavos reales.

 

Fue el pasado lunes que esa suerte de “pavos reales” en moto andaban en bandada. Unos picando desde un semáforo hasta el siguiente; y otros haciendo pistonear los motores dañando los oídos de los desprevenidos transeúntes.

 

Obvio, no faltaban los que practicaban los populares y riesgosos willys –esa maniobra que consiste en arrancar y poner la moto andando asentada sólo sobre la rueda trasera--, como una manera de mostrarle a los muchos chicos y chicas que miran desde el cantero central de la avenida o las veredas, sus pretendidas excelsas habilidades.

 

Maniobras riesgosas.

 

Por supuesto sin que les importe para nada que es una muy transitada arteria, con un intenso tráfico de autos cuyos conductores deben estar muy atentos a ese modo de manejar que en cualquier momento puede terminar en una tragedia.

 

Una moto lanzada en velocidad puede atropellar a una persona que pudiera estar cruzando la calle y no la advierta; o incluso –como sucedió-- que el propio conductor del bólido pueda sufrir una caída poniendo en riesgo su integridad física.

 

Willy fallido.

 

Decíamos, fue el lunes casi anocheciendo: en el semáforo de Garibaldi y Avenida San Martín esperaban que se ponga en verde algunos motociclistas y varios autos. En un momento dado, cuando eso sucedió, un muchacho intentó un willy pero de pronto cayó pesadamente sobre el asfalto. El auto que venía inmediatamente detrás frenó casi encima y nada más grave pasó.

 

¿El conductor de la moto? Por suerte pareció haber sufrido sólo el golpe, porque de inmediato –seguro con mucha bronca y vergüenza por su desafortunada acción-- se levantó y partió con rumbo desconocido.

 

Pudo haber sido peor. Puede ser peor en cualquier momento.

 

Nadie que controle.

 

¿Policías o inspectores de tránsito por la zona? Nada que ver. Puede ser que, de tanto en tanto, aparezca un control en algún sector de la avenida, pero sólo esporádicamente y sin que sirva para frenar la avanzada de los “pavos reales” del motociclismo. Ni tampoco a las decenas de chicos en bici que hacen más o menos lo mismo, también corriendo igual peligro ante los autos que circulan.

 

Eso sí, a los inspectores de tránsito se los puede ver muy ocupados –en otros sectores de la ciudad-- observando con sus celulares qué automóviles están utilizando el estacionamiento medido. O disponiendo actas de infracción –incluso los sábados-- porque alguien que ocupó 20 centímetros de una ochava… o infracciones menores como esas.

 

¿La Dirección de Tránsito municipal no conoce del descontrol de las motos en pleno centro? Cualquiera que ande por las calles lo puede ver, así que sería muy bueno que las autoridades, como se dice habitualmente, de una vez por todas se pongan las pilas.

 

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