Martes 23 de abril 2024

Pablo Gaiser, cuando se celebra la vida

Redacción 29/01/2023 - 00.33.hs

Por segunda vez el médico fue trasplantado de riñón, y volvió a su rutina de trabajo y a hacer deportes extremos. Un ejemplo de persistencia, de coraje y de creer que siempre es posible salir adelante.

 

MARIO VEGA

 

¡Cuánta admiración puede provocar en cualquiera saber de alguien que enfrenta desafíos tan enormes! Porque eso produce conocer asombrosas historias de gente que encara la hazaña de -por puro gusto nomás-- pretender hacer cumbre en las montañas más altas del mundo. Intentarlo en el Everest (8848 metros), nada menos, pero también en el Aconcagua; en el Kilimanjaro (el más alto de África); el Lanín, y algunos otros.

 

A cualquier mortal más o menos común -como yo, o quizás como usted, amigo lector-- se nos ocurriría que son proezas que están muy lejos de nuestro alcance. Porque lo de uno --o lo mío en realidad-- es mucho más modesto y se reduce a alguna que otra caminata, o a breves momentos de trote, y por ahí podría aparecer como una exigencia apenas un poquito más "importante" algún picadito futbolero donde cabe confesar se usa suele utilizar más las palabras (a veces divertidas discusiones) que el físico.

 

Un reencuentro.

 

En estas mismas columnas ya expresé de mi sincero reconocimiento al esfuerzo y perseverancia de atletas, y también de ciclistas, que son capaces de cubrir distancias que -en mi caso-- entiendo se podrían realizar rápidamente en el auto (esto es broma, claro).

 

Hace pocas tardes, en una de esos habituales recorridos que realizo --y los médicos recomiendan hacer--, en el circuito asfáltico que rodea la Laguna Don Tomás, otros caminantes hacían lo suyo... y también varios ciclistas que pasaron a mi lado varias veces. De pronto uno de ellos se detuvo para saludarme, aunque en principio no lo conocí con el casco que cubría su cabeza. El hombre era Pablo Gaiser, el médico que hace algunos años contó en estas mismas columnas que había sido trasplantado de riñón y que después de eso pudo hacer una vida completamente normal.

 

Otro trasplante.

 

Los saludos de rigor, el "qué tal... cómo estás", y su respuesta: "Aquí estoy, haciendo estas cosas que me gustan. Por suerte todo muy bien". Conversamos de generalidades, le digo que lo veo muy bien y allí Pablo me revela un dato que no conocía: "¿Sabés que recibí otro trasplante de riñón? Sí, el segundo y por suerte como verás todo muy bien", dice ante mi sorpresa.

 

Pablo Alejandro Gaiser (51) nació en Río Gallegos pero vive en La Pampa hace muchos años. "Nací en en sur porque mi papá, Isidoro (ya fallecido) era piloto de avión --por muchos años tripuló el de la Provincia--, y por eso andábamos de un lado para el otro. Mi mamá, ya te conté, es Ana María, jubilada del Instituto de Seguridad Social, y tengo además a mi hermana Erika".

 

Pablo está en pareja con Valeria y tiene dos hijos de su primer matrimonio: Jazmín (22) y Augusto (20).

 

Un duro momento.

 

Cuando tenía nada más que 17 años y estaba en el último año del secundario en el Colegio de la Universidad -había hecho la primaria en la Roger Valet--, cuando todo el curso se preparaba para el tradicional viaje a Bariloche, Pablo hizo una insuficiencia renal. "Por supuesto no pude viajar aunque había sido uno de los organizadores... y aunque fue triste siempre me quedó presente el gesto de mis compañeros que hasta el momento de subir al micro estuvieron en mi habitación", rememora.

 

Primer trasplante.

 

El muchachito se había enfermado de los riñones a partir de una infección respiratoria que en pocas semanas lo obligó a dializarse durante dos años.

 

"Fue hasta que cumplí los 19 y mi madre, Ana María, me donó un riñón y se puede decir que me devolvió a la vida... Así pude en esos 30 años de trasplantado hacer de todo", afirma.

 

Y sigue: "Fue además el momento en que decidí que sería médico, y que haría la especialidad en Nefrología , era obvio, para conocer a fondo lo que me había pasado, cómo cuidarme y sobre todo para poder ayudar a otros", completa.

 

No obstante que todo anduvo bien durante tres décadas, iba a aparecer una complicación. "En septiembre de 2020, luego de una infección por el Covid perdí el funcionamiento del riñón y tuve que volver a diálisis por algunos meses", dice.

 

Nueva intervención.

 

Pero Pablo es un optimista de la vida y pareciera que nada lo arredra, y esta vez tampoco se iba a entregar mansamente a su suerte. "Y claro, no hay que entregarse. Por suerte apareció la posibilidad de un segundo trasplante a partir de la donación de Roxana, una amiga de Bariloche... Y fue mágico porque a las 24 horas ella tuvo el alta y a los 5 días yo también. Nos trasplantaron en Nephrology Buenos Aires, y debo resaltar el rol de la justicia pampeana, porque aunque con Roxana no éramos familiares tuvo una diligencia tal que hizo que la autorización saliera en tiempo récord, aún cuando era enero del 2022 y plena feria judicial".

 

Se regocija al señalar que está "muy bien. Siempre con controles, yendo a Buenos Aires, solucionando cosas que van apareciendo, aunque bastante aislado porque tomo bastante medicación y sobre todo tengo 4 drogas para bajar mis defensas y que el cuerpo no rechace el riñón... hoy soy el único pampeano con doble trasplante de riñón", sostiene.

 

Ascenso al Everest.

 

Cualquiera que no entienda del tema pensaría que alguien en esa situación -más allá de naturales cuidados-- difícilmente se embarcaría en emprendimientos deportivos tan exigentes como los que él afronta: "Es que el deporte es un aspecto muy importante para mí... siempre me gustó la

 

actividad física y soy un apasionando del montañismo: he estado en el Everest, en el campamento base, y si no seguí ascendiendo no fue porque no quería sino porque a partir de allí completar el trayecto costaba de 40 mil hasta 100 mil dólares. Pero fue por eso".

 

Y da para pensar si Pablo no está un poco loco, por lo menos viéndolo desde mi gusto por lo urbano y la tranquilidad de un buen café con amigos que no cambiaría, de ninguna manera, por una aventura como aquella. Pero obviamente valoro grandemente que haya gente que sea capaz de enfrentar desafíos semejantes, aunque confieso yo no me vería jamás en tamaña circunstancia.

 

Haciendo cumbre.

 

Igual se dio otros gustos, difíciles para cualquier persona: "La verdad es que es así: pude hacer cumbre en la montaña más alta de África, el Kilimanjaro; y en nuestro país escalar el Lanín cuatro veces, también el Aconcagua, Penitentes, el Nevado de Acay, El Domuyo y algún otro que me estaré olvidando. Y además ahora mismo estoy empezando a entrenar para hacer el tetratlón de Chapelco, que consiste en esquí, ciclismo, kayac y padetrismo... lo hacemos con otro amigo y cómplice, Mariano Alonso. Es un gran desafío que tenemos en el mes de agosto", cuenta con singular entusiasmo.

 

Disfrutar de la vida.

 

Le pregunto cómo va desarrollándose en lo laboral, y se ríe con ganas Pablo. "Sabés... Cuando hablo con mis amigos les digo que el primer trasplante lo usé para trabajar, hacer mi casa, tener el auto, el perro, la cucha... y este segundo lo estoy utilizando para mí, para hacer las cosas que me gustan, para disfrutar la vida... ¿No está mal, no te parece?", dice con total convencimiento de cuál sería la respuesta.

 

"En cuanto a mi profesión de médico te cuento que lo que estoy haciendo ahora es priorizar mi salud, así que lo que hago es mínimo. En Faerac realizo alguna guardia que otra, aunque eso sí continúo con 'RCP Ambulancias', empresa que tenemos con mi amigo Mariano. Empezamos comprando una y actualmente tenemos siete, pero todo lo que me compete a mí lo manejo básicamente por teléfono", completa.

 

Sus donantes.

 

Pablo no es alguien que cuenta su historia por jactancia o por vanidad, sino porque entiende que es un mensaje que se necesita transmitir. "Lo primero que debe saber una persona es que no tiene que tener miedo. Que hay que informarse para donar porque eso le da la posibilidad de vivir a otra persona. Fijate que mi mamá y Roxana me donaron y están perfectas...", señala.

 

Y enseguida dice: "Te cuento que mi vieja es un roble, que anda muy bien y eso que pasaron mas de 30 años desde que me donó un riñón... y ahí anda ella con una función renal totalmente normal. Siempre digo que me dio la vida dos veces", agrega con una sonrisa.

 

Una reflexión.

 

El médico que, como explica ahora casi no ejerce, indica que "hay que pensar que cuando uno se enferma también afecta a todo el entorno familiar, y al de sus amigos; pero asimismo cuando una persona recobra la salud también ellos lo sienten favorablemente", asegura.

 

Y deja una reflexión más: "He conversado con personas que donaron los órganos de un familiar aún en un contexto natural de dolor, y luego de un tiempo ellos se encuentran conque se hizo lo correcto... es como que una parte de un ser querido continua viviendo en otra persona", razona.

 

Y reflexiona: "Cuando alguien recibe un trasplante, como en mi caso, tiene mucho que agradecer: a la vida, a la medicina y a los médicos".

 

Saber que se puede.

 

Tiene las cosas claras Pablo, y trata de transmitirlas para que seamos muchos más los que entendamos acerca de la donación de órganos, que permitirán prolongar la vida de muchas otras personas. Él como pocos -trasplantado dos veces-- puede dar plena fe ello: "Desde que me pasó la primera vez tuve en claro que iba a tratar de ayudar a los que quedaban en diálisis... porque tuve la suerte de ser trasplantado y vivir; pero tengo siempre presente a otra gente que cuando yo me dializaba murieron... Fue muy duro de aceptar, y por eso me decidí a ayudar: porque el trasplante no sólo da vida, sino que da una gran calidad de vida", reafirma.

 

Obvio que no resulta fácil, y que hay que tener coraje para afrontar la realidad cuando toca. Y eso hizo Pablo, para poder celebrar la vida, y como dice la canción "saber que se puede, querer que se pueda, quitarse los miedos (...), tentar al futuro con el corazón...".

 

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