Viernes 17 de mayo 2024

“Soy una persona feliz y agradecida”

Redacción 19/11/2023 - 09.00.hs

Héctor De La Sota está retirado hace años. Fue de los primeros profes, querido y respetado por sus colegas y alumnos. Hoy se dedica a criar perros ovejero alemán, y se da tiempo para restaurar autos.

 

MARIO VEGA

 

En este tiempo hay en nuestro sistema educativo cientos de profesores de Educación Física -varones y mujeres-, lo que puede atribuirse a que evidentemente aumentó en gran manera la oferta de institutos donde cursar la carrera.

 

Pero años atrás en Santa Rosa –y casi podría decirse en La Pampa toda- había apenas un puñado de profes que, indudablemente, resultaban muy populares por la tarea que desarrollaban y el contacto con la juventud de esos tiempos.

 

Pero lo cierto es que se los podía contar con los dedos de una mano… Héctor Mario Vega, Catón Montoya y su esposa María Chiován (sería directora del Normal), Héctor Omar De La Sota, Estela Lamberto. Y luego se agregarían Noemí Delú de Russo... y Zoraida Parada, Jeta Gavazza y Horacio González. Y enseguida Alberto Molina, Omar Lastiri, Roberto Zamudio, Foca Haedo y Dardo Pacheco. Y muchos y muchas más.

 

Hoy son muchos.

 

Hasta llegar a este presente donde resulta imposible mencionarlos a todos y todas las que hicieron el Profesorado de Educación Física, que son afortunadamente muchos. Casi siempre los que iniciaron la carrera llegaron a ella por una vinculación con el deporte, e hicieron de su práctica un modo de vida. Porque se puede afirmar sin temor a equivocación que debe haber pocas actividades que puedan resultar tan saludables para el individuo que la ejerce.

 

Y sí, en este tiempo son muchos, y no faltan en ningún pueblo de la Provincia.

 

Otros tiempos.

 

En la época en que éramos estudiantes secundarios, en primer año tuvimos un tiempo a un De La Sota que no fue precisamente de quien nos ocuparemos en esta nota. Se trataba de Oscar Alberto (¿le decían El Pato?), que mientras su hermano hacía el Servicio Militar en el Palomar, en Buenos Aires, “le cuidaba” el puesto.

 

Como puede verse otros tiempos más flexibles y permisivos del sistema educativo, y la muestra de que no eran muchos los profes como para hacerse cargo de todas las clases y alumnos de la ciudad. A veces bastaba con cierta idoneidad y de la voluntad de quienes lo hacían para pararse frente a los alumnos y hacer la actividad física. Ese era un caso.

 

El hijo de los porteros.

 

De Héctor Luis De La Sota (81) se puede decir que es integrante de una familia con fuerte arraigo en Santa Rosa. Tanto que su padre -también Héctor- y su mamá Catalina Lasanosky eran porteros de la Escuela nº 4 “Coronel Remigio Gil” –una de las más antiguas de la ciudad, con sus 117 años-, establecimiento que albergó durante décadas a una enorme cantidad de chicos y chicas, de Villa del Busto especialmente pero también llegados de otros puntos de la ciudad.

 

“Mis viejos fueron porteros por muchos años y vivíamos en una casa en la misma escuela, donde permanecí hasta que me casé. Tengo un hermano menor, Oscar Alberto, que fue mucho tiempo empleado de banco, casado con Teresa Uña y actualmente viudo”, dice Héctor.

 

Familia de profesores.

 

Y sigue: “En lo que a mí respecta estoy casado hace 57 años con María de los Milagros Pérez Díaz, con quien antes anduvimos 6 años de novios. Tuvimos tres hijos, Héctor Pablo que nos dejó hace 11 años, María Verónica (Vero) que es maestra de grado y Marina Gabriela (Gaby), profesora de Educación Física. Ellas nos dieron 3 nietos, Gaby es mamá de Victoria quien también es profe y guardavidas, y de Tobías que también sigue la carrera. Vero es mamá de Gino, que este año termina la primaria”, puntualiza.

 

Como puede verse una saga de profes de Educación Física que prevé más episodios.

 

Quiero decir que mi vinculación con los De La Sota –además de haber sido alumno de Héctor- tiene que ver conque sus hijas -Verónica y Gabriela-, fueron mis pupilas cuando comenzaron con sóftbol, y se convirtieron en excelentes jugadoras.

 

Estudiando en Santa Fe.

 

Decía al principio que hace décadas, obviamente, no existían tantos profesorados para seguir la carrera. Estaba el Instituto de San Fernando, en Buenos Aires; otro en Santa Fe; y más tarde se abrió uno en Viedma. Nada que ver con estos tiempos, donde hay varios y cercanos como el de General Pico, Trenque Lauquen y Pehuajó, entre otros. “Yo estudié en el INEF Santa Fe dónde me recibí en 1964”, rememoró por estas horas “Gaucho” De La Sota.

 

“¿Porque Gaucho? Me lo pusieron en el secundario, porque siempre andaba haciendo bromas y jorobando… ‘Sos gauchito vos’, me decían. Y bueno, me quedó y cuando vine más grande siguió con el apodo de Gaucho”, se ríe el profe, que siempre parece andar de buen talante.

 

“Fui a Santa Fe por la recomendación del profesor Héctor Mario Vega, porque en 1961 sólo había dos institutos: el de Santa Fe y el de San Fernando en Buenos Aires. Pasé por una selección y quedamos 40… La beca consistía en alojamiento en el internado y dos viajes al año para el lugar de residencia. Me recibí en 1964, porque el Servicio Militar me llevó un año”, precisó.

 

Casa custodiada.

 

Héctor de la Sota me recibe en su casa—quinta de la esquina de Misioneros Salesianos y Fortineras, donde ingresé no sin antes pedirle que “por favor” encerrara al hermoso ejemplar de ovejero alemán que estaba suelto en el patio. Una simple voz del amo bastó para que el animal casi se encerrara solo… Debo confesar que me gustan los perros, no obstante algunos me despiertan cierto temor… y esta era la situación.

 

“Aquí no entra nadie… me imagino si alguien quiere saltar el tapial de noche”, le comento. Y responde: “Por las noches queda en el patio esta perra que estás viendo y otro que está ahí atrás y, la verdad… mejor que a nadie se le ocurra. No se lo recomiendo”, advierte sobre el papel de guardianes de los siete perros que cría en estos momentos y que descansan en sus respectivos caniles, preparados especialmente para que se alimenten y puedan moverse con comodidad.

 

“Después te cuento más, pero hace 42 años que me dedico a la cría”, completa.

 

El casamiento.

 

Y es preciso “Yiye” –otro de sus apodos- cuando vuelve atrás en los recuerdos: “Hice la primaria como te dije en la Escuela 4 y la secundaria en la Escuela Normal, dónde me recibí de maestro en 1960… Y sí, ahí también conocí a mi esposa María de los Milagros Pérez Díaz (Mila) cuando yo tenía 18 años y ella 15, y desde entonces estamos juntos”.

 

Rememora junto a su esposa que el día que se casaron -en la capilla del Colegio María Auxiliadora porque la Catedral se estaba refaccionando-, su colega Horacio González, otro querido personaje, se conoció con Cristina Pastorutti (entonces profesora de Inglés, hoy presidenta de la Cooperadora del Hospital Lucio Molas), que se pusieron de novios y luego se casaron.

 

“¿Vos sabés que aunque no voy a misa rezo todas las noches… y a veces a la siesta, y lo incluyo a Horacio en mis oraciones. La verdad es que lo quise mucho”, señala Gaucho.

 

El preparador físico.

 

Fue en 1965 que empezó a dar clases en el Colegio Nacional, el Comercial anexo y en escuelas primarias. “También trabajé en la Cárcel de Menores y en la parte privada mi primera vez fue en el Club Sarmiento como preparador físico de fútbol; luego hice lo mismo en All Boys; y para completar fui Director Técnico en el equipo de básquet alboyense. También en Atlético Santa Rosa preparé sus jugadores de fútbol y básquet, y con esta disciplina fuimos campeones”, evocó.

 

Recuerdos de linda gente.

 

Tenía mucho trabajo porque eran tiempos en que comenzaban –en los veranos- las colonias de vacaciones y campamentos adentro y fuera de la Provincia. “Si me preguntás cuál fue mi deporte principal te digo que el vóley, con el que tuve muchas alegrías, ganando intercolegiales con la Escuela Normal y con el Comercial”,

 

De todos modos su mayor satisfacción pasa porque pudo desempeñarse sin problemas durante los 25 años de su carrera profesional. “Tuve excelentes grupos de alumnos, y son muchos los que recuerdo con mucho afecto. E igual con el personal docente y directivo que me acompañó en todos esos años... y se me vienen a la memoria especialmente Sabino Neveu, Oscar Montoya (Catón) y su esposa; la señora Lastiri de Torres, directora de la escuela 143; la señora de Zamudio de la escuela 12...”, enumera.

 

Familia y amigos.

 

Gaucho tiene siempre el espíritu alto, anda todo el tiempo de buen humor y pocas cosas pueden incomodarlo o sacarlo de su eje. Y como todos, cuando llega un determinado momento de la vida hace algunos balances: “¿Querés que te diga? Soy una persona feliz, que tuvo el trabajo que siempre quiso tener, con una hermosa familia con la que nos reunimos los fines de semana para un asado, jugar al tenis de mesa o lo que sea… Me gusta compartir con buenos amigos, que los tengo, como Cacho Ledesma, Tito y María Soria, Carlos Espínola, Yaco Rach, Alcides Beltramino, la familia Espínola y otros que hicimos durante los viajes como Laura y Guillermo Fernández, Graciela y Hugo Veinticinco, Roberto y María Elena Vechiatti, Egle Guerrero... Y algunos más que quedaron en el camino pero no por eso dejo de recordarlos con cariño”, apuntó.

 

Nada de qué quejarse.

 

Y sigue: “También tengo bien presentes a mis compañeros de promoción, aunque algunos ya no están... Y además están los nietos que son lo más. ¡De qué me puedo quejar!… si al cabo lo único importante en la vida es la salud y la familia”, reflexiona convencido.

 

Aunque corre el riesgo de olvidar a más de uno, o una, quiere mencionar a quienes lo acompañaron en su recorrido por la profesión… “Entre los compañeros recuerdo con mucho cariño a Horacio González, a las hermanas Lamberto, a Dorita Lertora y a Zoraida Parada. Y es verdad, me puedo estar olvidando de algunos, pero ellos eran cercanos… Y además reconozco la tarea de tantos preceptores y porteros, y muchos otros compañeros que me la hicieron fácil para que pudiera trabajar con gusto, y contribuyeron a que mi vocación por la Educación Física se desarrollara ampliamente… De tal manera que dejé un legado en mis hijos y en mis nietos, porque la vocación docente está presente en toda la familia”. Y no podía ser de otra manera, porque Mila (su esposa) ha sido siempre “una gran compañera, y una excelente profesora de Historia y Geografía… Y bueno, como te conté, mis hijas y nietos siguen el mismo camino, así que mirá si tengo motivos para estar orgulloso”, agrega.

 

Muchos viajes.

 

Yiye nos hace entrar con el fotógrafo en su casa y muestra fotos y recuerdos: “Miren esto…”, dice. “Colecciono cuchillos y en cada viaje que hacemos me traigo alguno… me gusta manejar y andar kilómetros para todos lados”, reseña.

 

“Soy un agradecido de la vida por haber contado siempre con muy buenos amigos. Y por la posibilidad de conocer gran parte de Argentina, de los países limítrofes, del Caribe y también hicimos un lindo viaje con Mila por Europa”, reseña.

 

Dedica sus días a vivir… “¿Te parece poco? Con Mila caminamos por las mañanas, cuidamos los perros, miramos un poco de televisión… en mi caso mucho deporte, y a Boquita. Pero también nos gusta concurrir a espectáculos, como cada vez que toca la Banda Sinfónica”.

 

Hizo bien los deberes el Profe.

 

Se sabe de él que es una persona leal y valiente, con valores inquebrantables que le reconocen sus amigos. Desde que se levanta hasta que se acuesta está proyectando para hacer distintas cosas, siempre pensando en hacer y llegar a la meta, y por eso con su energía y buena onda logró todo lo que quiso.

 

¿Qué dicen sus hijas? Coinciden Vero y Gaby que ha sido “un padre excepcional. Como amigo, tiene unos valores que no cambia por nada, y es una persona que nunca intentará hacer daño. Le debemos todo y él se encarga de mantener unida la familia”.

 

Sí Gaucho… Es verdad Profe,los deberes están bien hecho… Muy bien hechos.

 

Salvataje en el Colorado.

 

Los y las profesores de Educación Física no pocas veces están expuestos a situaciones complicadas, y deben estar muy atentos en cada clase, campamento o actividad que desarrollen. Porque la juventud e inexperiencia de los chicos y chicas a veces los llevan a entrar en problemas.

 

Y que lo diga De La Sota. “Una vez llevamos un grupo a conocer el río Colorado –mucho más caudaloso y peligroso que ahora- y los profesores hicimos una suerte de cuadrado para controlarlo: pero igual tres chicos se tiraron al agua y uno de ellos estaba complicado para salir. Nadé para buscarlo y le metí un cachetazo… lo agarré y pude arrastrarlo a la orilla, pero pasamos terrible susto”, cuenta Héctor.

 

Y culmina: “Un día que me encontré con el Peque (Aguerrido), que es guitarrero y cantor, se acordó… ‘estoy aquí por usted, profe’, me dijo. ¡Me acuerdo que aquella vez yo, por los nervios, cuando salí temblaba como una hoja…”, sonríe ahora al recordarlo.

 

La pasión por el ovejerismo.

 

Tiene nada menos que siete ejemplares de hermosos perros en su quinta. “Hace 42 años que me dedico a la crianza. Me gusta desde que trabajaba de profe en la Escuela 143 y veía en la Escuela de Policía cómo adiestraban a los ovejeros alemán”, recuerda De La Sota.

 

Así fue que con un amigo trajo de Buenos Aires un ejemplar, y al tiempo ya estaban a cargo de la Delegación La Pampa del POA (Perro Ovejero Alemán), junto con los doctores Torres, Ecker, Carlitos Marzo, Chino Muñoz y algunos otros.

 

Pasión por los perros.

 

“Tuve cualquier cantidad de perros cuando vivíamos en San Jorge y Pueyrredón, y en la casa de mi viejo que estaba al lado. Tenía que sacarlos a caminar todos los días porque tenía poco patio… y bueno, así aprendí a adiestrarlos, para vigilancia, para trabajar en el campo, como lazarillo. Son muy inteligentes… tuve y vendí muchos, y participamos en diversos concursos en Buenos Aires, Trenque Lauquen, San Luis, Paraná, y hasta a Paraguay fuimos en una combi con toda la familia y un perro”, se río con ganas.

 

“Sigo con mi pasión por el ovejerismo, ahora pertenezco a la RSV 2000 y continuó criando. La actividad me dejó muchos afectos acá y en varias provincias, y compartimos ideales con Sergio Espinosa, Marcelo Giovanni, Gustavo Lobos y Julio Castagno. Lo que no se sabe es que también incursioné en la colombofilia en la Mensajera Pampeana, con el palomar Los Primos junto con mi cuñado Luis Pérez Díaz, su hijo Caio, quién sigue en la actividad y mi hijo Pablo”, cuenta.

 

Y completa: “En cuanto a los perros ahora no sigo en el POA y estoy en RSB 2000, que son cosas de adiestramiento nomás “.

 

El restaurador.

 

Por si le faltara algo le gusta restaurar autos, y particularmente Ford Falcon. Tiene en el patio uno muy lindo, que sorteó entre sus tres nietos: Pusimos tres papelitos y ganó Vicky, así que ahora es suyo… y quiere que se lo ponga a su nombre… pero le corresponde a ella, ¿o no?”, vuelve a reírse.

 

Tranquila Victoria, está bromeando… el abuelo va a hacer el trámite y va a abonar lo que corresponda. Seguro que sí.

 

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