Se viene el agua
Cada día que pasa nuevos "agujeros" se abren en la superficie de la ciudad para supurar líquidos cloacales. La situación se está tornando crítica y las fotos publicadas por este diario son elocuentes. Los dos últimos casos; la "laguna" pestilente que se formó en el barrio Butaló y el "arroyo" gris que comenzó a correr por avenida San Martín justo adelante del despacho del intendente hablan del calamitoso estado de la ciudad.
Pero hay otra amenaza que viene de las entrañas de la tierra y que también está generando graves problemas: el ascenso de la napa de agua subterránea que en el centro de la ciudad está ya muy cerca de la superficie. La elevación ha sido -aproximadamente y con variaciones en distintas áreas- de más de veinte metros en la misma cantidad de años lo que muestra la gran velocidad del fenómeno.
Esa subida del nivel freático ha afectado los caños de la red cloacal, que no estaban preparados para estar sumergidos en agua. Además el empuje hidráulico del líquido hacia arriba ha provocado la rotura de aquellos ductos más antiguos y rígidos construidos con cemento. Los más nuevos resisten mejor esa "invasión" líquida externa porque son de materiales plásticos más flexibles.
Varios factores confluyen para acelerar el ascenso de las aguas subterráneas: las grandes pérdidas de la red de agua potable que según algunos técnicos promedia el 30 por ciento, aunque otras estimaciones aumentan considerablemente ese valor; la desactivación de las perforaciones que extraían agua del centro de la ciudad y contribuían a deprimir la napa; y por último, y con una incidencia mucho menor, las pérdidas del sistema cloacal.
Es cada vez más intensa y preocupante la filtración de agua en los sótanos y playas de estacionamiento subterráneas de los edificios altos. La Ciudad Judicial, por su proximidad al sector más bajo de la cuenca cerrada en donde está asentada Santa Rosa, la laguna Don Tomás, es la estructura que más está sufriendo este proceso.
Los especialistas que entienden en la materia coinciden en que se trata de una cuestión de enorme complejidad, que requiere un minucioso estudio para comprender mejor el fenómeno, proyectar las soluciones y construir las obras necesarias; que no serán menores ni económicas.
Esta difícil tarea, nada menos, le aguarda al intendente que está por asumir. Con un panorama agravado por la inacción de las actuales autoridades municipales que han desoído las advertencias y recomendaciones formuladas en sus propios despachos por más de un especialista. Tal displicencia para abordar un problema de semejante envergadura puede pagarse caro porque el tiempo es un factor estratégico. Demorar estudios, proyectos y obras es la peor decisión. Es la táctica del avestruz de meter la cabeza bajo tierra para no ver el peligro que se cierne sobre toda la ciudad.
Los técnicos temen que un nuevo ciclo lluvioso, como el que precisamente se ha pronosticado para el corto y mediano plazo a causa del recurrente fenómeno climático global conocido como "El niño", no hará más que agravar el panorama. El aumento del aporte pluvial se notará inmediatamente en el pelo de agua de la laguna Don Tomás, receptáculo natural hacia donde circulan las aguas superficiales y, más lentamente, las subterráneas. Al subir el nivel se frena el drenaje de estas últimas y se facilita su ascenso a la superficie.
Si no se quiere vivir en una ciudad "encharcada" y convertida poco menos que en un área pantanosa, en donde afloren las aguas subterráneas mezcladas con líquidos cloacales, hay que asumir, sin más demora, la construcción de una serie de obras hidráulicas complejas y caras. La comuna, ya se sabe, no podrá llevarlas a cabo con sus propios recursos económicos. Será la Provincia la que deba acudir en auxilio de la capital pampeana, de la misma forma que ya lo hizo muchas veces con otras localidades de la provincia cuando debieron afrontar problemas severos y necesitaron recursos superiores a sus posibilidades.
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