El teatro y los libros, curan

Redaccion 27/10/2021 - 21.39.hs

Octubre, mes de tormentas y huracanes, trajo también otros vientos, menos temibles y más reparadores: vientos culturales para bien de los que vivimos en esta provincia. El alivio de la pandemia -no su derrota, estamos lejos todavía de alcanzar ese objetivo- dio rienda suelta al afán de encuentros postergados. Y qué mejor excusa que el teatro y el libro para cementar esa necesidad de trascender la soledad y buscar al prójimo.
La Fiesta Nacional del Teatro y la Fiesta Provincial del Libro, que coinciden por estos días, son llamados al encuentro que operan en el cuerpo social como bálsamos. Pareciera que en La Pampa se estuviera haciendo realidad aquella canción de León Giecco: «La cultura es la sonrisa que brilla en todos lados / en un libro, en un niño, en un cine o en un teatro».
Que sean estas dos expresiones del espíritu las que convocan hoy a movilizarnos debiera ser motivo de profunda satisfacción. No porque otras actividades culturales o sociales carezcan de entidad o de suficiente peso específico, sino porque el teatro y la literatura hablan de nosotros como nadie. La condición humana no ha sido descifrada con mejores herramientas desde la noche de los tiempos. Que se agoten las localidades en las salas habilitadas para las funciones, que no son pocas, habla de esa necesidad imperiosa de comunicar y comunicarnos, de conocer y de conocernos.
El aislamiento obligado que impuso la estrategia de cuidado sanitario para afrontar una epidemia implacable que se extendió por todo el planeta dejó huellas en el cuerpo individual y social. Pero por suerte tenemos a la medicina del arte entre las estrategias terapéuticas más eficaces. Hoy lo vemos en nuestra provincia con tanta necesidad de movernos y encontrarnos. Y qué mejor que sea bajo el influjo sanador del teatro y de los libros.
Habla bien de nosotros, como comunidad, que sean estos puentes los que estamos tendiendo. Y que conste que no son tiempos fáciles para estas apuestas colectivas con tantos actores fatigando los escenarios del desencuentro y del odio.
La confluencia de grupos de teatro de todo el país, el entrevero de figuras destacadísimas y consagradas con otras que son casi anónimas pero igual despliegan su potencia creadora en los rincones más apartados de nuestro extenso territorio, le otorga a esta Fiesta Nacional un carácter único. Que seamos los anfitriones de tamaña aventura no es un dato menor.
Con los libros sucede algo parecido. La convocatoria a autores, editores, divulgadores del libro reivindica una actividad que algunos creyeron moribunda y otros, desde las políticas pro-mercado de depredación cultural, torpedean siempre que pueden.
También por estos días se vienen desarrollando otras actividades culturales dignas de destacar: una muestra plástica colectiva en el Museo de Artes, otra de cerámica indígena en el Medasur, recitales con fuerte impronta de género, presentaciones y reediciones de libros… Como se dijo, octubre este año no solo aportó vientos de tormenta sino también estos otros de movilización cultural. Es de desear que los pampeanos no desaprovechen sus propiedades curativas para reconfortar sus esperanzas en estos tiempos difíciles y de tanta incertidumbre.

 

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