Armas nucleares

Redacción 11/01/2022 - 00.30.hs

La decisión del gobierno nacional de instalar a las Islas Malvinas en la agenda política de este año, al cumplirse cuarenta de su fracasado intento de recuperación, ha vuelto a poner sobre el tapete aspectos que se tenían olvidados junto con otros que obligan a un nuevo enfoque sobre aquella guerra.

 

Es que más allá de las incapacidades estratégicas y geopolíticas en que se desenvolvieron los hechos -una cosa fueron los héroes de Malvinas y otra muy distinta la dictadura que provocó y condujo esa contienda- noticias recientes han venido a confirmar viejas sospechas: la principal: el Reino Unido recurrió a las armas atómicas durante la Guerra de Malvinas. La revelación la dio a conocer la prensa de aquel país a través de una serie de documentos desclasificados que tuvieron resonancia a pesar del tiempo transcurrido. Por una de esas ironías de la historia la revelación de tamaño acto bélico tuvo una coincidencia inquietante: fue realizada el lunes 3 de enero, fecha en que se cumplieron 189 años de la invasión del archipiélago argentino por parte de los británicos en colaboración con los norteamericanos.

 

Barcos con una treintena de armas nucleares a bordo navegaron aquellas aguas en 1982 mientras se combatía en las islas. Semejante revelación pone de manifiesto la incapacidad estratégica del "majestuoso general" y sus seguidores que se habían apropiado de los destinos del país, ya que ni siquiera habían evaluado que estaban atacando un enclave del principal aliado político, económico y militar de EEUU.

 

Es muy posible que en su ineptitud los militares argentinos se hayan fiado en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que los países americanos habían firmado a instancias de EEUU para aliarse ante un eventual ataque desde otro continente. Lo hubo, claro está, y con aval norteamericano, gestor de aquel convenio.

 

Lo de la imprevisión del eventual envío de armas atómicas, similares a las que se había impedido desarrollar a la Argentina décadas atrás, todo indica que fue otra de las enormes falencias de los mandos militares argentinos.

 

Para desatar una tragedia de imprevisibles consecuencias no hubiera sido necesaria que los ingleses las emplearan, hubiera bastado que uno de los barcos que las portaban y navegaban en la llamada Zona de Exclusión, fuera hundido por la aviación argentina, como ocurrió con el crucero Essex.

 

Es posible que hoy los ingleses se sientan sorprendidos por la protesta argentina, ya que los gobiernos menemistas y macristas, posteriores a la guerra, adoptaron en los hechos políticas de clara sumisión a la potencia ocupante, aceptando ceder derechos en cuanto a condiciones de pesca y exploración petrolera en el área malvinense.

 

Frente a la revelación de la presencia nuclear, y si bien el procedimiento es pertinente para el ámbito diplomático, aparece como un tanto inocente la actitud del gobierno argentino al considerar que el hallazgo de esa documentación "requerirá un pedido de explicaciones" a la Cancillería británica. El Reino Unido pertenece a la OTAN, la alianza atlántica militar, junto a EEUU y el resto de Europa. Ese organismo bélico nunca se privó de extender sus ataques por fuera de sus propios "límites". La ambición colonial de ese eje geoestratégico es bien conocida, y los argentinos lo supimos en carne propia durante la ominosa guerra de Malvinas.

 

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