Domingo 31 de agosto 2025

El peligroso juego de la desconfianza

Redacción 31/08/2025 - 09.55.hs

Un viejo juego de naipes consiste en descreer de lo que declaran los ocasionales rivales. Al grito de “desconfío”, que así se denomina el entretenimiento, se va desafiando lo que dice -ya sea la verdad o mintiendo- quien lanza la carta sobre la mesa. Si acierta le endosa el pozo a su rival y si erra en su percepción se debe quedar con el descarte del adversario y el resto del mazo. Gana quien se deshace de todos sus naipes y pierde quien se equivocó más con sus intuiciones, que termina quedándose con todo el mazo y perdiendo la partida.

 

Algo de eso nos está pasando con la realidad de estos días. Un caso puntual es el de la inflación presuntamente controlada y mostrada como –a esta altura de la gestión libertaria- casi como único logro del gobierno nacional.

 

Como prueba de esa desconfianza, vale como ejemplo citar una encuesta difundida durante esta semana, en medio de denuncias cruzadas de propios y extraños acerca de escandalosos casos de corrupción y de abultadas derrotas parlamentarias. Ese relevamiento sostiene que siete de cada diez argentinos desconfía de la inflación que informa el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

 

El sondeo realizado por la consultora Zentrix revela que más del 67% de la población cree que los datos oficiales no reflejan la suba en la variación real de su costo de vida. Frente a esa desconfianza general de los encuestados, no llegan al 30% los que dicen que confían en las mediciones del organismo estadístico.

 

Marcada polarización.

 

Esta marcada polarización en la percepción de un dato técnico como la inflación se da en un palpable contexto de malestar general. El mismo sondeo revela que el 64% de los argentinos considera que la situación económica del país es negativa, y más del 40% califica su situación personal como mala o muy mala, lo que alimenta el escepticismo sobre las cifras oficiales.

 

La negativa encuesta obligó al titular del Indec, Marco Lavagna, a salir a anunciar -una vez más- que el organismo tiene lista una nueva metodología para medir el índice de inflación a partir de la inclusión de otros rubros, pero reveló que aún no se puso en marcha ni se publicaron sus resultados “debido a la agenda electoral” de este año.

 

Lavagna dijo que las modificaciones se hicieron sobre la base de datos del consumo de 2018 y que vienen a reemplazar a la canasta actual, que se define con ponderaciones establecidas en 2004, más una actualización agregada en 2016. Pero tiró abajo las expectativas de grandes cambios, al remarcar que entre la medición antigua y la nueva hay variaciones de apenas decimales.

 

Son declaraciones que siguen alimentando la desconfianza, con índices que favorecen a quienes más tienen mientras planchan los reclamos de actualizaciones salariales con la excusa del escaso aumento registrado.

 

Ejemplos de sobra.

 

Estos números contrastan claramente con la realidad del costo de vida. Ejemplos puntuales sobran, pero parece que los organismos no los quieren detectar. Si uno toma avisos publicados en los medios de comunicación con ofertas de los supermercados podrá comprobar a lo largo del tiempo que los números dan bien distinto a los del Indec y son notoriamente más altos. Lo mismo pasa si se toman valores de combustibles, medicamentos, alquileres, cuotas de expensas o gimnasios, viandas, pollos con papas fritas, bidones de agua mineral o hasta de la venta callejera de leña. Todos reflejan rápidamente los movimientos del mercado, en algunas ocasiones con bruscas subidas que llegan a superar el 10 por ciento.

 

Por si faltaran más pruebas, un estudio en conjunto de la Universidad Nacional de La Pampa con una consultora, con actualización de índices sobre tasas de pobreza, también dio una diferencia cercana al 10 por ciento.

 

Y es esa misma desconfianza la que se traslada al mercado de capitales, donde esta semana, aún con tasas reales de más del 75%, el dólar sigue aumentando de precio y hasta amenazó con tocar el techo de la banda de “flotación libre”.

 

Otra receta.

 

En medio de este panorama, el gobernador pampeano dio una “receta” distinta para enfrentar la situación, incluyendo aumento de salarios a los empleados estatales casi al doble de la inflación proyectada hasta octubre. Ziliotto habló de “soberanía gobernando, orden y equilibrio administrando y eficiencia e inclusión gestionando”.

 

“En La Pampa se consigue”, añadió en redes sociales para contrastar la realidad provincial con una actualidad nacional de recesión, con sueldos y jubilaciones por debajo de los magros índices inflacionarios. Lo dijo tras la firma de un acuerdo paritario que marca que en La Pampa los salarios y jubilaciones estatales se incrementarán por encima de la inflación y se mantendrán por encima de la línea de pobreza. “Desde enero hasta octubre sumarán un aumento del 40%, poco menos del doble del índice de inflación proyectado”, explicó.

 

Queda claro que aún soporte un recorte feroz desde Nación se puede aplicar un modelo distinto. Y resulta obvio que el presidente Javier Milei no puede decir lo mismo que Ziliotto, sea porque no puede o porque no quiere.

 

Ese plano económico va acompañado por el de la política. En el oficialismo nacional todos se miran con recelo y no saben de dónde vendrá la próxima filtración que afecte a sectores internos en pugna. Para colmo, ni siquiera pueden salir de caravana, porque ya no saben de dónde les arrojarán alguna verdura por la cabeza o si tendrán la suerte de cruzarse con algún valiente que se anime a evacuarlos en motocicleta antes de que se generalicen los repudios a gobernantes que se cansaron de insultar al pueblo.

 

Con dos elecciones a la vuelta de la esquina, está en disputa algo más importante que un inocente juego de mesa. Y solo queda una incógnita por despejar. ¿Qué porcentaje del electorado le cantará “desconfío” al gobierno libertario?

 

DANIEL ESPOSITO

 

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