Martes 09 de agosto 2022

Escasa empatía con los postergados

Redacción 01/07/2022 - 11.00.hs

El paro lanzado por la Mesa de Enlace en reclamo por el abastecimiento de gasoil es evidente que no obedece a las necesidades apremiantes de un sector acosado por las contingencias económicas. En un país signado por altísimos niveles de pobreza e indigencia y con salarios que no terminan de levantar cabeza, la medida de fuerza de las representaciones del campo más concentrado se parece demasiado a una ofensiva contra el gobierno en busca de rédito para el arco opositor empresarial-político-mediático.

 

El déficit en el abastecimiento de gasoil no afecta únicamente a nuestro país; es un problema de alcance mundial, otra secuela de la guerra en Ucrania y ha motivado, entre otras expresiones, quejas de la Unión Europea a los países productores de petróleo por no incrementar los volúmenes de abastecimiento.

 

En lo que concierne a nuestro país hay otro factor: un gran incremento en la demanda especialmente en el sector agropecuario que llegó a niveles récords, a tal punto que en los primeros cuatro meses del año el consumo de gasoil en el campo aumentó un 45,8 por ciento con relación al mismo período de 2019. Las ventas en estaciones de servicio aumentaron un 23 por ciento en mayo en relación al año anterior, en tanto la producción ese mes fue una de las más altas de la última década. A su vez, en lo que va del año se duplicaron las importaciones con respecto al año mismo período de 2021 y, paralelamente, fue aprobado un aumento en el corte del biodiésel del 5 al 7,5 por ciento para las plantas pequeñas y medianas. No se puede decir que el gobierno no ha adoptado medidas o que permanece sin actuar frente al problema tal como vociferan algunos desde el sector agropecuario.

 

Pero podría decirse algo más. No han faltado aportes económicos importantes del Estado tendientes a apuntalar la producción agropecuaria, como el recientemente lanzado Plan Ganadero a nivel nacional o el fondo que destinó la provincia de La Pampa para apoyar a los productores afectados por adversidades climáticas. En los últimos días también se escucharon pedidos para que se incrementen esas ayudas.

 

Este panorama general parece ser ignorado por la dirigencia ruralista que decidió lanzarse a un paro nacional. Hoy no hay en el país un sector más beneficiado económicamente que el agropecuario producto de los ingresos extraordinarios que le llegan a partir del aumento explosivo en los precios internacionales de los granos y la carne. Ese fenómeno que genera tanta bonanza al complejo agroexportador provoca a su vez grandes penurias en las clases medias y bajas que ven en la suba en los precios de los alimentos una sangría creciente para sus magros ingresos; y a estas enormes deudas sociales hay que sumarle el 40 por ciento de pobreza. De ahí que el documento emitido por la Mesa de Enlace que pide, entre otras cosas, reducir las "intervenciones dañinas" del Estado y bajar el gasto público habla a las claras de su escasa empatía por el drama que padece la mayoría de los trabajadores formales e informales, monotributistas y jubilados.

 

Queda claro que el paro no está motivado por un reclamo ante dificultades económicas como sí cabría esperar de los sectores mayoritarios postergados.

 

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