Jardín de gente
En un video disponible en Youtube puede verse una entrevista que hace cincuenta años le hacían, por televisión (en riguroso blanco y negro) Bernardo Neustadt y Mirtha Legrand a Astor Piazzolla, quien se derrama en elogios hacia los jóvenes músicos del rock progresivo argentino, Luis Alberto Spinetta, Charly García, Crucis, Alas. En determinado momento les anuncia a sus entrevistadores: en este momento (1976) está naciendo una nueva música argentina, fruto de la confluencia del tango y el rock. "A estos chicos, que yo adoro, hay que cuidarlos".
Catálisis.
En todo este proceso que Piazzolla avizoraba certeramente, hubo un elemento catalizador, un músico que recorrió todo el espectro de formaciones del así llamado "tango rock", y que terminaría exiliado en Paris, poco menos que olvidado en Argentina. Se llama Tomás Gubitsch, por ese entonces tenía 18 años, y su virtuosismo con la guitarra eléctrica era apabullante. Hijo de una familia de intelectuales judíos, fue el responsable de presentar a Spinetta y Jorge Luis Borges -encuentro que luego permearía en la poesía spinettiana- pero, por sobre todas las cosas, fue el hilo conductor de todo ese movimiento musical trunco.
Sus primeras grabaciones profesionales las hizo con Rodolfo Mederos y su grupo "Generación Cero", en el disco "De todas maneras", que acaso sea el primer hito discográfico de este nuevo movimiento. De ese grupo saltó al Invisible de Spinetta -que completaban Pomo en la batería y Machi en el bajo- con los que grabó "El jardín de los presentes", una obra clave en la discografía de Spinetta. Si en el disco de Mederos se colaba la guitarra eléctrica en el tango, en este de Invisible eran los bandoneones (de Juan José Mosalini) los que se infiltraban en el rock.
El próximo paso, casi inevitable, era saltar al Octeto Electrónico que estaba formando Piazzolla, donde su hijo Daniel tocaba los sintetizadores, y donde Astor pudo experimentar con una sonoridad mas cercana al jazz rock, cuyos referentes internacionales del momento (Mahavishnu Orchestra, Return to forever) escuchaba y estudiaba con pasión. Lamentablemente de esta formación no surgió un disco de estudio con música original, aunque sí un vibrante disco en vivo, fruto de las exitosas presentaciones en el Olympia de París.
Alas.
Aún cuando Gubitsch no haya participado allí, hay otros dos hitos discográficos de nota en el mismo año. El primero, y acaso el más acabado exponente del género, es "Buenos Aires sólo es piedra" del trío Alas. Liderado por el trompetista y tecladista Gustavo Moretto -conocido por su paso previo en la exitosa formación "Alma y vida"- su fusión del tango con el rock progresivo produjo aquí comparaciones con otras formaciones similares, como la de Emerson, Lake and Palmer.
Lo que aquellas comparaciones -no exentas de malicia- omitían considerar, es que la música de Keith Emerson tenía una enorme influencia del compositor argentino Alberto Ginastera -de quien versionó su "Tocatta"- por lo que, en definitiva, lo que Alas hacía era recuperar a Ginastera para la Argentina. En el siguiente disco de esta formación. "Pinta tu aldea", haría su debut discográfico un jovencísimo Pedro Aznar. Y en otro cruce feliz, Gustavo Moretto aportaría sus teclados en "El jardín de los presentes".
El otro hito a considerar es el disco debut de "La máquina de hacer pájaros", la formación de rock sinfónico creada por Charly García tras la separación de Sui Generis, que tendría corta vida, pero produciría joyas de fusión rioplatense como el intrincado "Hipercandombe".
Y, claro, nunca hay que descartar la cercanía de Litto Nebbia con el tango: de por esta época es su disco "Melopea", que contiene "Los lunes de la humanidad", un claro guiño a la música ciudadana, con fuerte presencia de los fuelles.
Libertad.
En realidad, el rock argentino olía a tango desde sus comienzos. El primer disco de Almendra (1969) contiene una verdadera joya, "Laura va", una de las grandes canciones argentinas de cualquier género, a la que siempre se compara con clásicos de The Beatles como "Eleanor Rigby" o "She's leaving home", pero que en realidad es un tangazo. No por nada los arreglos los escribió Rodolfo Alchourrón, y en determinado momento incluyen un pasaje de bandoneón, interpretado por no otro que Rodolfo Mederos.
Pero nunca como en 1976 las hostilidades y recelos mutuos entre tangueros y rockeros parecían estar cediendo terreno a la colaboración creativa. En "Los libros de la buena memoria", Invisible producía un blues acústico que, empapado en la sonoridad del bandoneón, gritaba su origen porteño. En "El anillo del Capitán Beto", en tanto, otra poesía bien urbana pintaba el viaje alucinado de un colectivero de Haedo, suspendido en el espacio exterior y en su melancolía arrabalera, Edipo incluido.
Cuesta creer que mientras en las calles argentinas la dictadura en curso ejecutaba su siniestro plan genocida, se daba al mismo tiempo este fenómeno de explosión creativa. A veces la adversidad funciona como incentivo. Pero está claro que las condiciones de represión imperantes, que produjeron el exilio de varios músicos populares, terminaron por sabotear este interesante desarrollo.
"El jardín de los presentes" termina con la canción "Las golondrinas de Plaza de Mayo", una melodía modal de sugestiva letra, que concluye con una verdadera "pared de sonido" a cargo de los bandoneones. Si, como decía Allen Ginsberg, la poesía es siempre profecía, aquí Spinetta prefiguraba la esperanza que significarían, meses después, las marchas de los jueves y los pañuelos blancos. "Si las observás, comprenderás que sólo vuelan en libertad".
PETRONIO
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