La desigualdad sigue lastimando

Redacción 08/12/2021 - 00.38.hs

La desigualdad socioeconómica es uno de los problemas que más debería preocupar a los gobiernos. En verdad, el tema suele estar presente en los discursos oficiales pero, a la hora de la verdad, poco y nada se avanza en un mundo dominado por la ideología neoliberal. Hasta la pandemia de Covid-19 conspiró contra las ideas de equidad e inclusión al provocar, entre una de sus secuelas más ominosas, un aumento en la brecha económica que separa a los multimillonarios de los humildes.

 

Sin ir más lejos, las recientes elecciones legislativas argentinas revelaron la decepción de buena parte de la sociedad que había votado al Frente de Todos en 2019 y le volvió a dar el triunfo a la derecha -con un muy elevado ausentismo en las urnas- en buena medida por la demora en recibir alguna mejora en los ingresos familiares. Y ello cuando los indicadores de la macroeconomía no paran de mostrar cifras positivas y se aguarda un aumento del Producto Bruto Interno del orden del diez por ciento.

 

En septiembre de 2015 las Naciones Unidas aprobaron la denominada "Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible", un programa de 17 puntos para avanzar en erradicar la pobreza, proteger el ambiente y reducir las desigualdades entre personas y países, entre otros puntos. Argentina adhirió a ese pronunciamiento pero, con la llegada de Cambiemos al gobierno, hubo un marcado retroceso en esos indicadores. Cuando asumió el Frente de Todos llegó la pandemia al país y devastó la economía, como ocurrió en el resto del planeta.

 

Mediante la aplicación de un plan de vacunación intensivo nuestro país logró superar los momentos más difíciles de la epidemia y con ello la economía empezó a recuperar sus niveles de actividad, en no pocos rubros superando incluso el período previo a la peste. Sin embargo esa bonanza no derrama hacia abajo, o lo hace en forma muy lenta, y los sectores populares no logran mejorar sus castigadas economías familiares. El crecimiento del consumo muestra esa realidad con cifras modestas e irregulares y bajo la influencia decisiva de una inflación desbocada. El ejemplo de un producto muy apreciado por los argentinos como la carne es revelador: estamos en los niveles de consumo más bajos del último siglo.

 

Cada vez son más los economistas que advierten que el problema de la desigualdad requiere un urgente cambio de enfoque, y recomiendan abordarlo desde una perspectiva que empiece a preocuparse más por la riqueza que por la pobreza. Si no se redistribuye con criterios más equitativos la riqueza acumulada a niveles obscenos en las minorías opulentas será imposible combatir la pobreza. Ambos extremos vienen creciendo en forma exponencial y uno es el causante del otro. Y es en este punto en donde el gobierno nacional flaquea. El impuesto a las grandes fortunas fue largamente demorado y presentado casi con pedido de disculpas, a pesar de la imperiosa necesidad de su ejecución. Y ahora las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional por el descomunal crédito que tomó -y malgastó- el macrismo añaden mayor incertidumbre.

 

La desigualdad lastima mucho más que la pobreza. Porque conlleva una carga de injusticia que nos interpela a fondo como sociedad y como personas.

 

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