Medicina, humanismo y memoria
La desaparición del Estado de Bienestar en Argentina -como garante del ascenso social y salvaguarda de la dignidad humana- en manos del liberalismo destructor trajo aparejadas dolorosas secuelas de su impacto en áreas sensibles de la gobernanza, particularmente en sectores vulnerables de nuestra sociedad (niños, abuelos, discapacitados).
El actual sistema público de salud abandonado tras un ajuste descomunal se caracteriza por la desinversión, precarización laboral, “reestructuración” de programas como “Remediar” (vigente desde 2002 para pacientes oncológicos) y desregulación en la venta de medicamentos.
Sin embargo, ese triste escenario de pérdida del derecho a la salud al cual estamos sometidos no borra la existencia pasada y presente de aciertos, reconocimientos y referencias científico-profesionales, contrarias al desinterés actual y perverso de algunos representantes políticos del mercado respecto a la sanidad pública.
Fue justamente la educación pública la que produjo -por ejemplo- dos premios Nobel en Medicina para Argentina. Bernardo Houssay (1947) y César Milstein en 1984, a quienes se sumó Luis Leloir en Química (1970). Hechos relevantes que han dan cuenta de la excelencia académica, investigación y dedicación de nuestros científicos, tantas veces destratados/as por gobiernos retrógrados e irresponsables.
Ilustres profesionales.
En ese plantel de ilustres profesionales, no debe faltar el primer ministro de salud del país, Ramón Carrillo (1946-1954), quien organizó la medicina sanitaria y preventiva, convirtiéndose en un referente a nivel mundial por dicha tarea. El doctor Carrillo implementó campañas masivas de vacunación sobre la población, exigió la obligatoriedad de los certificados de vacunación en el sistema educativo primario, creó la primera empresa de medicamentos nacionales para abaratar sus costos, habilitó el Tren Sanitario junto a la Fundación Eva Perón y coordinó la creación de la Escuela Nacional de Enfermería, además de inaugurar hospitales y centros sanitarios en todo el territorio (más de 200), de excelente infraestructura y formación humana en el trato con los pacientes.
Carrillo era, además de médico sanitarista, neurocirujano, neurobiólogo, escritor y político. Sintetizó su labor con la frase: “Los problemas de la medicina como rama del Estado no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social”.
En ocho años de gestión, Carrillo implementó el sistema de salud más avanzado del continente americano. Introdujo el concepto de Región Sanitaria, coordinando los establecimientos por área geográfica, según complejidad y población a cargo. La muerte de Evita en 1952 dificultó su vínculo con Perón, renunciando a su cargo en 1954 e instalándose definitivamente en Brasil tras el golpe de Estado del 55, dónde moriría tras una larga enfermedad en 1956, a los 50 años. Sus restos fueron repatriados en 1972. Hoy diversos centros de salud y un billete llevan su nombre, en homenaje y reconocimiento a su intachable y necesaria tarea pública.
Otro imprescindible.
Otro imprescindible fue el doctor René Favaloro (1923-2000), también egresado del sistema educativo público. Médico rural, inventor del “bypass coronario”, educador y cardiocirujano, nacido en la ciudad de La Plata (Buenos Aires). Una vez recibido en 1950, por cuestiones del destino, se trasladó a Jacinto Arauz (La Pampa) donde permaneció durante doce años, fundando allí una Clínica junto a su hermano Juan José, equipada de quirófano, rayos “X” y banco de sangre. Su carácter afable, humilde y profesional en el trabajo se tradujeron en reducción de la mortalidad infantil, baja de la desnutrición e infecciones post-parto en aquella zona rural argentina. Cuando no había plata, la gente le pagaba con productos de la granja o las carneadas, todo un símbolo de ruralidad y agradecimiento. Nunca faltaron pollos, chorizos y verduras, comentó alguna vez Favaloro.
Su posterior traslado a la Cleveland Clinic de Estados Unidos (1962) marcó el inicio de su formación y perfeccionamiento como cardiocirujano, inventando la técnica del “bypass” y adquiriendo prestigio internacional. Instalado definitivamente en Argentina hacia 1970, ideó y concretó su Fundación y posterior Universidad, con el objetivo de replicar la experiencia norteamericana, volcándola en la calidad de la atención médica, investigación y enseñanza en su país.
Deuda y depresión.
La crisis político-económica del 2000, sumada a una enorme deuda que las obras sociales mantenían con la Fundación, le generaron una profunda depresión que lo llevaría a quitarse la vida, con un disparo al corazón. La sordera de las “autoridades competentes” (como él expresó) habían transformado su trayectoria profesional en la de un “mendigo” suplicante, ignorado por un gobierno incompetente y agonizante (Fernando de la Rúa).
Los médicos Carrillo y Favaloro compartieron nacionalidad, educación, ética profesional y sensibilidad social ante el sufrimiento del prójimo. Fueron igualmente atravesados por la obtusa dirigencia política que los ignoró, al final de sus vidas. Pese a ello, la sabiduría popular vigilante contra quienes atacan sus “faros” de referencia moral hoy los reivindica en su memoria con respeto, cariño y agradecimiento.
Misma memoria que debemos educar y activar en tiempos de oscuridad, cada vez que necesitemos nutrirnos de ejemplos luminosos y esperanzadores, en resguardo de esa integridad colectiva que algunos pretenden hacer desaparecer por motivos inconfesables.
Silvio J. Arias (Profesor de Ciencia Política y afiliado al PJ La Pampa).
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