Martes 06 de diciembre 2022

Mucho más que una cara bonita

Redacción 06/10/2022 - 08.12.hs

Con todas las desgracias que la agobiaron, Marilyn se las ingenió para dejar al mundo una imagen no sólo de belleza y juventud, sino también de intensidad, de disfrute y de independencia.

 

JOSÉ ALBARRACÍN

 

No debería extrañar que un comentario político como el de hoy se base en una producción cinematográfica. Mucho menos, cuando la película en cuestión proviene de Estados Unidos, ese "imperio que no se atreve a decir su nombre". Desde sus albores, que coinciden con la época de las dos guerras mundiales que cimentaron su prevalencia internacional, la nación del Norte ha empleado la industria de Hollywood como un dispositivo para obtener la hegemonía cultural -no sin desdeñar las ganancias- en lo que ellos llaman el "soft power" ("poder blando"). Y es que el cine es el gran productor de relatos, y los seres humanos somos -literalmente- lo que nos han contado, lo que nos hemos creído de esos cuentos.

 

Rubia.

 

Esta introducción viene a cuento de un filme -estrenado la semana pasada en uno de los servicios principales de transmisión por internet- que seguramente será uno de los protagonistas en la próxima entrega de premios Oscar. La película se llama "Blonde" ("Rubia") y se propone como una biografía de Marilyn Monroe, acaso la estrella más icónica de Hollywood, tristemente malograda a una temprana edad en 1962.

 

Su estreno mundial fue en el prestigioso festival francés de Cannes, donde recibió una ovación de pie durante 14 minutos. Y es que se trata de una obra con grandes virtudes: una cinematografía exquisita, que alterna imágenes en blanco y negro y en tecnicolor. Una música estupenda a manos de Nick Cave y Warren Elis. Y unas actuaciones de nota, empezando por la actriz cubana Ana de Armas, que compone una Marilyn más que convincente. Pero que incluyen también al gran Adrien Brody -ganador del Oscar 2002 por "El pianista"- en el papel de Arthur Miller, y el sorprendente Bobby Cannavale -conocido por la serie "Vinyl", un actor que exuda una masculinidad avasallante- en el rol de Joe DiMaggio.

 

Vale decir, que si se encara esta obra como entretenimiento -y se dispone de casi tres horas para verla- la experiencia valdrá la pena. Con la prevención, desde luego, de que está basada en una novela, y que como tal, se toma algunas libertades con la verdad histórica.

 

Pero...

 

"Teniendo en cuenta todos los horrores y humillaciones que Marilyn Monroe debió soportar durante sus 36 años de vida (tragedias familiares, ausencia paterna, abuso materno, períodos en orfanatos y hogares sustitutos, períodos de pobreza, roles en filmes de mala calidad, insultos a su inteligencia, luchas con la enfermedad mental, problemas con el abuso de sustancias, abusos sexuales, la esclavitud de su fama) es un alivio que ella no haya tenido que sufrir las vulgaridades de "Blonde", el último producto de entretenimiento necrofílico dedicado a explotarla".

 

Así inicia su crítica Mahnola Dargis, del New York Times, probablemente la crítica de cine más culta y fina del presente. Quien, no por casualidad, resulta ser mujer, y con toda razón reacciona ante la evidente cosificación que el escritor/director Andrew Dominik hace de la protagonista, a la que reduce a poco más que un cuerpo.

 

De hecho -señala Dargis- lo primero que se ve de Marilyn en la película es su trasero, que luego se menciona y retrata generosamente en varias escenas, principalmente aquella famosa secuencia de "La comezón del séptimo año" en la que el viento que sube del subterráneo hace bailar su pollera (en la secuencia original, apenas se ven sus piernas; aquí la cámara se escabulle, con morosidad, mucho más arriba).

 

Interior.

 

El abuso se consuma del todo cuando el director considera necesario que la cámara se introduzca también en la vagina de la protagonista, no una, sino dos veces, en ocasión de los abortos a los que se sometió. ¿Se imagina el lector un tratamiento semejante para un protagonista masculino, por ejemplo, la recreación de una colonoscopía? Seguramente no. Y eso no es casual: esas "libertades" se las toman con las mujeres.

 

En la visión de Dominik, Marilyn fue siempre una víctima y toda la cadena de abusos que sufrió en su vida -tal como se presentan aquí- hacen que el espectador se pregunte cómo fue que consiguió sobreponerse y llegar a las cimas del éxito que gozó Marilyn. Por supuesto, esta visión parcial no se hace cargo de la personalidad, el talento, la tenacidad, la curiosidad intelectual de Monroe (apenas si se mencionan como al pasar sus agudas lecturas de Chéjov).

 

Pero lo que resulta más revulsivo en el filme, y ha motivado una gran cantidad de artículos críticos, es la introducción como personaje del feto de Marilyn. Así como suena: en varias secuencias del filme la protagonista dialoga con el embrión que lleva adentro, que por supuesto también la somete a reproches. La imagen empleada -por cierto, incompatible con el avance de los embarazos en cuestión- recuerda bastante a los documentales "científicos" que suelen exhibir los grupos anti-aborto o los colegios católicos.

 

Este recurso fílmico, sin justificación dramática alguna -ni siquiera en la novela que supuestamente da base al guión- no puede ser considerado inocente, cuando hace pocos meses la Corte Suprema estadounidense, o mejor dicho, su mayoría conservadora, se encargó de hacer añicos el derecho al aborto del que gozaban las mujeres norteamericanas desde hacía medio siglo.

 

Con todas las desgracias que la agobiaron, Marilyn se las ingenió para dejar al mundo una imagen no sólo de belleza y juventud, sino también, de intensidad, de disfrute, y de independencia. Que se use su figura icónica en un panfleto anti-derechos y anti-feminista, no es un mero error. Es una canallada.

 

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