Viernes 02 de junio 2023

Tragedia naturalizada

Redacción 22/03/2023 - 07.58.hs

De las múltiples tragedias que vive el mundo en estos días hay una que, a pesar de su espantoso carácter, debido a su frecuencia parece irse naturalizando en la percepción informativa. Se trata de los grupos de desesperados que huyen de la miseria y maltrato en Libia y Siria especialmente, hacia los países costeros del mar Mediterráneo en busca de una vida mejor.

 

El problema es que a menudo sólo encuentran la muerte porque es frecuente que el cruce del mar que los separa de la esperanza en precarias embarcaciones que, por exceso de pasajeros, mar embravecido o ambas cosas, naufragan con su carga humana de niños, mujeres y hombres. Se estima que en el último lustro por esas causas han muerto más de cinco mil personas. Por caso, la última de estas tragedias, acaecida en el sur de Italia, se registró cuando estaban prácticamente a la vista de las costas de ese país. En una embarcación precaria viajan más de 200 personas, de las que desapareció la mitad. La peor de todas acaeció en 2013, cuando una embarcación libia se hundió en el extremo sur italiano. Murieron 336 personas.

 

Para las naciones a las que arriban estos expatriados a la tragedia en sí misma, se agregan las consecuencias que a menudo implican el rescate y la ubicación de esa gente. Escasos de valores y enseres, sin conocer el idioma del país al que llegaron, se ven confinados en campamentos que, para algunos observadores, tienen algo de campos de concentración dado lo elemental de los servicios que se les brinda.

 

A la circunstancia anterior –piénsese en el arracimamiento y la necesidad de comida de centenares de personas de todo sexo y edad— se suma el abaratamiento de la mano de obra que crea su presencia en busca de cualquier trabajo que les permita sobrevivir con un mínimo de dignidad. También ese horizonte empieza a oscurecerse para los inmigrantes con la creciente mecanización agrícola, que reduce en mucho el trabajo individual y humano.

 

Los gobiernos meridionales han tomado cartas en el asunto, pero no siempre coincidentes con una visión humanitaria, como es el caso de Italia, donde el gobierno derechista decidió poner límites taxativos a esa inmigración forzada.

 

En el fondo de esa tragedia también campea el dinero, ya que existen verdaderos traficantes de esos traslados absolutamente inseguros, sin importarle nada más que el negocio que implican. Sin embargo, la pregunta obligada radica en el por qué de esas inmigraciones masivas… La respuesta está cercana: es el resultado de las guerras localizadas, como aquella de los Estados Unidos que destruyó al gobernante libio Muhammad Gadaffi, su proyecto y también al país, dejando un territorio libre adonde pululan las bandas armadas. Si también se recuerda la invasión de ingleses y franceses cuando Nasser expropió el Canal de Suez, se evidencia que Occidente está decidido a no permitir ningún intento de independencia política y/o económica de los países de Oriente Medio. En esas guerras que sostienen duras posiciones geopolíticas está la raíz de estas dolorosas inmigraciones ilegales.

 

Los grupos de seguimiento de este acontecer estiman que desde menos de una década atrás en esta clase de tragedias han muerto más de 20 mil personas. El mismo Papa Francisco se condolió públicamente de los sucesos e instó a los gobiernos europeos a coordinar esfuerzos en pro de evitarlos.

 

Pero hasta ahora todo se reduce a palabras, mientras el mar Mediterráneo se ha convertido en una inmensa fosa común de cuerpos y esperanzas.

 

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