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Miércoles 11 de febrero 2026

Un escándalo creciente

Redacción 11/02/2026 - 00.31.hs

Periódica e irregularmente, el mundo se ve sacudido por sucesos que trascienden a todo el planeta. La índole de los mismos casi siempre es política, desde las acciones a las guerras. Sin embargo, también trascienden sucesos de otra índole pero que igualmente impactan en la opinión pública. Tal el caso de Jeffrey Epstein, que desde sus inicios, más de un lustro atrás, no ha dejado de crecer y salpicar con su escándalo a muchísima gente, famosa por su riqueza o por sus cargos políticos.

 

Es que el Departamento de Justicia norteamericano, para sorpresa de muchos, sacó a la luz tres millones de documentos, pletóricos de nombres y en circunstancias muy comprometedoras que, además de texto, incluyen imágenes y videos, todos ellos relacionados con el tráfico de menores de edad. La socia de Epstein ya cumplía una condena por el mismo delito.

 

La esencia del tema es francamente repugnante: un matrimonio de la alta sociedad norteamericana, muy relacionada con las esferas del poder, se ocupaba de conseguir jovencitas –muchas de ellas menores de edad—para reuniones de sexo. Una suerte de prostitución de alto nivel, sólo que con la intervención de pre-púberes. Epstein, una especie de “playboy”, tenía en el Caribe una isla para sus fechorías sexuales, constantemente visitada por personalidades de la política y el arte.

 

La trascendencia del escándalo alcanzó nivel internacional y provocó la renuncia de varios políticos europeos de segunda línea y hasta un modisto argentino apareció inmiscuido. Por más esfuerzos que se hicieron por ocultar los pormenores, incrementados por el suicidio de al menos dos de las víctimas del tráfico sexual, el escándalo creció a medida que se fueron conociendo detalles, por los participantes especialmente, y tanto que el señor Jeffrey Epstein, principal responsable de esos actos y con relaciones de altísimo nivel, “se suicidó” en una cárcel norteamericana en agosto de 2019 mientras estaba en prisión y cumplía una condena a la espera de un juicio más amplio por cargos de tráfico sexual.. Por cierto que fue una muerte muy sospechosa, especialmente por los cargos y nombres que comenzaban a aparecer.

 

Algunos de los implicados eran de altísimo nivel, como el ex príncipe Andrés, hermano del actual Rey de Inglaterra, que perdió su condición principesca junto con todos los privilegios que conllevaba. Expulsado de la Casa Real, el ex noble se vio obligado a un acuerdo económico con una de las muchachas, que lo acusó de haber tenido sexo cuando ella era menor y estaba en la estructura pedófila.

 

Donald Trump, actual presidente de los Estados Unidos, también frecuentó los ámbitos de Jeffrey. Por más que sus equipos publicitarios lo negaron durante un tiempo, se tuvieron que rendir a la evidencia de fotos con ambos y admitir esa cierta amistad. Actualmente, con el caso todavía en vigencia, son muchos los que niegan la relación, la lamentan o dicen no haber advertido nada irregular. Llevados por su cipayismo, algunos presuntos líderes latinoamericanos han proclamado la inocencia de Trump.

 

Lo que los medios no han considerado –o lo han hecho en forma muy desvaída— es el hecho de la aparición de semejante cantidad de testimonios e informaciones que guardaba la justicia norteamericana. Semejante volumen de información -de obtención nada fácil-, pone en evidencia que ciertos estamentos gubernamentales de los Estados Unidos vigilan las actividades privadas de quienes importan a su política, y específicamente a una casta que parecía ser intocable y procedía alegremente, sin sospechar una vigilancia para con ellos que les costaría tan cara.

 

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