Un larvado macartismo
Amparado en el ejemplo que da su jefe, el negacionismo mileísta no reconoce fronteras, sean temáticas, éticas o jurídicas. Todo aquello que no convenga a los intereses políticos (y personales) de integrantes de ese sector debe desconocerse a través de la desmentida, el silencio o la mentira. La síntesis estaría en decir que para los militantes de esa facción política no existen adversarios sino enemigos.
Un ejemplo cabal de lo dicho lo da un reciente suceso ocurrido en Tucumán, donde un funcionario mileísta de la Radio Nacional de aquella provincia pretendió disminuir los méritos de una artista no solamente negándola, sino también utilizando para con ella palabras con un sentido insultante. La persona agraviada fue nada menos que la cantante Mercedes Sosa, a quien este funcionario pretendió descalificar definiéndola como “cáncer, gorda y comunista”. Tal como se lee. Más vale no especular sobre qué sentido quiso darle a la palabra cáncer, que recuerda pasados insultos, pero apuntar a la estética personal como si la condición de obeso tuviera algo intrínsecamente malo o criticable, es de una obscenidad potenciada, propia de una mente estrecha. Lo mismo puede decirse de la palabra comunista, una condición ideológica que puede o no compartirse pero que al ser aplicada como insulto lo identifica de inmediato con los asesinos del Proceso que ensangrentó al país.
Este hombre es un cabal manifestante de la estupidez humana y carece hasta de la mínima sutileza política que debió llevarlo a no atacar a una artista de semejante nivel, para más comprovinciana y querida por una gran mayoría de los argentinos. Seguramente ignora que Mercedes Sosa fue una de las voces más caracterizadas, no solamente de la canción argentina, sino también de la latinoamericana y ecuménica, que así la calificó el periodismo mundial, admirado de la tremenda expresividad de esta intérprete y de los matices que sabía obtener de su voz, siempre impuesta de repertorios poéticos de gran calidad, a menudo comprometidos.
El macartismo larvado que se manifiesta en la ocasión se hizo evidente en la reculada del autor a través de las redes sociales cuando -oscureciendo lo que pretendía aclarar- salió a decir que “siempre separó la calidad artística de la ideología” y que “sólo quiso hacer una descripción física e ideológica”. De paso le pegó a otro artista popular, el Indio Solari. Seguramente este torpe funcionario de una radioemisora oficial pronto pasará al olvido. La Negra Sosa perdura en sus canciones.
De todos modos, no es la primera vez que alguien ataca a Mercedes Sosa por algún aspecto físico. En el ambiente folklórico se recuerda a un patético animador del Festival de Cosquín, quien, en la misma sintonía que el funcionario tucumano, cuando ella no era todavía una artista conocida, al verla preguntó “quién era esa negra con cara de sirvienta”.
Quizás el mejor encuadre para la pobre afrenta de este quídam libertario sean estas palabras de la propia Mercedes Sosa: “El ser humano está lleno de prejuicios y preconceptos, y la falta de libertad no solo se siente en la libertad colectiva, sino en la libertad mental de cada persona”.
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