Sabado 25 de mayo 2024

Un tercer candidato en discordia

Redacción 16/05/2024 - 00.13.hs

Resulta una incógnita si el nuevo Robert Kennedy logrará conseguir votos, cuando todo lo que tiene para ofrecer en concreto es un apellido ilustre, que evoca una supuesta era dorada de la política estadounidense

 

JOSE ALBARRACIN

 

Cuando todo parece indicar que las elecciones presidenciales de noviembre en los EEUU arrojarán una aburrida revancha entre Donald Trump y Joe Biden, de pronto ha aparecido en el panorama un tercer candidato en discordia, que hoy por hoy arranca con un nada despreciable 10% en las intenciones de voto. Y no se trata de cualquier tercero: Robert F. Kennedy es hijo, nada más y nada menos, que de "Bobby" Kennedy, el candidato presidencial demócrata que fuera asesinado en Los Angeles en 1968, crimen éste que allanaría el camino de Richard Nixon a la presidencia.

 

Progre.

 

Acaso 1968 haya sido la última ocasión en que existió la posibilidad real de un candidato progresista ganándose un boleto hacia el Salón Oval de la Casa Blanca. Con las reservas del caso, cabe tildar como tal al menor de los Kennedy; el que desde su cargo de Fiscal General libró formidables batallas por los derechos civiles de los negros en el Sur, el que se oponía a la guerra de Vietnam, y se mostraba cercano a los líderes sindicales y campesinos como César Chávez.

 

Robert junior, el tercero de los nueve hijos que tuvo Bobby, no ostenta un historial parecido. A los 70 años, nunca se había postulado para un cargo político. Como abogado tuvo cierta militancia en pos de las causas ecológicas tales como la energía renovable y el acceso al agua potable.

 

Sin embargo, en años recientes se hizo más notorio por diseminar teorías conspirativas, como asegurar que las vacunas causan autismo, que la vacuna contra el Covid, en particular, fue una suerte de complot de la industria farmacéutica, e incluso, como afirmar que el SIDA no es causado por el virus HIV.

 

Su mensaje político por momentos recuerda al del "socialista" Bernie Sanders, por sus críticas a la inequidad económica, y sus posturas a favor de la agremiación de trabajadores, la suba del salario mínimo, y de una reforma fiscal que incremente los impuestos a los ricos.

 

Populista.

 

Se le ha endilgado más de una vez el vago mote de "populista", y sus posturas en materia de política exterior están más cercanas a las de Donald Trump. En particular, su oposición a la participación de los EEUU en guerras en otras partes del mundo: incluso ha planteado la necesidad de una actitud menos agresiva con Rusia, y de terminar el conflicto en Ucrania por la vía diplomática.

 

En cierto sentido, su agenda parece un intento de complacer a todo el mundo. Apoya el aborto irrestricto, pero sólo en las fases iniciales del embarazo. Apoya la legalización de la marihuana, pero también el derecho de la gente a portar armas. Acaso su definición más shokeante sea la de no trabajar dentro del Partido Demócrata con el que toda su familia -que lo ha repudiado y ridiculizado por eso- se identifica.

 

Su prédica ha calado hondo especialmente entre los votantes jóvenes, poco instruidos, de bajos ingresos, y entre los latinos. Como los otros "terceros candidatos" Ross Perot en 1988, o Ralph Nader en 2000, su participación en las elecciones tendría el potencial de quitarle más votos a Biden que a Trump.

 

Sin embargo, el impacto real todavía está lejos de conocerse. Los encuestadores aseguran que el porcentaje de votantes a estos candidatos "anti-sistema" tiende a descender a medida que se acerca el día de las elecciones, y se estima que en este caso podría llegar al modesto 2 o 3% que obtuvieron sus predecesores en la aventura. Está por verse, además, si su campaña logra inscribir la candidatura en todos los estados, para lo cual necesitará mucho dinero. No por nada ha elegido como su compañera de fórmula a Nicole Shanahan, una millonaria proveniente del Silicon Valley (la meca de las compañías tecnológicas) cuyo mensaje electoral es incluso más vago aún.

 

Curioso.

 

Existe otra curiosidad en las encuestas: entre los votantes de RFK junior hay un porcentaje importante de habituales seguidores del Partido Demócrata, pero que en las últimas elecciones han favorecido a Trump. De modo tal, que si terminan votando por él, no se sabe bien a quién estarán traicionando más.

 

Como quiera, son malas noticias para Biden, quien pese a una performance económica bastante razonable, y a medidas concretas que favorecieron a las clases populares, cuenta con niveles de aprobación realmente bajos entre el electorado. Aunque, claro está, el propio Trump arrastra también una fuerte imagen negativa, que amenaza con crecer en la medida en que los juicios en su contra -como el que se le sigue en Manhattan- continúen revelando aspectos oscuros de su conducta sexual y financiera. Si es que ambas pueden diferenciarse.

 

En definitiva, resulta una incógnita si el nuevo Robert Kennedy logrará conseguir votos, cuando todo lo que tiene para ofrecer en concreto es un apellido ilustre, que evoca una supuesta era dorada de la política estadounidense que algunos comparan incluso con la Camelot del Rey Arturo. Por de pronto, decenas de miembros de su familia han expresado su apoyo irrestricto a Biden.

 

Aunque, quizás, el interrogante más serio sea qué puede llegar a cambiar con cualquiera de estos tres candidatos. Como decía el gran Mark Twain dos siglos atrás, "si votar cambiara algo, no nos dejarían hacerlo".

 

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