Una nueva amenaza
En su pregonado y promovido afán de “hacer nuevamente grande a los Estados Unidos” el presidente Donald Trump no vacila en apelar a métodos y actitudes que la historia ya dejó atrás y que las circunstancias actuales no tolerarían, por el riesgo que implican para la paz de la región y el mundo. Reviviendo aquella teoría del “gran garrote” que tantos dolores le costó a Latinoamérica, ahora la ha emprendido con Venezuela y, como en loa viejos tiempos, amenaza con una invasión militar.
La elección del país sudamericano no es casual. Venezuela, según palabras de los propios norteamericanos, está sobre un mar de petróleo y es, posiblemente, la mayor reserva mundial del producto. Los Estados Unidos, a pesar de que cuentan con producción propia, siempre han procurado utilizar el petróleo ajeno, dejando el propio como una suerte de reserva. Llama la atención ese apego por el oro negro en tiempos en que se van imponiendo los vehículos eléctricos, pero la raíz de estas decisiones suele estar en el “establishment” industrial-militar que existe detrás de los presidentes norteamericanos.
Claro que hay otra motivación, y no es menor: el declarado apego al socialismo que tiene el gobierno venezolano desde la época de Chávez, que se atrevió a enfrentar abiertamente aquel singular apotegma de John Kennedy acerca de que “no toleraría nuevas Cubas en el continente”. Como la validez de los pretextos para iniciar este tipo de acciones nunca han sido demasiado preocupantes, Trump apeló a una medida tan ridícula que caería por sí sola, si no fuera por la amenaza que implica: dijo que el presidente Maduro es un importante jefe de un cartel de drogas y ofreció –oficialmente— una recompensa de cincuenta millones de dólares para quien lo capture. Para dar mayor énfasis a su concepción política, ya ha mandado un par de destructores, tropas y un submarino atómico lanzamisiles a las aguas del Caribe venezolano.
El despliegue, como era de esperar, ha sido correspondido por Venezuela con medidas que van desde un cierre múltiple y efectivo del golfo de Maracaibo hasta la movilización plena de la guardia nacional, con varios millones de personas y apelando al sentido patriótico. También, seguramente, ayuda a los ánimos venezolanos los súper modernos aviones de guerra rusos que compraron algunos años atrás.
Se diría que proviniendo de quien viene, no se trata de simples fanfarronadas que, por otra parte, comprometen la figura del presidente norteamericano, alguien que no se anda con chiquitas en política internacional, como lo demuestra el hecho de que no frenó el genocidio en Gaza.
Lo cierto es que, mal que le pese al mundo, la mecha de la bomba está cerca de prenderse y esa posibilidad se ve corroborada en las declaraciones de la secretaria de Prensa estadounidense, quien en medio de este clima de tensión afirmó que Estados Unidos "está dispuesto a utilizar todos los recursos del estado para detener el flujo de drogas y utilizar los elementos del poder estadounidense para impedir que las drogas inunden nuestro país y para llevar a los responsables ante la Justicia".
En el sur los venezolanos (y hasta se diría que también Sudamérica toda) velan una suerte de “paz armada”.
Artículos relacionados