Una práctica singular
Con la llegada de febrero, de a poco vuelven las actividades rutinarias y terminan los festivales, colectivos y multitudinarios en su mayoría, por caso el folklórico de Cosquín que este año, además de renovar su temática y vestirse de luces y colores más que antaño, deparó la sorpresa de una visita presidencial que vio frustrada su intención promocional y política por el masivo abucheo que le dedicó el público y las filosas críticas a su gobierno por partes de algunos artistas participantes.
El otro festival trascendente es el de la localidad de Jesús María, especialmente dedicado a exaltar la habilidad de los jinetes en la doma tradicional, heredera de una costumbre criolla, gaucha si se quiere, basada en la violencia y, en algunos casos, la brutalidad para con el animal que rechaza cualquier presencia humana sobre su lomo. En tal circunstancia, puede decirse que los jinetes pampeanos casi siempre han tenido una actuación destacada.
Sin embargo, existe dentro de nuestra provincia, aunque cada vez más escasa, una forma de lograr la aceptación del animal a su jinete; mucho más antigua que la doma tradicional pero nada conmemorada, y mucho menos promovida en el ámbito pampeano: el amansamiento. Esta técnica, como acaso sabrán algunos lectores, excluye cualquier violencia sobre el animal y cuenta en cambio con caricias y manoseos, palabras y montas brevísimas sin dar tiempo a la reacción del caballo, antaño también acostumbrándolo a galopar con las patas maneadas.
La práctica tiene al menos cuatrocientos años y era utilizada por los indios a partir de la protohistoria pampeana. Quienes hayan leído, entre otros testimonios, la descripción que hace del proceso el coronel Lucio Mansilla en su venida a los aduares ranqueles, comprenderán bien esta sucinta exposición. Mansilla resume el proceso de amansamiento diciendo que, una vez finalizado, podría decirse que el animal espera que el jinete lo monte. De hecho, los caballos indios eran admirados y codiciados durante la guerra del desierto.
Es posible que esta práctica singular, tan opuesta a la de la doma, perdure todavía en algunos alejados rincones de nuestro oeste pero, que sepamos, por esta parte de la provincia poco o nada se da la actividad. Hay que hacer constar, sin embargo, que hasta hace poco años en la entrada a General Acha campeaba un letrero: “Se amansan animales”, decía.
Lo expuesto sirve de sustento a esta pregunta: ¿podría ser de interés al conocimiento y promoción de nuestra provincia la organización de un evento sobre el tema? La originalidad se hace evidente: algo extremadamente insólito y que hace a nuestras raíces; muy posiblemente una manifestación única en el país; oportunidad para demostraciones y competencias; implicancia de las parcialidades de ascendencia india y la posibilidad de manifestaciones culturales varias y poco frecuentes.
Desde luego que una expresión semejante debería ser correcta, original y dinámica, pero un proyecto no parecería como demasiado oneroso y podría insertarse en la promoción turística provincial que se evidencia en los últimos tiempos.
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