Vance, el vicepresidente teólogo
Para Vance, el papa debería ser "más cuidadoso" si es que va a "opinar sobre temas de teología". Alguien en su parroquia debería recordarle que en la religión católica existe un dogma según el cual, precisamente en materia teológica, el papa es infalible.
JOSE ALBARRACIN
El próximo 14 de junio será el cumpleaños 80 del presidente norteamericano Donald Trump, quien se encamina a batir el récord -que actualmente ostenta su predecesor Joe Biden- como el ocupante más anciano del salón oval. Este dato, sumado a una serie de comportamientos preocupantes, que hablarían de un deterioro cognitivo creciente, ha reavivado por estos días la polémica sobre su habilidad para ejercer el cargo, y sobre la posibilidad de un juicio político, que en su caso sería el tercero (otro récord). El lunes pasado, sin ir más lejos, Trump posteó una imagen de sí mismo, vestido como Jesucristo y confortando a un enfermo, rodeado de una iconografía claramente religiosa. Luego borró el posteo, e intentó justificarse que la imagen lo mostraba como si fuera un médico, pero el daño ya estaba hecho. Para completarla, ese día estuvo activo en redes sociales hasta bien entradas las cuatro de la mañana.
Religión.
La imagen religiosa estaba enmarcada en la polémica que Trump mantiene con el papa León XIV -norteamericano de nacimiento- por las críticas que este último lanzó contra las actuales políticas sobre inmigración, y contra la guerra en Irán. Respondiendo a la acusación de ser "débil con el crimen" y "terrible en política exterior", el papa minimizó la cuestión, pero dejó un comentario algo inquietante: "no le tengo miedo a la administración Trump".
La inquietud, siempre latente -incluso con personas más jóvenes y saludables- es qué ocurriría en caso de vacancia de la presidencia, y en esto la constitución estadounidense es clara, poniendo en primer lugar en la línea de sucesión al vicepresidente. Las miradas se han posado, entonces, sobre J. D. Vance, y lo que han visto no resulta muy reconfortante que digamos.
Surgido a la consideración pública cuando, en 2016, publicó una autobiografía titulada "Hillbilly's Elegy" (algo así como "Elegía de un pajuerano") que se transformó en un sorprendente best-seller, Vance narra allí sus humildes comienzos en una familia pobre de la región de los Apalaches, y su historia de superación personal: Aunque, claro está, enfatizando la narrativa del "self made man" y prestando poca atención al contexto económico que ha llevado a amplias regiones de los EEUU al estancamiento económico y la pauperización de su población, incluso blanca. Por ejemplo, el proceso de desindustrialización y financiarización de la economía iniciado hace algo más de medio siglo.
Aunque algunos creyeron ver en ese libro una ventana a la vida de la clase trabajadora blanca, y a la comprensión de ese importante segmento del electorado de Trump -a quien entonces Vance se oponía- muchos otros se mostraron críticos con el libro, en particular sus vecinos apalachenses, que le criticaron por reforzar prejuicios contra esa sociedad, a la que presentaba como violenta, disfucional, y culturalmente atrasada.
Tiempo.
El paso del tiempo fue consolidando la figura de Vance como un referente conservador, que en determinado momento tomó dos decisiones clave para afianzar ese perfil: se convirtió al catolicismo -cuando en toda su juventud no había manifestado interés por la religión- y finalmente se sumó a las huestes de Trump, quien lo ungió en su fórmula electoral, transformándolo en el segundo vicepresidente más joven de la historia (39 años).
La segunda conversión no ha sido gratuita. Como es su costumbre, el presidente lo somete a todo tipo de humillaciones, como suele hacer con todos los que trabajan para él. Y razones no le faltan, ya que la performance de Vance deja bastante que desear, particularmente en los últimos tiempos.
Para dar sólo dos ejemplos de los últimos días, fue el vicepresidente el encargado de viajar a Pakistán para conducir las negociaciones de paz con Irán, de las que, tras 21 horas de diálogo, volvió con las manos vacías. Era una misión de alto perfil, y claramente terminó en fracaso. Pero acaso sea más vergonzoso haber viajado a Hungría la semana pasada, a hacer campaña abiertamente en favor de Víktor Orban -fastidiando al resto de Europa- para contemplar luego cómo el mandamás ultraderechista perdía ampliamente las elecciones este domingo.
Teología.
Ninguna de estas tribulaciones le ha impedido continuar actuando para con Trump como lo que en Estados Unidos se conoce como "sycophant" (entre nosotros, "chupamedias"), como cuando lo apoyó en la guerra contra Irán, pese a estar personalmente en contra de la idea. O como cuando, en aquel recordado encuentro en el salón oval, fustigó al ucraniano Volodimir Zelensky por no haber agradecido lo suficiente la ayuda recibida de Washington.
Ahora su gesta de lamebotas lo ha llevado a respaldar a su jefe en la polémica contra el papa, máxima autoridad de la religión que Vance dice practicar. Fue enfático en criticar la declaración de León XIV cuando aseguró que "los discípulos de Jesucristo nunca están del lado de los que alguna vez blandieron la espada, y ahora tiran las bombas". Según el "hillbilly", no cabe duda de que Dios estuvo del lado de EEUU en la Segunda Guerra Mundial (aunque no citó fuentes para esta aseveración).
Para Vance, el papa debería ser "más cuidadoso" si es que va a "opinar sobre temas de teología". Alguien en su parroquia debería recordarle que en la religión católica existe un dogma según el cual, precisamente en materia teológica, el papa es infalible.
Así que, si la pregunta es qué pueden esperar los Estados UNidos -y el resto del mundo- para el caso de que Trump no concluya su mandato, la respuesta parece ser: más de lo mismo.
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