El uso de los sueños en la literatura
Icónicas historias cuestionan los límites entre imaginación y realidad, expandiendo la narrativa onírica al territorio de la alucinación y enriqueciendo la literatura infantil y filosófica.
José Daniel Martínez*
Desde tiempos antiguos, la interpretación de los sueños se considera un proceso divino, otorgando a la experiencia onírica un carácter sagrado y profético. Tanto en los relatos épicos como en las escrituras sagradas, los sueños han sido representados como mensajes de los dioses para advertir o guiar a los mortales. Esta aura premonitoria ha marcado profundamente la literatura.
Uno de los ejemplos más antiguos de este fenómeno aparece en la épica de Homero, La Odisea. Penélope, esposa de Ulises, espera el regreso de su marido mientras es pretendida por numerosos hombres. Y de repente un sueño premonitorio le anticipa su vuelta. Lo interesante es que esta experiencia no le sucede necesariamente cuando está dormida, sino despierta. Así, con ese conocimiento, Penélope se convierte en un símbolo de paciencia, astucia e inteligencia, en la viva imagen de la representación de la espera para reunirse con su amado. En contraste, los sueños se presentan en la Biblia como visiones divinas enviadas durante el sueño real. Un ejemplo claro es la historia de Daniel y Nabucodonosor. El rey babilónico es incapaz de interpretar sus propias visiones.
Este patrón se repite en diversas tradiciones literarias: los sueños como presagios de eventos que están por ocurrir, ya sea en la vida de los personajes o en el destino de naciones enteras.
El sueño como herramienta de absolución.
Además de ser una fuente de premoniciones, la literatura onírica ha sido utilizada como un recurso para exculpar personajes e incluso a los propios autores. A través del sueño, es posible presentar eventos que de otra manera serían inadmisibles en un contexto social o moral.
Dante Alighieri, en La Divina Comedia, utiliza este recurso para sortear la censura. Su descenso al Infierno es presentado como una experiencia onírica, permitiéndole abordar temas sensibles sin temor a represalias. Gracias a este artificio, Dante puede detallar castigos atroces, criticar a figuras religiosas e incluir a personajes históricos en su relato sin que sus palabras sean interpretadas como una afrenta directa.
Esta estrategia narrativa no solo funciona como una vía de protección para el autor, sino que también refleja una perspectiva teológica. La doctrina católica exculpa los pecados ocurridos durante el sueño, pues se considera que el ser humano no tiene control sobre lo que sueña. En este sentido, el mundo onírico se convierte en un espacio sin consecuencias morales, un territorio donde los personajes pueden actuar sin ser juzgados.
Dante, al relatar su viaje en sueños al Infierno, no solo explora su desviación del camino recto, sino que también emplea el sueño como un escudo narrativo. Gracias a esta perspectiva, el lector puede sumergirse en su visión sin cuestionar demasiado la veracidad de los eventos.
Entre el sueño y la alucinación
Dentro del vasto campo de la literatura onírica, hay casos donde los sueños se entrelazan con la alucinación, generando narrativas más complejas y desafiantes. Ejemplos emblemáticos de esta fusión son Peter Pan y Alicia en el país de las maravillas.
En Peter Pan, J.M. Barrie transporta a sus lectores a la mágica Tierra de Nunca Jamás, donde los niños nunca crecen. La historia juega constantemente con la percepción de la realidad: ¿es la aventura de Wendy y sus hermanos un sueño o una experiencia real?
Por otro lado, Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, sumerge al lector en un universo caótico donde la lógica convencional se quiebra. Todo el relato se presenta como una ensoñación de Alicia, pero las reglas del mundo onírico se mezclan con las de la alucinación, creando una experiencia literaria única. La obra desafía al lector a cuestionar qué es real y qué es producto de la mente de la protagonista.
Ambas historias exploran la naturaleza efímera del sueño y su capacidad para desdibujar los límites entre lo tangible y lo imaginario. Más que simples relatos de fantasía, estas obras son reflexiones sobre la mente humana, la percepción de la realidad y la influencia del subconsciente en nuestra experiencia.
A lo largo de la historia, la literatura onírica ha servido como un reflejo de la humanidad, explorando sus miedos, creencias y deseos más profundos. Desde los sueños premonitorios de la antigüedad hasta los relatos que desafían la realidad, el sueño ha sido un recurso narrativo esencial.
A medida que la literatura evoluciona, el papel del sueño continúa expandiéndose, reafirmando su importancia como una herramienta capaz de dar forma a nuestras historias y a nuestra comprensión del mundo.
*Crítico literario.
Artículos relacionados