Entre lo real y la ficción
Miércoles 21 de febrero 2024

Entre lo real y la ficción

Redaccion Avances 03/12/2023 - 09.00.hs

La crítica Josefina Ludmer ensaya un concepto: realidadficción; el cual permite escrutar desde otro punto de vista los textos literarios. Bustriazo Ortiz extrapola la historia real del bandido rural a la poesía y lo convierte en un mito poético.

 

Sergio De Matteo *

 

La exégesis literaria nos presenta diversas posibilidades de abordaje de una obra, la cual puede concretarse desde distintos enfoques, conceptos, teorías y escuelas.

 

En esa multiplicidad de alternativas que permite el análisis crítico sería posible pensar la obra de Bustriazo dentro de la lectura de la “realidadficción”. Los hechos, nombres y lugares que refracta el autor pampeano a lo largo de los tomos del Canto Quetral rezuman a la vez que cotidianidad, historicidad, como también literariedad (Jakobson, 1921) o literaturidad (Culler, 1993). Lo real se mezcla con lo ficcional, la figura de autor participa de la narrativa, lo literario es permeado por la realidad misma, se contamina, de esa manera, todo el sistema simbólico bustriazano.

 

Dentro de la tensión entre las tipologías culturales de la tradición y las emergentes los artefactos literarios son pasados por el rasero de la lectura, de la resignificación, y esto se hace desde el campo de la crítica como de la misma productividad literaria. En determinados autores y autoras la obra es un proceso de experimentación, de entrecruzamiento o mixtura de géneros, de exploración de la propia lengua. A veces, autores como César Vallejo, Raúl Bopp, Oliverio Girondo, Susana Thénon, Juan Carlos Bustriazo Ortiz, entre otras y otros, tuvieron la necesidad (o la emergencia) de romper el lenguaje, para luego moldearlo a su conveniencia e, incluso, inventar una nueva lengua dentro de la lengua dominante.

 

Realidadficción.

 

En ese correlato se halla suspendido el dispositivo Bustriazo. Se dice “suspendido” porque hasta que no esté publicada su obra completa los análisis, artículos, papers o ponencias son trabajos de acercamiento, de orilleo, porque aún no puede estudiarse el todo, sino compararse solamente partes de la totalidad. Por eso, por lo conocido hasta ahora de su Canto Quetral, se observa que construye una literatura cuya forma es una auto(trans)formación de ciertos géneros, técnicas y tradiciones.

 

En esa coyuntura de mutación constante que implica al propio Bustriazo, como sujeto imaginario, también implosiona, contamina, el entorno; su estilo se convierte en un alambique que lo identifica y desde donde se nombra, se bautiza. Aunque puede situárselo en el entramado de la poesía, esa poesía se nutre de otros géneros y los disemina en sus textos, desde donde germina otra literatura.

 

En ese cosmos BO los componentes como entes dinámicos traccionan con su carácter dialógico, donde la obra puede ser leída en formato de testimonio, autobiografía, crónica, diario íntimo, hasta de carácter etnográfico o antropológico.

 

La investigadora Josefina Ludmer en Aquí América Latina. Una especulación (2020) ensaya sobre la escritura posautónoma, donde plantea que “puede ser ensayo, poesía, novela, cuento policial y de ciencia ficción, todo al mismo tiempo”, pero también llama la atención respecto a “realidad”, “fábrica de realidad”, “realidadficción” o “lo cotidiano”. Especula y postula “una ficción que es ‘la realidad’”, donde ya no habría delimitación entre la historia, la realidad y la ficción.

 

Por eso, en esa línea de reflexión, se interpreta que Bustriazo mixtura todos esos campos autónomos por medio de su recreación verbal, los acopla y los recarga de sentidos emergentes, diluyendo la dicotomía entre lo histórico como “real” y lo “literario” como fábula. Entonces, agrega Ludmer: “La ‘ficción’ era la realidad histórica, política y social, pasada (o formateada) por un mito, una fábula, un árbol genealógico, un símbolo, una subjetividad o una densidad verbal”. Es lo que ha realizado Bustriazo Ortiz en su Canto Quetral.

 

No obstante sobre lo que sindica Ludmer en su estudio, en el caso de Bustriazo se entiende que además de fusionar y entrelazar la historia, la realidad y la ficción, la tuerce o fuerza aún más, por la experimentación lingüística. Esto implica que los límites entre lo que se considera histórico o real, y lo que se considera literario o ficticio, se vuelven difusos, transmuta la verbalidad. Al trastocar el orden del discurso sus pilares mutan, por lo cual puede insinuarse a lo considerado histórico como real y lo literario como fábula. Bustriazo desafía las categorías tradicionales y crea una ficción que se percibe como la realidad. En otras palabras, la obra genera una nueva forma de narrar y entender el pasado, donde la ficción y la realidad se mixturan y se cargan de significados novedosos.

 

Vairoleto.

 

Si se realizara un inventario de los elementos que enumera Bustriazo, los lugares y los personajes que cita a lo largo de su obra, tendríamos un mapeo, una topología de La Pampa de mitad del siglo pasado en tránsito hacia finales del siglo XX.

 

Entre todas esas figuras que despliega en el Canto Quetral se encuentran algunas que se repiten, como que el vate pampeano necesita describirlas desde diferentes planos, en distintos tiempos, en circunstancias variables. Por ejemplo, resignifica la historia de un sujeto real, la del bandido rural y cuatrero Juan Bautista Vairoleto (o Bairoletto), que ya era leyenda y había sido santificado en la cultura popular, lo transpola a la poesía, convirtiéndolo también en un mito poético.

 

No obstante, en la producción lírica también fue abordado por Juan Ricardo Nervi en el poema “Bairoleto” de Aldea Gringa (1983) y “Una luz mala, alma en pena”, con el seudónimo Lázaro Montes (con música de Gustavo Coria); Edgar Morisoli en la elegía “El último”, del libro “El águila sin pena” (1984/86), en Obra callada (1994); Félix Domínguez Alcaraz, “Sonajera Nro. 1”, en Barda amarilla (1991).

 

Son importantes estos aportes poéticos, porque el bandolero ya había sido retratado en diferentes géneros, desde el ensayo hasta la música, pasando por el cine y la historieta, además de los sucedidos y el anecdotario (que pasan de boca en boca, de generación en generación) de la cultura popular y la liturgia de los santos.

 

Si se pasara el rasero por la bibliografía existente se podrían citar los libros Crímenes de Bairoletto. El asalto a Juan Giovanini y otros (1941), de Pedro Fernández Acevedo; Bairoletto: prontuario y leyenda (1974), Última frontera. Vida y leyenda de Juan Vairoleto (2012) y Jinetes Rebeldes. Historia del bandolerismo social en la Argentina (2013), de Hugo Chumbita; Juan Bautista Bairoletto. El último bandido romántico (1994), de Enrique “Quique” Rodríguez; “Yo maté al Bautista”, de Hugo Martín Redondo, en Norma Durango y Doris Gonzalo (Comp.), Textos literarios de autores pampeanos (1995); Tras el rastro de Vairoleto (1998), Más allá de la frontera… Vairoleto. Historia y leyenda de un bandolero (2004, 2018), de Néstor Adolfo Rubiano; “La jugada” y “El solito”, en No tan cuentos (2004), de Julio Domínguez; Del winchester al milagro. Mito de Juan Bautista Vairoleto (2005), de Fabio Erreguerena; La Cruz del Sur. El puente y los bandidos (2006), de Jorge Etchenique.

 

Entre las investigaciones en el campo epistemológico se destacan los estudios “Cantar de bandoleros en la Argentina”, de Hugo Chumbita, publicado en Caravelle. Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, Nº 88 (2007), donde se presenta dentro del cuerpo del artículo un listado de textos y composiciones referidas a Vairoleto, y “Juan Bautista Vairoleto: representación de un cuerpo vigilado”, de Claudio Daniel Montecino (Universidad Nacional de La Pampa), presentado en el XX Congreso Nacional de Literaturas de la Argentina, que se desarrolló en la Universidad Nacional de La Pampa entre el 18 y el 20 de septiembre de 2019, y que integra el volumen Maristany, J.; Oliveto, M.; Pellegrino, D.; Redondo, N. (editores) (2020) Literaturas de la Argentina y sus fronteras: tensiones, disensos y convergencias. URL: https://www.teseopress.com/literaturasdelaargentina

 

En el trabajo de Montecino, además de algunos de los libros citados, se agregan en la bibliografía textos de José Adolfo Gaillardou: “Juan libre” (con música de Roberto Palmer) y “Veinte años”, en Luna matrera (1986), y Walter Cazenave: “Oración a Vairoleto”, de carácter anónimo (1972).

 

Otro texto donde aparece nombrado Vairoleto es en el cuento “La loca y el relato del crimen”, en Nombre falso (1994), del escritor y ensayista Ricardo Piglia. En la historieta ha sido registrado en ¡Bairoletto! El bandido rural y otras historias (2013), de Juan Dalfiume, con guión de Otto Carlos Miller.

 

En 1965 Eduardo Shaw había dirigido la película Lo llamaban Vairoleto. En 1985 Atilio Polverini dirigió Vairoleto, la aventura de un rebelde, en la cual Arturo Bonín interpreta al bandido. En 2019 se estrena Vairoletto. Barro de sangre, dirigida por Ramiro Zalazar.

 

De las composiciones musicales es posible nombrar “Milonga de Vairoleto”, atribuida a Antonio Echeverría, recopilada por Hugo Chumbita en 1967; “Milonga de aquella yunta”, de Humberto Constantini, musicalizado por Osvaldo Avena; “Décima para la muerte de Vairoleto”, de José “Cochengo” Miranda, recogido por Ercilla Moreno Cha, que integra el Documental Folklórico de la Provincia de La Pampa, editado en 1975 (libro y dos discos de 33 rpm en estuche), reeditado en 2021 en formato CD. El poeta y músico Julio Domínguez, “El Bardino”, lo nombra en la milonga corralera “Don Pedro Zúñiga”, en Rastro Bardino (1990), y ha escrito las décimas “El volvedor” y “En el Boitano”, incluidas en el libro Guitarra Marca Tango (2005), “El volvedor” fue musicalizada junto a Julio Argentino Aguirre, e integra el disco Cuerdas y Palabras Vol. 1 (2005).

 

También el músico León Gieco compuso la canción “Bandidos rurales”, que incluye en el disco homónimo de 2001, donde se alude parte de su vida y la de varios bandidos locales. De más reciente composición (2021) es la obra “Milonga larga por Vairoleto”, con textos de Rubén Boggi y música de Naldo Labrín.

 

Bustriazo.

 

En medio de todos esos antecedentes de diversos géneros artísticos irrumpe también la poética de Bustriazo, es decir, al abordaje poético, con todas sus contaminaciones y mixturas, del texto bustriazano, en donde palanquea la historia real de Juan Bautista y lo convierte, lo sitúa en el plano mítico, en los pliegues de la poesía.

 

Entonces, lo que se conoce y se ha publicado de la obra de Bustriazo opera a modo de correspondencias (baudelerianas), de textos que dialogan con otros textos suyos, donde vuelven los lugares que retrata, donde retornan los personajes que mitifica, donde la lengua originaria, con los fragmentos y las esquirlas de un pueblo que la Generación del ‘80 intentó exterminar, regresa con una fuerza vital e inusitada. Ese vocabulario chedungun recuperado se acopla y anuda en su propia palabra, en su verbo salobre, en sus letras de piedra y pinturas rupestres (“Se tejen se destejen las huellas y sonoran”, Cantos Nerecos, 1968); un empalme que funciona como mojón del pasado (“y los caminos me hablaban/ con sus palabras antiguas”, Aura del Estilo (1961-1964, 1970), pero que resuenan en el presente, y que van siendo (estar siendo) matizadas con la lengua colonial. Tal cual se postulaba en un artículo del diario La Arena en el año 1968: “y por otro, rastrea recupera, refunde y valoriza un amplio vocabulario regional al que confluyen vertientes mapuches y criollas, invictas raíces castizas de nuestra habla paisana, neologismos y creaciones propias del poeta”.

 

En esa línea de indagación se debería resignificar la “Tercera Palabra” de Libro del Ghenpín porque el Juan Bautista es Vairoleto. El investigador Montecino en el artículo nombrado resalta: “Juan Carlos Bustriazo Ortiz (1977), en “Tercera palabra” lo recupera a través de su familiar policíaco Antonio Bustriazo”. El autor de Elegías de la Piedra que Canta ya lo había convocado antes en otros poemas, como en el número 14, “sueña con su caballo habla con Juan/ Bautista”, de Segundo Libro de Cartas (1969), o en “aparición de Juan Bautista, segunda antiguanta del sargento Leoncio Flores”, del libro Las pinturas (1972), donde refiere “yo era un mirlo me miraba y se fue con sus poderes oh recado salo-bre y purpurino Juan Bautista era él antiguaires antigüeño me quedo yo era un mirlo!”.

 

 

* Investigador. Colaborador

 

 

14

 

 

...la sien del viejo Andino sueña

 

bandolerías

 

qué mágica luz buena

 

entreblancamarilla

 

siente qué tiroteos qué sombras

 

fugitivas

 

qué ramazón salvaje en

 

agonía

 

sueña con su caballo habla con Juan

 

Bautista

 

fuegos del real perdido o amor en qué

 

aguadita

 

la crujazón del monte el viejo Andino

 

espía

 

digo sueña que espía qué malhechor de

 

brisa

 

 

y arde la luna niña toda la

 

hojarería

 

los azulosos troncos la penca azul

 

 

dormida…

 

 

Bajo Pincén. de Segundo Libro de Cartas (1969), en Canto Quetral. Tomo IV (2023).

 

 

Tercera Palabra

 

 

Dónde errarás, Antonio tan Bustriazo?

 

Dónde, fatal espectro, Comisario

 

de Territorios Nacionales? Calmo,

 

te pienso calmo en tu gran paz, callado,

 

tu gesto así, de labios apretados.

 

Y Juan Bautista y su caballodiablo?

 

Lo buscarás?, se buscarán airados?

 

Dónde errarás, Miguel Antonio? Parco,

 

rápido hablar, tu fuerza eran tus manos.

 

Tu sombra vi, tu bulto oscuronado

 

en tu momento de morir Bustriazo,

 

tu nube ya, tu forma de apagado.

 

Te dejo aquí, errante y capturado,

 

gema o carbón, o flauta o espantajo.

 

 

(a más de veinte años de su desaparición.)

 

de Libro del Ghenpín (1977, 2004)

 

 

17

 

 

aparición de Juan Bautista, segunda antiguanta

 

del sargento Leoncio Flores.

 

aperados brillaban los jinetes los caballos hermosos elegidos

 

oh tropilla del cielo antiguanada antiguanza de mi con crucifijo

 

con color a luzbel la frente blanca requintada la frente no me olvi-

 

do los jinetes pasaron por mi orilla oh resuello del aire yo era

 

un mirlo ah antojos del cielo coloruras y de pronto un jinete apa-

 

recido un gateado montaba clinas negras y era bayo el temblor re-

 

lumbre antiguo me miraba el paisano pelo largo y era medio rubión

 

oh su destino el sombrero grandote me miraba oh rebenques trenzados

 

yo era un mirlo me miraba y se fue con sus poderes oh recado salo-

 

bre y purpurino Juan Bautista era él ay antiguaires antigüeño me

 

quedo yo era un mirlo!”

 

 

Temple del Diablo, 5 y 6, de Las Pinturas (1972), inédito.

 

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