Sabado 25 de junio 2022

La data de la madre final

Redaccion Avances 22/05/2022 - 21.50.hs

La figuración explícita de Paula Rivero resulta refrescante, aunque no cabe confundir figuración con realismo; sus personajes femeninos conviven en nuestro mundo sólo en apariencia.

 

Alberto J. Acosta *

 

El punto culminante en la muestra “Arenas - Pálida llanura” de Paula Rivero, ocurre cuando los asistentes son invitados a ingresar, de a seis, a la sala Guillermo Mareque. Allí se sientan, cada uno frente a una obra, y una voz en off los convida a cerrar los ojos, en un ejercicio que tiene algo de meditación trascendental. Cuando finalmente se abren los ojos, el efecto es casi como el de un nacimiento: el descubrimiento de una mirada nueva.

 

En la obra que tengo en frente, el rostro de una mujer está semisumergido en lo que parece ser un mar primordial. Bajo el agua, un pez nada, alejándose. Arriba, el cabello de la protagonista se proyecta hacia el espacio, confundiéndose con una constelación nebulosa, rodeada de estrellas.

 

Comentando una pieza de la misma serie, en esa monumental obra conjunta que fue “El regreso del Juntasueños o Las seis Noches de la Soñadora” (Editorial Voces, 2017), Edgar Morisoli escribe: “El tiempo es un gran pez que nada en el silencio de los sueños. El tiempo nació en el agua, empezó en el agua, porque la vida misma comenzó en los mares; en el abismo alucinante de las profundas fosas oceánicas, allí donde el agua se torna colérico vapor al contacto con las ventanas ígneas del magma, con la sangre en llamas del planeta”.

 

Observando el rostro de esa mujer, de ojos claros y rasgos levemente negroides, se hace aparente, tarde o temprano, que se trata de una madre. Tiene el cuerpo en el mar, y la cabeza en las estrellas. Es casi imposible no evocar aquel verso de Luis Alberto Spinetta: “La data de la madre final se seguirá imprimiendo en un banco de niebla”.

 

Caldos y tinturas.

 

El arte de Paula Rivero se asienta en el dibujo. Su destreza en ese campo no tiene parangón, y es el producto de un muy probable talento innato. Pero mucho más, y a no dudarlo, de un rigor y una disciplina en el oficio que no se delatan en la suavidad de los modos de la artista.

 

A ese gesto del trazo, de la carbonilla, la artista le suma, desde hace un tiempo, un creciente cóctel de condimentos que incluyen “tintura de chañar, tintas de fermentos, café, vino, el amor hacia mi amigo Edgar, y los espíritus de la naturaleza siempre presentes”.

 

En un ambiente plagado de “artistas conceptuales”, muchos de los cuales parecen renegar del oficio –y acaso también de la obra misma– la figuración explícita de Rivero resulta refrescante. Aunque, claro está, no cabe confundir figuración con realismo: estos personajes femeninos conviven en nuestro mundo sólo en apariencia.

 

Como un coro griego, esos cuerpos femeninos relatan –como en un canon– una historia que tiene que ver con la vida y la muerte, con la creación y la destrucción, la belleza y el pavor de un mundo en permanente fluctuación.

 

El misterio sobre por qué sólo hay cuerpos de mujer en la obra de Paula es sólo aparente: el interés está puesto en la gestación, en lo primordial. Los caldos, las tinturas y la magia que rodean a estos personajes, no son sino atributos de lo materno.

 

Fósiles.

 

El tema de “Arenas - Pálida llanura” es tan simple y profundo como eso: es la idea de la creación. Que es como decir, la del universo. “El entrecruzarse y morir de la naturaleza en la eterna rueda: raíces, filamentos, venillas, una densa red vascular que comunica”.

 

Es el tema que sirve de guión al videoarte que aportan Ornella Herrero Fiorucci y Natalia Dittler (esta última, sobre el tema musical “Inspiración” de Roberto Palomeque, grabado por el trío Zohar en obra también editada por Voces). Es el tema, claro está, de la danza de Lia Spain: una criatura primordial que despierta de su sueño marino, para luego reptar, gatear y caminar por el médano, hacia su propio alumbramiento, con el viento como única banda de sonido. Porque, sea dicho, la instalación incluyó cubrir buena parte del suelo del Centro Municipal de Cultura con una cantidad industrial de arena.

 

Dentro de este relato, no debería extrañar, entonces, que la experiencia gastronómica que suele servir de coda en toda muestra plástica que se precie, esté integrada y forme un todo coherente con la instalación en su conjunto.

 

Todo destila una sencillez, una delicadeza y una profundidad que no puede menos que conmover. Pero quizá lo más movilizante sean las alusiones a la muerte que plantea la muestra cerámica, aporte del Taller Tierra Viva: una colección de huevos, muchos de ellos partidos, varios de ellos, asomando a mostrar el esqueleto de una criatura no nata. Fósiles, testigos de una vida que no fue.

 

“Todo es cíclico para nosotros, pero la luz no nació nunca, y nunca puede morir”. Paula Rivero.

 

La ficha técnica de “Arenas - Pálida llanura”, de Paula Rivero, inaugurada el 30 de abril en el Centro Municipal de Cultura incluyó la gastronomía de Agustín Quarleri; el videoarte de Ornella Herrero Fiorucci y Natalia Dittler, la performance de Lía Spain; el arte sonoro de Pablo Ardovino, la narración de Florencia Pumilla y las cerámicas del Taller Tierra Viva de Mirta Funaro y Tini Rivarola.

 

La muestra podrá verse nuevamente en el Museo Provincial de Artes a partir del jueves 28 de julio con acceso libre y gratuito.

 

* Colaborador. Músico.

 

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