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La poesía siciliana

Redaccion Avances 09/08/2026 - 15.00.hs
El canciller áulico en la Corte del mecenas Federico II Hohenstaufen, rey de Sicilia.

Antes de Dante y el dolce stil novo, la poesía italiana nació en Sicilia bajo la corte de Federico II. Allí, notarios y juristas inventaron el soneto y usaron la lengua vulgar para explorar el amor, sentando las bases de una tradición que transformó la literatura occidental.

 

Gisela Colombo *

 

Antes de Dante y de Petrarca, la poesía italiana comenzó a ensayar su voz en Sicilia. Durante la primera mitad del siglo XIII, alrededor de la corte del emperador Federico II, un grupo de notarios, jueces y funcionarios empezó a escribir poemas amorosos en lengua vulgar, en lugar de utilizar el latín reservado a la cultura y al poder.

 

Así nació la Escuela Siciliana, considerada la primera tradición poética organizada de la literatura italiana.

 

La corte de Federico II era uno de los centros culturales más singulares de la Edad Media. En ella convivían influencias latinas, árabes, griegas, normandas y provenzales. Sus poetas no eran trovadores errantes: eran hombres vinculados con la administración imperial que, junto con documentos y asuntos jurídicos, escribían versos sobre el deseo.

 

El más célebre fue Giacomo da Lentini, llamado “el Notario”, a quien se atribuye la creación o la consolidación del soneto. Se conservan alrededor de cuarenta poemas suyos, todos dedicados al amor.

 

Uno de sus sonetos comienza:

 

 

Amor è uno desio che ven da core

 

per abondanza di gran piacimento”.

 

 

El amor es un deseo que nace del corazón por la abundancia de un gran placer. La definición parece sencilla, pero encierra una novedad. Para estos poetas, amar ya no era solamente servir a una dama distante, como ocurría en la tradición de los trovadores provenzales. Era también observar lo que el sentimiento provocaba dentro del enamorado.

 

El amor entraba por los ojos, alcanzaba el corazón y modificaba la conciencia. El poema se convertía en una forma de investigar el deseo, sus contradicciones y sus efectos. Por eso el soneto de Giacomo da Lentini ha sido considerado una suerte de primer manifiesto de la nueva poesía en lengua vulgar.

 

La mujer aparecía idealizada, casi siempre lejana e inaccesible. Lo importante no era narrar una relación concreta, sino describir la transformación interior de quien amaba. Esa concepción sería retomada más tarde por los poetas toscanos y llegaría hasta el dolce stil novo de Dante.

 

La Escuela Siciliana duró pocas décadas. Comenzó a declinar después de la muerte de Federico II, en 1250, pero su herencia se trasladó hacia el centro de Italia. Incluso la lengua original de muchos poemas quedó parcialmente oculta, porque los copistas toscanos adaptaron los textos sicilianos a su propia forma de hablar.

 

Sin embargo, algo esencial sobrevivió: la certeza de que una lengua cotidiana podía expresar las experiencias más complejas del ser humano.

 

Sicilia no solamente le dio a Italia una escuela poética. Le dio una forma para pensar el amor.

 

Desde aquel notario que intentó encerrar el deseo en catorce versos, la poesía occidental no ha dejado de regresar a la misma pregunta: ¿qué sucede dentro de nosotros cuando amamos?

 

* Docente y escritora

 

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