La vaca mitológica

Redacción 07/11/2021 - 00.21.hs

Composición: Tema "La vaca", alude al universo sarmientino y, de alguna manera, implica revisar tópicos impuestos y legitimados por el poder hegemónico mitrista.

 

Sergio De Matteo *

 

Cada tanto es posible dar vuelta la historia construida por la oligarquía que se halla comprendida en los Mitre, Alsina, Avellaneda, Roca y Zeballos. Es que todo proceso dialéctico tiene tesis y antítesis, por ejemplo Juan Carlos Tedesco e Ivana Zacarías resaltan la importancia de las reflexiones y propuestas de Domingo Faustino Sarmiento para la "educación popular" (9), en cambio los historiadores revisionistas ponen en evidencia el racismo contra indios y gauchos del maestro de San Juan. Incluso, Arturo Jauretche (Manual de zonceras argentinas, 2002) destaca que el pensamiento colonial ha sido presidido por la zoncera madre: "civilización y barbarie" (23).

 

El periodista Hugo Presman señala que "Las maestras sarmientinas solían intentar despertar la imaginación creativa de sus alumnos con un tema excluyente de composición: la vaca" (Punto Cero, 2006). En cambio Roberto Fontanarrosa (La mesa de los galanes y otros cuentos , 1995) hace una relectura en clave paródica en el cuento "Maestras argentinas. Clara Dezcurra" (17), o en la historieta Inodoro Pereyra dice: "¡Mire esta vaca, Serafín! Musa inspiradora de miles de composiciones escolares".

 

Desde lo popular a lo académico se puede observar cómo la "vaca" transita por la economía, la historia, las artes plásticas y la literatura argentina; en ese sentido, Victoria Pedrotta aporta que "en 1580 Hernandarias envió 500 vacunos y 1000 caballos desde Asunción" y plantea "Imposible de cuantificar, los animales que periódicamente escapaban de los poblados, las estancias y las expediciones españolas, huían 'tierra adentro'". Sí, Tierra Adentro, también el desierto; Trapalanda, Lin Lin, Jornada de los Césares, Jornada de la Sal, Mamüll Mapú, Pampas del Sud, Territorio de la Pampa Central, Provincia Eva Perón y Provincia de La Pampa.

 

Variaciones.

 

Ante las imposiciones literarias hegemónicas se hace necesario revisitar la literatura pampeana, asociada a la literatura en situación patagónica, dentro de la relación con la literatura nacional, que abarca y supera nombres consagrados como Olga Orozco, Horacio Armani y Marta Giménez Pastor. En las denominadas "narrativas estatales" Ileana Rodríguez argumenta lo cultural como soporte básico de lo político, y esto pone en evidencia a Sarmiento (Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas, 1979), quien refiere en Facundo: "Si un destello de literatura nacional puede brillar momentáneamente en las nuevas sociedades americanas, es el que resultará de la descripción de las grandiosas escenas naturales, y sobre todo de la lucha entre la civilización europea y la barbarie indígena, entre la inteligencia y la materia". En nuestra región se da una conjunción de retroalimentación cultural que supera esa clasificación y reducción sarmientina del "otro", contraria a aquella pedagogía colonialista y de la Argentina moderna. Esa concepción distinta de la alteridad en la "literatura del desierto" la compila Samuel Tarnopolsky (1958) en su obra Libros con indios pampas y conquistadores del desierto.

 

La pampa inhóspita, nombrada en quechua, extiende sus simbolizaciones desde las pinturas rupestres (o escrituras rupestres) hasta el cuento virtual de Carola Di Nardo que sólo puede leerse en la web www.pueblodesnudo.com.ar

 

La etapa poblacional se inicia, según los datos científicos que proporciona Carlos Gradín (Investigaciones Arqueológicas en Casa de Piedra, 1984), hace 8600 años en nuestro territorio, luego vendrán los asentamientos de las diferentes corrientes de pueblos originarios. Evar Amieva en el seminario de historia y geografía regional (1974) acuñó "la pampa india" para ese período, y Blanca Rosa de Morán (Plumas y pinceles de La Pampa, 1955) resaltó que "lo pampeano, tiene raíz indígena. Su origen es indio" (15); aunque Josefa Poncela (1942), la primera escritora indígena, ya había publicado su libro La cumbre de nuestra raza.

 

Estas trayectorias van configurando las tipologías culturales de la región pero, a su vez, construyen el entramado sociocultural que refiere y representa a dichos pueblos. Así como se reconoce el aporte indígena, también es necesario resaltar el abono simbólico que elaboraron los primeros viajeros, como es el caso de Luis de la Cruz a comienzos del siglo XIX. Walter Cazenave (1973) en la antología Narradores de La Pampa fija importantes antecedentes sobre el cuento, que, en definitiva, referencian el acervo de una cultura, donde señala los trabajos de Guinard, Santiago Avendaño, Manuel Prado y Lucio V. Mansilla. Son autores ajenos al medio, pero entroncan con lo indígena y le otorgan anclaje a lo emergente; por eso iniciado el siglo XX la inmigración tendrá una repercusión fundamental en la posterior cultura pampeana. Cazenave pone en evidencia el nuevo sustrato que se conforma con dicho mestizaje, donde resalta que "se gesta la pampa gringa".

 

Fundaciones.

 

Hay hitos que replantean los formatos de escritura y, por sobre todo, los modos que las representaciones y los imaginarios configuran las subjetividades. En ese sentido, Ana María Lassalle reconoce que en julio de 1954 "un suceso inesperado y trascendental había sacudido el panorama de las letras pampeanas"; refiriéndose a la conferencia El agro en la cultura pampeana que José Escol Prado brindara en Bahía Blanca. Tales reflexiones hacen base en el "pensamiento territorializado" de Adolfo Colombres, donde, a su vez, se imbrican el concepto de región y de "valor espiritual". Lassalle afirma: "Nos precede, a nosotros, como a todo provinciano, una región cultural pre-existente (aunque no inmutable) que nos define, muy anterior a la idea de nación". Por lo tanto, el universo agrario al que alude Prado, agrega, "está entrelazado con los otros: el de los aborígenes, el de los criollos, el de los habitantes del desierto y muchísimos más".

 

Resignificar fragmentos, protagonistas y lugares olvidados, o sesgados, que hablan desde los textos, a esto Walter Benjamin lo denominó "estar a la escucha de la tradición". En esa línea Blanca Rosa Gigena de Morán (1955) ordena por primera vez lo que será parte del canon pampeano, la piedra angular de la tradición, que se consolida en 1957 con la fundación del grupo La Joven Poesía Pampeana. Luego Teresa Girbal suma Estudios de literatura pampeana (1981), y nutren esa biblioteca simbólica Juan Ricardo Nervi y Edgar Morisoli que, en conferencias y trabajos periodísticos, validan la convivencia e influencia, tanto en la esfera social como en la esfera cultural pampeana, de dos pampas: la "pampa criolla" y la "pampa gringa". Esa "pampa criolla" comprende la "pampa india" de Amieva.

 

Entonces, hablamos desde la "cultura de la adversidad", desde las culturas de la resistencia americana, la lucha por la provincialización, la huelga agraria (Macachín, 1910), la masacre de Jacinto Arauz (1921), o el corte de nuestros ríos y la diáspora atueleña.

 

En ese contexto tiene sentido enunciar algunos ejemplos sobre vacas, no la que elogia Oliverio Girondo ni la que reclama Atahualpa Yupanqui. Sino bajo la idea borgeana, es decir, Borges (Discusión, 1951) en "El escritor argentino y la tradición" infiere: "Gibbon observa que en el libro árabe por excelencia, en el Alcorán, no hay camellos [...] Fue escrito por Mahoma, y Mahoma, como árabe [...] eran para él parte de la realidad, no tenía por qué distinguirlos". Aunque varios investigadores han dado por tierra con ese ejercicio (o juego) borgeano de resaltar la ausencia de camellos, cuando en ese libro liminar existen unas veinte citas y Gibbon infiere que no se nombra la leche de camella (Zaid, 2005; Jitrik, 2008), aquí nos sirve como metáfora esa interpretación, porque en nuestra literatura la vaca está casi ausente, no es protagonista, no es un símbolo o un mito; apenas es aludida, mencionada. Tiene relevancia en las investigaciones científicas de Julio Colombato (El tesoro de Salinas Grandes, 1993) y de Elva Chaves de Festa (La colonización agrícola en La Pampa , 1991).

 

Ejemplificaciones.

 

En el libro Pampas del Sud (1997) se recoge la canción "Lelvun Mapú" (La región del llano) que leemos en su traducción: "Esta es hermanos, nuestra tierra pampa/ donde hay muchas yeguas, donde hay muchas vacas,/ y muchos guanacos, venados y gamas". Enrique Stieben (2011) recopila en Hualicho Mapú materiales "literarios" de conversaciones con indios araucanos. En estos dos textos se advoca a la vaca, "El malón fantasma": "Nuestras tropillas en un cuadro cercano, seguramente iban mezcladas en ese mar de vacunos en movimiento de olas"; y en "Pùltrruel Toro": "Sus orejas un tanto abiertas hacia afuera, los belfos caídos y ese mirar vacuno [...] Ya crecido, su pasión fueron los terneros. Caminaba como en cuatro patas, mugiendo. Escarbaba el suelo como los toritos y anticipaba en el recóndito ¡múu!¡múu!, al anochecer, su irreversible sino".

 

Tenemos otros símbolos, supeditados a la interpretación borgeana de los mitos en la literatura. Edgar Morisoli en la conferencia "Mito y realidad en la poesía pampeana" (¿De quién es el aire?, 2013) consigna varios de nuestros mitos poéticos: viento, arena y agua, en primer lugar, y resalta que "no solo del paisaje vienen los mitos poéticos, también de la historia, de la memoria popular". Alista el Arüm-co (la ranita y genio verde del mapuche), a Vairoletto, a Juan Lefín, el Indio Ainó.

 

Ineludible en este correlato es Cuentos y leyendas de La Pampa (1988), de Nélida Giovannoni y María Inés Poduje, donde el zorro es la figura dominante, junto al tigre o el peludo. Hay otras figuras míticas: el animal del agua, el zorro-víbora, el Anchi Mallén, el Maripill, las tinguiricas; y se podría mitologizar "El toro colorado" de Marcelo Hopff, los "Jabalíes" de Margarita Monges, el peludo Valentín de Marcelino Catrón, el Oriental Crevani de Cazenave, "Los Blancos de Villegas", de Nervi, los médanos en Juan José Sena, los quetrales o "la bruja pela papas" de Bustriazo Ortiz, entre otros tantos.

 

Resistencia.

 

Para deconstruir y pasar el cepillo a contrapelo de la idea de barbarie sarmientina se resalta la conciencia que tenían nuestros pueblos originarios respecto de la vida y de la tierra, con el rescate que hace el escritor Juan Carlos Pumilla (Clave de Sal, 1993) de un discurso de Cangapol que data de 1739: "¿De quién es el aire? ¿De quién es el agua de las lagunas y los ríos, la sal, la leña, los piches, guanacos y avestruces, y hasta los baguales y las vacas del campo?/ ¿De alguno? ¿De la tribu? ¿De alguna otra? ¿O de todos, para que toda la gente respire, beba, coma, para vivir?/ ¿Qué sucedería si un indio entre sus hermanos, o una tribu entre tantas, pretendiera esas cosas para ella sola? ¿Cómo subsistirían las demás?". Postura contraria al proyecto de la Generación del '80 (con sus terratenientes) y la mal llamada "Conquista del desierto".

 

Con estas inquisiciones es posible reafirmar las características fundantes del espacio pampeano, del paisaje cultural, donde las diferentes etapas poblacionales con su particular y fecunda simbología convergen en una identidad que será la base sobre la que se articulan los imaginarios de distintas épocas. Una identidad que no está fijada para siempre, sino que más allá de la determinación del habitus cultivado, de la ciudad letrada, del poder hegemónico, cada generación la deconstruye y amplía ese horizonte mítico fundante de la región.

 

* Colaborador

 

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