Los 100 años de Chicha
Jueves 22 de febrero 2024

Los 100 años de Chicha

Redaccion Avances 26/11/2023 - 06.00.hs

El pasado 19 de noviembre Chicha Mariani hubiese cumplido 100 años. Luego del asesinato de su único hijo y su nuera, dedicó su vida a buscar a Clara Anahí, su nieta. No pudo cumplir su último deseo, pero dejó enormes logros para la historia de Abuelas de Plaza de Mayo.

 

Juan Carlos Martínez *

 

María Isabel Chorobic, nuestra querida e inolvidable Chicha, nació en San Rafael, Mendoza, el 19 de noviembre de 1923. Su padre y su madre eran de origen polaco, pero se instalaron en la Argentina corridos por la guerra que se llevó a uno de sus hijos. Desde niña le llamaron Chicha. Siendo muy joven conoció a Enrique José Mariani, un talentoso músico nacido en Santa Rosa, con quien se casó en aquella ciudad mendocina. Poco tiempo después se trasladaron a La Plata donde nació Daniel, el único hijo del matrimonio. En esa ciudad vivía Chicha cuando se produjo el golpe del 24 de marzo de 1976. Ocho meses después, la tragedia se hizo presente en la casa en la que vivían su hijo, su esposa Diana Teruggi y Clara Anahí, de tres meses de edad. En aquella casa de la calle 30 entre 55 y 56, varios jóvenes disidentes de la dictadura tenían una imprenta clandestina en la que imprimían la revista Evita Montonera. En ese medio que circulaba clandestinamente se denunciaban los crímenes y otras atrocidades cometidas por los asaltantes del poder. Para disimular su actividad, los jóvenes habían instalado un criadero de conejos, pero cuando los militares descubrieron el lugar se produjo un sangriento ataque del que participaron más de doscientos efectivos militares y policiales provistos de armas de todo calibre.

 

El ataque se produjo poco después del mediodía del 24 de noviembre de 1976 y allí fueron asesinados los jóvenes -incluida Diana Teruggi- que antes de morir cubrió a su pequeña hija con mantas en la bañera del baño y por eso la niña fue la única sobreviviente. Por sólidos testimonios obtenidos por Chicha en 42 años de búsqueda de su nieta, está confirmado que Clara Anahí fue retirada en un vehículo policial y entregada a sus apropiadores.

 

Testimonio de Galeano.

 

En su libro Mujeres, el escritor uruguayo Eduardo Galeano dejó escrito su desgarrador testimonio acerca del ataque a la casa de la calle 30, de La Plata.

 

1976- La Plata. Hincada sobre sus ruinas, una mujer busca alguna cosa que no haya sido destruida. Las fuerzas del orden han arrasado la casa del hijo de María Isabel de Mariani y ella hurga los restos en vano. Lo que no han robado, lo han pulverizado. Solamente un disco, Réquiem de Verdi, está intacto. María Isabel quisiera encontrar en el revoltijo algún recuerdo de sus hijos y de su nieta, alguna foto o juguete, libro o cenicero o lo que sea. Sus hijos, sospechosos de tener una imprenta clandestina, han sido asesinados a cañonazos. Su nieta de tres meses, botín de guerra, ha sido regalada o vendida por los oficiales. Es verano, y el olor de la pólvora se mezcla con el aroma de los tilos que florecen (El aroma de los tilos será por siempre jamás insoportable). María Isabel no tiene quien le acompañe. Ella es madre de subversivos. Los amigos cruzan la vereda o desvían la mirada. El teléfono está mudo. Nadie le dice nada, ni siquiera mentiras. Sin ayuda de nadie va metiendo en cajas los añicos de su casa aniquilada. Bien entrada la noche, saca las cajas a la vereda. De mañana, muy tempranito, los basureros recogen las cajas, una por una, suavemente, sin golpearlas. Los basureros tratan las cajas con mucho cuidado, sabiendo que están llenas de vida rota. Oculta detrás de una ventana, en silencio, María Isabel les agradece esta caricia, que es la única que ha recibido desde que empezó el dolor.

 

Sueño sin cumplir.

 

Chicha murió el 20 de agosto de 2018 sin poder cumplir con su último sueño: el reencuentro con su única nieta.

 

Su hijo Daniel no estaba el día del ataque en la casa, pero el 2 de agosto de 1977 fue acribillado por la policía cuando intentaba refugiarse en la casa de unos amigos en la misma ciudad de La Plata. “No la busque más… la niña está en buenas manos” fue la respuesta que Chicha recibió de jerarcas de la Iglesia Católica cuando acudió a ellos en demanda de ayuda para recuperar a su nieta.

 

Acerca de la información que tenía la Iglesia sobre los desaparecidos -incluidos unos seiscientos niños- existen diversos testimonios, entre ellos el que dejó el poeta Juan Gelman en una carta que publicó el 12 de abril de 1995 en el diario Página 12. En aquella carta dirigida a “mi nieta o nieto”, Gelman decía: “No sé si sos varón o mujer… sé que naciste… me lo confirmó el padre Fiorello Cavalli, secretario de Estado del Vaticano”. También decía que el cuerpo de su hijo Marcelo había aparecido en el río San Fernando con un disparo en la cabeza. En cuanto a su nuera -María Claudia Irureta Goyena- pudo confirmar que dio a luz en una dependencia militar de Uruguay adonde fue trasladada en el marco del Plan Cóndor luego de haber pasado por Automotores Orletti, uno de los campos de concentración que funcionaba en la ciudad argentina de Floresta, frente a la estación del ferrocarril Sarmiento. Por el mismo centro de tortura y muerte también pasó el hijo de Gelman. El escritor argentino tuvo un final feliz en la búsqueda de su nieta, con quien se encontró cuando Macarena tenía 23 años de edad.

 

Gelman murió en su exilio de México el 14 de enero de 2014.

 

Los archivos.

 

Casi medio siglo después del golpe cívico-militar-clerical, los organismos de Derechos Humanos junto a familiares de las víctimas del terrorismo de Estado siguen reclamando los archivos donde figura el destino de las víctimas de la sangrienta represión, pero ni el Estado argentino ni el Vaticano han respondido a esa demanda.

 

Hace diez años, cuando el cardenal Jorge Bergoglio se convirtió en el Papa Francisco I se comprometió a entregar esos archivos, pero aquella promesa sigue sin concretarse. Mientras tanto, aquellas criaturas se acercan a medio siglo de vida viviendo una historia que no es la que pensaron sus padres y con una falsa identidad que transmiten a sus descendientes. Meses antes de morir, Chicha recibió en su casa de La Plata un rosario enviado y bendecido por Bergoglio. “¡Para qué quiero un rosario… lo que yo quiero es que me diga dónde está mi nieta!” fue la inmediata reacción de quien ya había vivido en carne propia la negativa de jerarcas de la Iglesia cada vez que acudió a ellos en demanda de ayuda para encontrar a su nieta .

 

“En el Vaticano saben todo porque en las actas últimas que repartió el ministro de Defensa, dicen que los militares enviaban al Episcopado un detalle de todas las acciones. Sabían todo lo que nos negaban a nosotros” sostuvo Chicha. “Cuando fui a buscar ayuda, me dijeron que la nena estaba viva, que estaba bien y que me quede tranquila, que estaba con una familia de mucho poder. Uno me pidió que fuera a barrer la iglesia en lugar de perder tiempo buscando a mi nieta. No puedo creer que ahora estén diciendo la verdad. Nunca recuperamos un solo niño con la ayuda de la Iglesia”.

 

Gigantesca obra.

 

Chicha Mariani fue una de las fundadoras y primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Cuando las abuelas comenzaron la búsqueda de sus nietos y nietas, se les planteaba un dilema hasta ese momento insoluble. ¿Cómo identificar a aquellos niños y niñas si la única manera de establecer su origen biológico era a través de los análisis de sangre con la sangre de sus padres si éstos estaban desaparecidos? A partir de ese interrogante, las Abuelas dirigieron su mirada hacia el mundo científico y en la búsqueda de la respuesta recorrieron los principales centros de Europa, Estados Unidos y Canadá. Después de un largo e infatigable peregrinaje encontraron lo que estaban buscando: la seguridad de poder demostrar con determinada certeza del 99,95 por ciento que un niño pertenece a determinada familia a través de específicos análisis de sangre que se realizan los abuelos, hermanos y tíos de las pequeñas víctimas. Respondiendo precisamente a una solicitud de Abuelas, el 27 de mayo de 1984 se realizó un simposio en Nueva York, organizado por la Sociedad para el Avance de las Ciencias. En aquel encuentro estuvieron presentes científicos del más alto nivel en genética y hematología, quienes brindaron una completa información acerca del tema. Fue justamente en esa reunión donde los científicos hicieron el anuncio tan esperado por las Abuelas: a partir de ese momento sería posible establecer la identidad de los niños robados durante la dictadura militar- niños cuyos padres habían sido asesinados. En reconocimiento a la intensa labor desplegada por las Abuelas de Plaza de Mayo para promover el interés del mundo científico en la búsqueda de ese método de identificación es que se le dio el nombre de Índice de Abuelidad o Índice de Abuelismo.

 

Las Abuelas habían ganado parte de la batalla que venían librando desde que la dictadura comenzó a repartir niños como si se tratara de mascotas. Fruto de las Abuelas fue también la creación del Banco de Sangre que funciona en el Hospital Durand de la ciudad de Buenos Aires. Fue creado por la ley 23.511 en mayo de 1987 con la aprobación del Parlamento. Allí, unas cuatrocientas familias han dejado muestras de sangre para cotejarla con la de aquellos niños -hoy hombres y mujeres cercanos al medio siglo de vida- que permanecen en el seno de familias que no llevan su misma sangre, responsables de delitos de lesa humanidad por los que no han sido juzgadas.

 

Antropología forense.

 

Otro logro en el que Chicha Mariani tuvo activa participación fue la creación del Equipo de Antropología Forense, un instituto integrado por antropólogos que ha contribuido y sigue contribuyendo a la identificación de restos humanos pertenecientes a víctimas de crímenes cometidos por dictaduras en distintos países. Entre las identificaciones logradas por el Equipo argentino se incluye la del Che Guevara, sepultado en una fosa en La Higuera, Bolivia, donde había sido ejecutado luego de su captura. Uno de los antropólogos que intervino en la exhumación de los restos del Che fue Alejandro Incháurregui, quien le relató a Chicha Mariani aquel histórico momento. “Alejandro estaba junto a la fosa donde se suponía que se iban a encontrar los restos del Che. Alejandro estaba levantando los restos con todo el respeto del mundo. Primero sacan la camisa (la guayabera como le llaman ellos) y llega el momento de levantar el cráneo… entonces Alejandro dijo que le correspondía levantarlo a un médico cubano. Todo lo que hablaban lo hablaban en voz muy baja porque estaban los canales de televisión y había mucha gente.

 

-No puedo, le contestó el médico cubano.

 

-Hacelo, insistió Alejandro.

 

El médico cubano extendió sus manos y antes de retirar el cráneo del Che pronunció tres palabras: permiso mi comandante. Y recién tomó con sus manos el cráneo del Guevara. Eso me pareció una de las cosas más maravillosas que he conocido en mi vida, dijo Chicha.

 

* Periodista

 

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