Lunes 05 de diciembre 2022

Los títeres esquiladores

Redaccion Avances 25/09/2022 - 15.30.hs

Margarita Serraino recuerda el momento en que conoció los títeres. Un profesor de Santa Isabel llevó ese arte al aula, y de ahí a la gente del pueblo, que con gran emoción se reconoció en esas escenas.

 

Juan Aldo Umazano *

 

En 1944, Margarita Serraino, hoy integrante de la Fundación Chadileuvú, era alumna de la escuela 99 que estaba a tres kilómetros de Santa Isabel. Margarita me contó que “ese año cambiaron los maestros y entre ellos, había uno muy jovencito que se llamaba Natalio Fernández, quien más tarde, fue secretario de Educación de la provincia de La Pampa”.

 

Después de algunos días, finalizada la clase, dijo; “el lunes vamos a comenzar a hacer muñecos que hablan, se llaman títeres”. Ningún alumno sabía qué era un títere. Los describió con pocas palabras y agregó; “cuando lo construyan, entenderán mejor lo que es un títere, será muy divertido”. Todos nos preguntábamos en los recreos, “¿muñecos que hablan?”.  

 

Los esquiladores.

 

El maestro le pidió a mi hermano mayor que viajaba seguido a Alvear, que le comprara algunos mates de calabaza. A la semana siguiente comenzamos a modelar las cabezas. Después las niñas más grandes le cortaron la ropa y cocieron. En la construcción del muñeco, cada integrante se expresó como quiso, como pudo, como le salió. Después los pintamos. Terminado el muñeco cada niña o niño, debía trabajar con el suyo. Como los títeres eran de guante; permitían poner una mano adentro que les hacía de cuerpo. Pero nos faltaba la obra.

 

Entonces el maestro les habló de los esquiladores –oficio que todos conocíamos– y cada uno anotó lo que debía decir. ¡Con qué expectativa esperaba el estreno la gente de Santa Isabel! El pueblo se había convulsionado con los comentarios que traían sus hijos al regreso de la escuela. Todos querían ver los títeres: saber cómo eran, qué decían. 

 

Para la representación, el maestro eligió el día del cierre escolar y la función se hizo en el patio del almacén de Don Gregorio Domínguez. El escenario fue la caja del camión de Bienvenido Sol.

 

En la primera parte hubo teatro, después recitaron estrofas del Martín Fierro. Y el cierre, fueron los títeres.

 

En la primera escena pasaban los títeres diciendo qué vecino era hasta desaparecer detrás de unas arpilleras añadidas que hacían de laterales. Los que manejábamos los muñecos debíamos permanecer escondidos detrás de fardos llenos de lana.

 

 Encima de esa loma blandita, aparecieron escenas del regreso de los esquiladores trayendo bolsas llenas de ropas sucia, cacerolas, cucharones, espumaderas, pavas, mates, tijeras de esquilar, una guitarra: eran las cosas que utilizaban diariamente mientras trabajaban. Después, los títeres mostraban el dinero ganado, dinero que gastarían en Santa Isabel para alimentar a sus familias. Los billetes inmensos, también habían sido dibujado por los chicos cuando modelaron los muñecos.

 

Durante la función el público festejaba porque los esquiladores significaban una fuente de ingreso anual muy importante en el pueblo.

 

Al final, los títeres-esquiladores, preguntaban dónde estaban sus familiares: querían saber de su señora, de sus hijos o hijas, de los abuelos, los nietos. Preguntaban por los perros. El público señalaba y decía “¡Aquí están! ¡Aquí!”. La alegría de los espectadores era inmensa.

 

En aquel entonces, los caminos en el oeste eran de tierra, y de hecho todo parecía más distante. Se necesitaban días para llegar a Santa Rosa. Actualmente hay pavimento, ese trayecto se hace en horas, pero el río no corre. En aquellos años, en Santa Isabel había agua: había pasto, había lanares que se debían esquilar, es decir había trabajo. El agua ponía en marcha la cadena de producción. Resumiendo; en 20 minutos, los niños de la escuela primaria de Santa Isabel, en 1944 se expresaron sobre la importancia del agua, tema hoy más que vigente.

 

* Titiritero, escritor. Colaborador

 

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