Miércoles 29 de mayo 2024

Una sombra revelada

Redaccion Avances 24/03/2024 - 15.00.hs

En el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, compartimos con los y las lectoras de Caldenia, un cuento alusivo a la fecha, escrito por Daniel Pellegrino, colaborador de este suplemento.

 

Daniel Pellegrino *

 

Una siesta de verano alguien de mediana edad toca el timbre en una casa vieja de la Villa del Busto. El calor es mucho y la mujer que estaba desnuda en su cuarto se coloca un batón liviano y sale a ver de quién se trata. Por la mirilla de la puerta de calle ve a un sujeto de cuerpo grande, de pantalón oscuro y de camisa negra. Usa anteojos de ciego y espera paciente a la sombra del plátano. Abre lentamente y el hombre saluda, sonríe y dice:

 

-¿Está su padre?

 

- Está descansando, ¿quién lo busca?

 

-Soy un amigo, nos conocemos de hace mucho. Vengo por sus servicios profesionales.

 

La mujer se queda quieta y no puede reprimir un gesto de sorpresa.

 

-¿Cómo profesionales?

 

El hombre se quita por un momento los anteojos y se acerca.

 

-Claro, necesito revelar unas fotografías.

 

-Papá hace tiempo que dejó de hacerlo. No creo que…

 

-Está bien, lo sé. Sé también que no ha eliminado el estudio fotográfico ni el cuarto de revelado (señala una puerta clausurada a pocos metros de la mujer que no se anima a asomar del todo su cuerpo a la calle). No se preocupe, puedo esperar un rato hasta que Julio, Maco, me atienda.

 

El sujeto se muestra tan tranquilo y decidido que la mujer cierra la puerta y va al dormitorio del padre. El hombre viejo no ha dormido la siesta, solo se ha tirado a reposar los huesos; la mujer escucha el murmullo de la radio en la mesita de luz.

 

-Viejo, alguien te busca. Un tipo de negro, dice que viene a que le hagas unas fotos. Dice que te conoce de hace mucho, apesta la pinta de milico. Julio “Maco”, cuánto tiempo que alguien no decía tu apodo de joven.

 

El anciano se yergue como si le hubieran picado la espalda. No habla, ubica las chancletas y así, en calzoncillos y camiseta va en busca de la puerta de calle.

 

-Saludos, Julio, si no fuera importante no te vendría a molestar.

 

-Estoy afuera, ni me interesa la era digital, las cámaras de ahora, las redes, vos sabés…

 

-Necesito la foto de antes y lo que le sigue, o sea tu ojo y registro visual exacto.

 

Como esas dos últimas veces que te llevaron a la Primera de urgencia, te acordarás.

 

El anciano hace un gesto como de querer abrigarse mientras se aparta y deja entrar al hombre.

 

Adentro, la cocina comedor está fresca y oscura. La hija del viejo se ha sentado en el sillón de mirar televisión. Recuerda desde cuándo ha vuelto a vivir con su padre luego de un matrimonio fracasado y de que este enviudara, dos motivos que despejaron el camino de vuelta a casa, no a la casa de la infancia de los ’60 sino al entero feudo de su padre. Ya jubilado, ya sin el estudio fotográfico hacia el cual las dos figuras se dirigen; atraviesan la cocina, salen al patio y van a ingresar por la parte trasera, lugar cerrado desde hace años al que su padre nunca más permitió que ingresara ella ni nadie. El hombre oscuro le resulta familiar, un modo de caminar, esa forma de sacarse los anteojos y de mirar achicando la vista. De súbito asocia el recuerdo de cuando su hermano fue detenido. Entonces se da cuenta: reconoce la familiaridad del tipo que viene a importunar a su padre. Este hombre fue quien socorrió a la familia. Recuerda cuando le dijeron que se quedara en casa, que no le abriera a nadie, aunque fuera alguien conocido, hasta que regresaran de visitar a ese señor de la policía de la Provincia. Ella tendría trece, catorce años. Su hermano apareció a los pocos días sano, asustado; tardó más de una semana en perder los chuchos y volver al último año del bachillerato. Pero claro, este tipo no podría ser el mismo sujeto, si lo fuera, debería tener por lo menos la misma edad de su padre. Sin embargo, algo se repite.

 

Salen al patio y el viejo abre la puerta del clausurado estudio con una llave que ha tomado del tablero de la cocina. El hombre mira y asiente, hay lienzos que tapan algún mobiliario o set de fotografía.

 

-¿Guardás los negativos?

 

-Quemé todo.

 

-Muy bien, muy prudente. No vine a tomarme una foto carné, Maco. Necesitamos la precisión fotográfica de tu ojo y retentiva para hallar un sitio especial. El famoso Puntudo.

 

El viejo vuelve a hacer ese gesto como de querer abrigarse al tiempo que una mueca deforma lentamente su cara.

 

-Pero si es fácil de encontrar, en cualquier mapa bueno de La Pampa, en catastro.

 

-Claro que sí, pero el lugar exacto de la faena no está en el mapa ni en las coordenadas del GPS. Pasaron casi cincuenta años y el monte hizo su trabajo. Hace poco fueron un par de viejos muchachos para hallarlo y resultó imposible.

 

Entonces se acordaron de vos que en aquel momento acompañaste, sacaste fotos del espectáculo y dijiste –y ellos lo recuerdan muy bien- que sería imposible que durante el resto de tu vida olvidaras la exactitud del lugar, hasta captarías en el aire el “imborrable olor”, qué palabritas.

 

-No, no, mi cabeza no anda… ¿para qué volver?

 

-En Bahía Blanca hay un juzgado, un juez hincha pelotas incentivado por el deber de las causas imprescriptibles, y buscan testimonios, pruebas y que tales pruebas de la causa se conseguirían en el sur de La Pampa. Alguien buchoneó o habló de más como creyendo que después de tanto tiempo nadie querrá ni podrá hallar nada del viajecito del unimog con carne colgada hasta el monte pampeano. Por si la causa se activara, vamos a adelantarnos y ubicar el sitio a fin de verificar que nada existe, y si un rastro, huella, hondura o sobrantes por fuera de la naturaleza de la zona apareciera, se tomarían medidas conducentes a eliminar la rareza.

 

-Aquello fue una… se juntaron algunos restos y se volvió… nada pudo haber quedado.

 

-Considerá que pueden ir, si se da, con nuevos métodos y tecnologías de rastreo forense y demás. Lo nuestro será una acción preventiva, incluso eliminar pavaditas de ser detectadas en el suelo. Fierros de última generación también podríamos conseguir para eliminar lo que sea que hubiera quedado.

 

Pensá que en el gobierno siempre habrá alguien en Seguridad que sabrá manejar plata y contactos. Pero antes vamos a jugar tu ficha. Preparate, mañana apenas asome el sol vengo a buscarte. Decile a tu hija que vas a hacer fotografía antigua para el gobierno, recuperar negativos y fotos del archivo de la provincia, algo así, que vas a recuperar la memoria de cuando trabajaste para nosotros. Lo cual un poco de verdad hay en lo que haremos. No vayas a negarte o acusar achaques de viejo. ¿Cómo anda la vida de tu hijo el contador, y nietos? No se puede negar que el muchacho fue inteligente.

 

Podrías traer alguna de tus viejas cámaras de rollo, así la nostalgia te ayuda a vivir callado un tiempo más.

 

El hombre se colocó los anteojos, volvió sobre sus pasos, saludó de buen ánimo a la mujer que seguía sentada en el sillón, salió a la vereda y junto con otro hombre que estaba allí desde el principio aunque la mujer no se había dado cuenta, tranquilos, como vecinos del barrio, doblaron la esquina hacia la Escuela Hogar, el Cuarto Cuerpo, y desaparecieron.

 

* Escritor

 

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