¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Domingo 14 de junio 2026

Muestra visual de la artista Eva Dolard continúa abierta hasta fin de mes

Por Redacción 14/06/2026 - 15.15.hs

La Secretaría de Cultura y Extensión de la UNLPam organizó la muestra “La fragua del recelo”, que fue inaugurada el jueves 21 de mayo. Es una exposición antológica con obras de la artista visual pampeana Eva Dolard.

 

La muestra “La fragua del recelo” es una exposición antológica de la artista visual Eva Dolard que fue inaugurada en la Pre Sala del Aula Magna de la UNLPam. Se puede visitar hasta el 26 de junio, de lunes a viernes entre las 8 y las 20hs., en el horario matutino los visitantes pueden recibir asesoramiento del personal. La entrada es libre y gratuita.

 

Se trata de una iniciativa organizada por la Secretaría de Cultura y Extensión de la casa de estudios. La curaduría estuvo a cargo de Julieta Mansilla y las obras expuestas plantean un recorrido de dos décadas sobre el trabajo de Dolard.

 

El acto de inauguración contó con la presencia de la artista y la curadora, pero también estuvo el Rector electo de la UNLPam, Francisco Marull, el vicerrector, Oscar Alpa, la Secretaria de Cultura y Extensión Universitaria, Anabella Canciani, y la encargada del área de Cultura de esta secretaría, Guadalupe Bustos.

 

La artista Eva Dolard brindó precisiones sobre el eje curatorial de la muestra, el nacimiento de la iniciativa para realizarla y propuso un breve repaso personal sobre sus diferentes producciones y las transformaciones que observa con el paso de los años.

 

A continuación, se transcribe una entrevista facilitada por la propia artista en un comunicado:

 

"La fragua del recelo" es un título con mucha fuerza. ¿Cómo surgió la idea de esta muestra antológica? ¿Crees que tu obra le recela a algo y por eso la exposición fue titulada así?

 

A fines del año pasado apareció la necesidad de cerrar, o al menos poner en pausa, una etapa de mi producción muy vinculada a Buenos Aires y a la circulación de las imágenes.

 

La idea del recelo atraviesa gran parte de mi práctica. La sospecha funciona como motor de investigación: me interesa pensar cómo las imágenes operan y cómo solemos asumirlas de manera automática.

 

A partir de esa preocupación, Julieta Mansilla imaginó un guión curatorial basado en la “intensificación de la sospecha”, como una forma de re-sensibilización frente a las imágenes. El título surgió después, mientras jugábamos con distintas posibilidades. “La fragua del recelo” se me ocurrió porque remite tanto al lugar donde nacen las sospechas como a un espacio de transformación. En cierto sentido, el título nombra mi propia práctica, pero también el contexto universitario donde la muestra se presenta.

 

La exposición funciona entonces como una declaración, pero también como una invitación a ejercitar una mirada más crítica frente a las imágenes.

 

¿Cómo fue el proceso de curaduría con Julieta para lograr que piezas de distintas épocas convivan en armonía? ¿Descubriste alguna obsesión o hilo conductor oculto que no sabías que cruzaba toda tu carrera?

 

El proceso con Juli fue muy natural. Nos conocemos mucho, compartimos muchas miradas sobre el arte y ya habíamos trabajado juntas en 2023 en A través de las cosas inquietas, así que existía una conversación previa bastante profunda sobre mi producción.

 

Además, conoce gran parte de mi obra y hacía tiempo insistía en que mucho de ese trabajo era prácticamente desconocido en La Pampa. Cuando apareció la posibilidad de hacer esta antología, no imaginé a otra persona para acompañarla curatorialmente.

 

La selección fue compleja porque reunía obras muy diversas y de momentos muy distintos. Trabajamos desde octubre pensando relaciones, tensiones y continuidades entre ellas. Cuando apareció la idea de la “intensificación de la sospecha” como eje curatorial, muchas cosas comenzaron a ordenarse.

 

Más que descubrir algo oculto, el proceso confirmó ciertas insistencias: incluso cambiando materiales, procedimientos o épocas, algunas preguntas seguían apareciendo de distintas maneras.

 

La muestra reúne obras que atraviesan, por lo menos, dos décadas. Al mirar hoy tus primeras obras, ¿reconocés a la artista que las creó o sentís que estás viendo el trabajo de otra persona?

 

Me reconozco perfectamente en la artista que creó esas obras, aunque a veces me sienta lejana de aquella persona. Muchas de esas piezas funcionaron como dispositivos de reflexión, por lo que cuestiones que entonces apenas aparecían hoy forman parte de mi marco visual, afectivo y teórico.

 

También me sucede que obras realizadas en momentos y contextos distintos ahora construyen relaciones nuevas entre sí, no solo conceptuales sino también afectivas.

 

Entonces sí: soy otra persona, pero no porque exista una ruptura. Más bien siento que esta antológica pone distintos tiempos de mi práctica en relación. Muchas de aquellas preguntas y obsesiones siguen presentes, aunque transformadas. Por eso las obras no aparecen como algo cerrado o pasado, sino como materiales que todavía producen sentido y dialogan entre sí desde el presente.

 

En relación a la pregunta anterior, ¿Cómo se transformó tu proceso técnico y material desde tus inicios hasta las últimas piezas de esta antología?

 

Como mi trabajo no está pensado desde una lógica puramente técnica, me cuesta separar la técnica de la práctica y de la obra misma. La técnica es pensamiento, procedimiento, herramienta y resultado al mismo tiempo.

 

Trabajo con series que continúan durante años y que vuelvo a retomar desde contextos vitales, políticos y afectivos diferentes. Por eso no pienso la transformación técnica en términos de progreso o sofisticación, sino como distintas maneras de alojar preguntas e inquietudes que también van cambiando.

 

La pieza que da nombre a la muestra, por ejemplo, fue realizada especialmente para esta antológica, pero retoma una de las prácticas más persistentes de mi trabajo: el dibujo a carbónico. Lo que sí cambió profundamente en esta instancia fue trabajar con asistentes. Eso modificó el proceso, la escala y también el resultado, además de obligarme a volver a aprender algo fundamental: la confianza.

 

¿Qué balance hacés de la recepción del público durante la inauguración? ¿Qué te gustaría que se lleve en el cuerpo alguien que camina la muestra por primera vez?

 

La inauguración fue hermosa, llena de gente que quiero y que conocía fragmentos de mi trabajo, pero que al verlo todo junto se encontró con otra cosa. No es lo mismo ver las piezas por separado que verlas en relación.

 

La muestra propone un tiempo de percepción distinto. No busca el impacto inmediato ni la contemplación pasiva, sino que le pide al público involucrarse y construir sentido desde su propia experiencia.

 

Soy consciente de que mi trabajo rara vez funciona como un fenómeno espectacular. Sin embargo, creo que sí produce efectos: tal vez de manera más silenciosa y desplazada en el tiempo. Muchas veces las obras vuelven después, reaparecen en la memoria o ayudan a pensar algo desde otro lugar. Me gusta creer que parte de su potencia reside justamente ahí.

 

Fotos: Rodrigo Pérez. 

 

 

'
'