Martes 18 de junio 2024

Cristian Canuhe: el pibe que proyectó y cumplió su sueño

Redacción 08/03/2023 - 00.35.hs

"Estoy relajadísimo; muy bien de la cabeza", remarca Cristian "Kiti" Canuhé en el inicio de la charla con LA CHUECA. El domingo dijo adiós a su carrera como futbolista, esa que proyectó y preparó desde hace más de 30 años siendo un niño, y en parte siente que se sacó una pesada mochila que en los últimos tiempos le costaba llevar.

 

"En parte me terminó pesando, especialmente después de lo que nos pasó con Ferro de Pico en Mendoza", confía el ahora ex mediocampista de 35 años, recordando el triste episodio en el que hinchas de Huracán Las Heras arremetieron durante un partido a los tiros y terminaron baleando al DT del Verde pampeano, Mauricio Romero.

 

"Ahí mi cabeza dijo 'no quiero más'; pensé que nada podía justificar una cosa así. Y lo que más me pesó fue el post partido, porque ninguno de los que toman las decisiones en el fútbol actuó como se debía. Las sanciones fueron una vergüenza; no se lo tomó en serio, se lo tomó como algo más. Le pegaron un tiro a alguien y no se tomó dimensión solamente porque no hubo una muerte. Y dije 'ya está', se termina mi carrera", recuerda Canuhé, quien tras ese torneo dejó Ferro y el profesionalismo para volver a su casa en Toay y tirar sus últimos cartuchos en un fútbol más amateur.

 

"Enseguida llegó All Boys (de Santa Rosa), me propuso jugar el Regional y como estaba en ritmo decidí seguir un poquito más, pero la verdad es que se me hizo largo el año", agrega el Kiti, que luego estiró unos meses más su retiro para despedirse en el club en el que había empezado, Belgrano de Santa Rosa: "Fue algo más personal; quería terminar donde había iniciado porque era algo que había dicho y quería cumplir".

 

- ¿Dejaste de disfrutar el hecho de estar dentro de una cancha?

 

- Cuando llegaba el domingo me generaba ganas, jugaba y competía como siempre. Pero la semana me costaba; ya no encontraba desafíos, se había vuelto algo rutinario y era como que a todo ya lo había visto. Iba a entrenar muchas veces en automático. Sí disfrutaba el hecho de estar y charlar con los chicos, y de jugar los domingos, pero me faltaba motivación. Siempre medí las cosas por si las disfrutaba o no, y me terminó ganando el no.

 

Preparar el sueño.

 

"Cuando era chiquito, como Guardia del Monte no tenía infantiles los padres armaban algunos equipos, íbamos a los campeonatos de baby que organizaba All Boys y usábamos la camiseta de Guardia. Después los mismos padres armaron una escuelita, Ceferino Namuncurá, donde jugábamos, pero en mi caso desde los 4 años empecé a ir a Belgrano porque lo acompañaba a mi viejo (Carlos 'Indio' Canuhé), que jugaba. Entonces estaba en Namuncurá, pero en los torneos iba a jugar con Belgrano a muchos lados", recuerda Cristian sobre sus inicios en su Toay natal.

 

- ¿Sentías en esos inicios que marcabas la diferencia?

 

- Hacía de todo. Jugaba atrás porque le pegaba fuerte, sacaba los laterales, cabeceaba... Lo que pasa es que en mi casa siempre teníamos pelotas y con mi viejo entrenábamos cosas básicas. Después pasé a jugar en categorías más grandes y veía que competía, me sentía bien. Era muy competitivo; recuerdo que quería ganar siempre y a veces me iba llorando, o me enojaba con mis compañeros porque no habían descansado bien en la noche anterior.

 

- Desde chico lo tomaste muy profesionalmente...

 

- Sí, empecé desde chico con mucha disciplina y pasaba mucho tiempo frente a mi casa pateando. Volvía de entrenar en Belgrano y me ponía a patear tiros libres, a dominarla, a imaginar cosas. También me cuidaba en la alimentación. Recuerdo que Raúl Camerlinckx venía a hablar con mi viejo de táctica y yo era parte de esas conversaciones, escuchaba qué hacía tal jugador para cuidarse y yo trataba de hacer lo mismo.

 

- ¿Siempre confiaste en que ibas a ser profesional?

 

- Sí, y lo fui preparando desde chico. Era un sueño que iba tratando de buscar y proyectando todos los días. Cuando se hablaba de la posibilidad de ir a Lanús, me decían que me iba a tener que ir a vivir solo y que me tendría que lavar la ropa y plancharla, y entonces le preguntaba a mi mamá cómo lo tenía que hacer para estar preparado. Al final fui con mi hermano (Daniel, hoy entrenador de arqueros de los seleccionados) y lo tuve que hacer por dos, porque él no hacía nada, ja. Pero siempre fui muy disciplinado, en el colegio también; nunca me llevé una materia, en parte pensando en que si andaba mal podía complicarme con algún viaje del fútbol o algún entrenamiento.

 

Primera a los 15.

 

Además de jugar para Belgrano, donde llegó a dirigirlo su padre en las formativas, Canuhé también competía para la escuelita Don Balón, hasta que Héctor 'Patilla' Kruber lo convocó para sumarse a Guardia del Monte. "Me hizo jugar con 11 años en Reserva, con gente grande, y recuerdo que pateaba el córner y no llegaba ni al área", señala el Kiti.

 

"Entonces me volví a las inferiores de Belgrano, y cuando Patilla se fue a Atlético Santa Rosa nos fuimos con él con casi toda la categoría 87. Primero jugué en el Sub 21 que dirigía el Chueco Ramírez y después en la reserva de Santiago Alou. Después Santi agarra Primera y para el último partido del Provincial (2002), ya eliminados, nos sube a Vigne, Aymú y a mí, y nos hace debutar en Toay contra Guardia. Tenía 15 años", remarca.

 

El salto.

 

Cristian Canuhé jugó profesionalmente en Defensa y Justicia (Nacional B), Audax Italiano de Chile (Primera División), Atlético Rafaela, San Martín de San Juan y Temperley (Primera División de AFA), All Boys de Floresta (Nacional B), Alvarado de Mar del Plata, Deportivo Madryn y Ferro de Pico (Federal A).

 

Su salto al fútbol de Buenos Aires, sin embargo, fue de la mano de Lanús, club al que llegó junto a su hermano Daniel (arquero) en 2003 para seguir construyendo, no sin inconvenientes, su sueño de Primera.

 

"En 2002, en una prueba que el Beto Ramírez hizo con El Recreo, lo ven al Dani (su hermano) y me llevan a mi también. Pero después él se vuelve y a me dijeron que en realidad me habían llevado para hacerle compañía. Entonces también me volví...", recuerda con una sonrisa.

 

"Pero en 2003 fuimos toda la 87 de Santa Rosa a otra prueba y ahí sí ya quedamos los dos en Lanús. Dani se venía cada tanto y yo me quedaba; estaba convencido que tenía que llegar. Mi hermano en cambio era distinto", señala, y cuenta una anécdota que pinta a Daniel: "Una vez, estando en la escuelita Don Balón, durante una práctica el viejo Patilla se da cuenta que el arquero no estaba, y era porque al Dani lo habían pasado a buscar para ir a bailar folclore y se había ido, dejando el arco libre. El viejo al otro día lo quería matar..."

 

"En Lanús estuve desde séptima hasta cuarta, pero no llegué a firmar contrato. Cuando quedó a cargo Luis (Zubeldía), me dijo con sinceridad que si podía buscara otra cosa. Entonces pedí el pase libre porque tenía una oferta para ir a México, pero el muchacho que me iba a llevar me clavó. Y quedé tres meses dando vueltas con el pase", cuenta. "Fui a Chacarita dos semanas, a Ferro, hasta que me llaman de Defensa y Justicia, me lleva (Ricardo) Kuzemka y ahí firmé mi primer contrato profesional", amplía.

 

- ¿En esos tres meses dando vueltas no se te pasó por la cabeza volverte?

 

- No, nunca. Estaba convencido que se me iba a dar, que iba a aparecer un club. Incluso era como volver a tener 14 años, porque iba a pruebas multitudinarias. Me acuerdo que en la prueba faltaba un lateral izquierdo para completar un equipo y me metí, y agarraba la pelota y me iba para arriba para mostrarme.

 

- Es un momento difícil el del primer contrato porque la mayoría de los chicos se vuelve sin lograrlo...

 

- Sí, la mayoría se vuelve y sin saber para dónde ir. Es muy duro; es como prepararte muchos años y que al final no te den el título. En mi caso no me di lugar para pensar en volver. Mi viejo me decía que si quería podía volverme, pero yo le decía que tenga paciencia que algo se iba a dar. Confiaba mucho en mí.

 

Profesional.

 

Su debut como profesional se dio el 22 de agosto de 2008 contra Ferro de Caballito, defendiendo la camiseta de Defensa y Justicia en la Primera B Nacional. "Entré en ese partido y terminamos empatando 3 a 3 con centro mío y gol de Bati Aranda", recuerda Canuhé, que estuvo dos años en el Halcón, donde el final no fue del todo feliz.

 

"Cuando se terminaban mis dos años, un hombre vino y me dijo 'firmá el nuevo contrato', como imponiendo condiciones. No querían negociar, me querían hacer firmar lo que ellos querían, pero otra gente y algunos compañeros me ayudaron a no firmar nada. En el medio estaba Christian Bragarnik (hoy famoso representante), que recién empezaba en el fútbol argentino, y fue todo muy feo, con aprietes para que firmara y diciéndome que si no lo hacía no iba a jugar nunca más en ningún lado", apunta el toayense.

 

"Al final quedé libre, a ciegas, y a los 15 días me dijeron que tenía para ir a Chile. Al principio no quería por desconocimiento, pero me encontré con un lugar muy profesional. En Audax lo tenía todo, los lugares de entrenamiento, la paga, la atención... Me sentí profesional en todo sentido", asegura.

 

El sueño.

 

Al pibe que había proyectado ser profesional le faltaba jugar en la Primera División del fútbol argentino, un sueño que se cumpliría luego de varias idas y vueltas, bajo la dirección técnica de un campeón del mundo y que comenzaría nada menos que en La Bombonera: su debut fue el 18 de agosto de 2013, al ingresar en la derrota 2-1 ante Boca, para el que marcó un gol Juan Román Riquelme.

 

La camiseta que le permitió entrar a ese mundo fue la de Atlético Rafaela, que fue a buscarlo a Chile para el torneo 2013 por el interés del entrenador Jorge Burruchaga. "El refuerzo estaba entre Cristian Llama y yo. Por un lado, en el diario Olé salían títulos como "Canuhé apaga la Llama" y me ilusionaba, pero a la vez Llama subía mensajes en Twitter diciendo que viajaba a Argentina. Además él estaba en el Catania de Italia y yo decía listo, va él, no tengo chances", repasa Canuhé sobre los cabildeos previos a su llegada.

 

"En Audax no me querían dejar salir, pero les pedí que quería un cambio y fui a hablar directamente con el presidente, porque llevaba tres años en el club, estaba demasiado cómodo y venir a Primera de Argentina era un gran desafío. Pero todavía no había nada concreto", agrega a la historia.

 

"En medio de todo eso, mientras estaba en la concentración para jugar en la primera fecha contra Colo Colo, me dijeron: 'Jugá bien porque te van a ver de Argentina'. No sabés cómo estaba, ganamos por goleada, hice un gol de penal y una asistencia. Llegué a casa y le dije a Vicky, mi mujer: 'Si no es ahora, ya está. Tiene que ser ahora'".

 

Y completa: "Unos días después, mientras estaba tirado en el sillón mirando un partido de Copa Sudamericana, me suena el teléfono con un número que no conocía. Era Jorge Burruchaga. 'Sí, Jorge, cómo anda', contesté y me senté. Hablamos de fútbol, apareció una persona para arreglar mi salida de Audax, a préstamo, y se dio. Llegué unas horas antes de que cierre el libro de pases".

 

- Y se dio el esperado debut en la máxima categoría de AFA...

 

- Llegué un jueves a Rafaela y fui a ver al equipo, que enfrentaba a Lanús. Ese fin de semana no se jugaba porque había elecciones; el viernes hicimos una práctica de fútbol, hice dupla con Albertengo e hizo como tres goles. Y el martes, en el entrenamiento, Jorge me dice que el sábado me llevaba a La Bombonera para el partido con Boca, y que iba a jugar.

 

- ¿Recordaste, al entrar a La Bombonera, todo lo que habías proyectado para que se hiciera realidad?

 

- Sí, fue como sonreír y decir 'che, estoy cumpliendo el sueño'. Ya tenía como 100 partidos en la Primera en Chile, pero esto era con lo que había soñado siempre. Y en ese partido como en muchos más, siempre me recordaba pateando frente a mi casa cuando era chico y diciendo que iba a jugar en Primera. O tiraba un sombrero y me acordaba de cuando los practicaba en Toay.

 

Guardia, La 33 y la Iglesia.

 

Tras el retiro, Cristian Canuhé dividirá sus días trabajando en el Club Guardia del Monte (es el flamante coordinador de fútbol), continuando con su emprendimiento familiar "La 33" (un complejo de canchas de fútbol y pádel en Toay) y cumpliendo con otro desafío pendiente que tiene que ver con la Iglesia cristiana.

 

"En primer lugar quiero empezar a ser 'normal', a dejar de ser mirado como futbolista y que estén pendientes de lo que hago. A trabajar y volver a casa como todo el mundo, sin que te midan permanentemente. El fútbol profesional mentalmente es muy desgastante y no es saludable. Y la formación tampoco es saludable y quedan muchas secuelas. Entonces necesito bajar ese cambio", confía el ahora ex futbolista.

 

"Y el desafío más grande pasa por consolidar nuestro proyecto de hacer Iglesia con mi mujer (Vicky) y varios chicos. A mí en lo espiritual Dios me ayudó mucho a sobrellevar las presiones; me hizo entender que el fútbol era parte de mi vida y no mi vida. Entonces lo que queremos es tratar de acompañar a las personas desde lo espiritual. Y hacía ahí van nuestras energías", cierra Canuhé, padre de Catalina (3) y Helena (8).

 

Boca, River y las fotos borradas.

 

"Me faltó jugar una copa internacional. Jugué preliguilla, pero no Libertadores ni Sudamericana y es algo que me hubiera gustado", cuenta Cristian Canuhé sobre sus "cuentas pendientes" en el fútbol. Y recuerda una anécdota de cuando estuvo en el radar de un grande como Boca, siendo hincha de River. "Estaba en Rafaela, iba todo muy bien y me había contactado gente de prensa de Boca para decirme que estaba en carpeta. ¿Sabés lo que hice?, empecé a eliminar las fotos que tenía en Facebook con la camiseta de River, por si se daba y para no generar críticas. Pero quedó en ese supuesto interés y al final no se dio", dice con una sonrisa.

 

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