"Molle" enciende el fuego

Redacción 18/12/2021 - 00.41.hs

Carlos Peralta trabajó siempre en la albañilería pero la pandemia lo llevó a diversificarse a otro rubro: fabrica y vende fogones artesanales. Con su marca “Molle” se impuso en un mercado donde hay una demanda siempre vigente: la de hacer un buen asado.

 

Su historia tiene varios puntos en común con la de mucha gente que, frente a un escenario inesperado y difícil de sobrellevar, tuvo que poner un freno obligado y tomar otra dirección. Es uno de los caminos que suele llevar a descubrir un perfil emprendedor que quizá, sin ese componente sorpresivo, no se hubiese puesto en marcha. Pero Carlos buscó y entendió que ahí tenía la chance de una nueva oportunidad, de pasar de construir casas a hacer fogones, esas estructuras que prepara para un buen asado, un cordero, un chivo o una variedad de verduras. Cualquier comida que se haga al calor de las brasas.

 

“Desde siempre trabajo en la construcción pero cuando la pandemia paralizó todo, que fueron más de 40 días, me pregunté qué hacer porque soy muy activo y estoy todo el día laburando. Me gusta soldar y siempre hago algunas cosas así que me traje unos hierros que tenía en el galpón y me puse a hacer fogones porque vi que en Santa Rosa no había mucho y estaba bastante de moda. Me enfoqué en eso y por suerte enseguida empezó a andar muy bien”, resume Carlos Peralta (44 años) al contar los detalles de cómo surgió ‘Fogones Molle’, verdaderas obras artesanales tan variadas como completas, con cada detalle pensado para que el o la asadora tengan todo al alcance de la mano.

 

“Siempre trato de conseguir hierros antiguos, sobre todo llantas de cosechadoras y de sembradoras que tienen un tamaño ideal. Muchas veces me llaman y me ofrecen así que compro y tengo en stock. El modelo más grande que hice fue de 1,60 metro de diámetro por 40 centímetros de alto, que fue para un cliente de Buenos Aires que tiene un campo en la ruta 14, lo tuve que fabricar especialmente porque no vienen ruedas de ese tamaño, son de hasta 1,40”, detalla mientras muestra los fogoneros que tiene listos y que asombran por su nivel de calidad y cantidad de accesorios.

 

Carlos, que sacó el nombre de su emprendimiento del apodo que le pusieron desde su infancia en la cordobesa Huinca Renancó (“me decían Molle y quedó. A Santa Rosa llegué en el ’96 y ya no me fui”, resalta), utiliza madera para hacer el leñero mientras que a los fogones les incluye una mesada de madera de caldén que luego pinta y deja lista con una manufactura impecable.

 

“La mayoría de los fogones que hago tienen doble asador, parrilla, brasero y todos los utensilios como la palita, el tenedor, el pisador, los pinches, los canastos. Quedan muy completos y por supuesto que tienen la rueda para poder moverlo si querés cambiarlo de lugar o si llueve y hay que resguardarse. Les hago el piso de ladrillo, busco los ladrillos de mejor calidad y que no sean refractarios, no les pongo piso de chapa porque con el tiempo se pudre, en cambio si se te rompe un ladrillo lo cambiás y sigue sin problemas”, resalta Carlos mientras muestra los distintos modelos que ya tiene listos porque fueron encargados o porque están a la venta en su taller y centro de ventas (en la calle Liberato Rosas 1.400, en la esquina con Rubio Sur. Su WhatsApp es 2954 513489).

 

Ventajas.

 

Los fogoneros de “Molle” no solo se venden en Santa Rosa sino que recibe pedidos desde otras localidades, incluso desde fuera de la provincia. “Un hombre de Cipolletti me encargó uno y después de eso se ve que hizo recomendaciones y me pidieron dos o tres más. A la gente le gusta mucho el hierro de mucho tiempo de antigüedad, hay ruedas que tienen 60 años y están intactas, es un metal duro que persiste toda la vida. Algunos clientes lo piden barnizado y otros así como está en la forma original”.

 

Carlos destaca que muchos clientes prefieren un fogonero a construir una parrilla de material que hoy tiene un alto costo. La posibilidad de moverlo y de instalarlo en distintos lugares es una ventaja además de ofrecer la posibilidad de asar desde lo más tradicional hasta platos más variados o no tan acostumbrados al paladar popular.

 

¿Qué te genera el hecho de construir los fogones más allá de tu trabajo diario como albañil?

 

“Frente a una situación como la que impuso la pandemia hay que buscarle la vuelta, y yo encontré esto que me da gran resultado y es algo que me gusta mucho. Además con los fogones puedo ser creativo, armarlos de diferentes formas y tamaños porque ninguno es igual a otro, los voy haciendo en el momento. Es algo muy distinto al rubro de la construcción donde vos tenés que seguir un proyecto que es algo bien estructurado y ya armado. Yo voy a seguir con la albañilería porque tengo muchos clientes y no los puedo dejar colgados, pero lo de los fogones es algo muy lindo que surgió en forma inesperada pero que marcha muy bien”.

 

Funcionalidad.

 

Junto a su pareja Patricia (trabaja como docente), Carlos cuenta los distintos pasos que realiza para construir esas creaciones que luego tendrán fuego y brasas para el punto justo en que salga la esperada comida. En general le lleva una semana de trabajo aunque esos plazos pueden acortarse si se dedica cien por ciento al emprendimiento que se erigió como un referente en el rubro.

 

“Arranco desarmando la rueda, después le coloco abajo unos hierros que es donde calza el ladrillo. Hago los accesorios y el sistema para subir y bajar el asador que lleva un buen tiempo. La parrilla es grande así que le tirás lo que vos quieras: cordero, lechón, chivo. Podés ir asando verduras, ponés chorizos en los pinches, todo lo que quieras y se va haciendo al mismo tiempo. A la gente le gusta mucho porque es algo muy funcional, que lo podés ubicar en cualquier lado, tiene mucha calidad y te va a durar toda la vida”.

 

Carlos muestra un pequeño prototipo que armó para llevarlo de vacaciones y detalla los distintos asados que supo realizar. En las fotos que sube a las redes hay modelos y variedades de fogones y todos tienen su sello distintivo, “Molle”, una garantía a la hora de sentarse a la mesa aunque luego, por supuesto, también dependerá de la mano de quien enciende el fuego. Por eso la estructura está, solo falta elegir el menú.

 

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