Domingo 05 de febrero 2023

Un cambio de rumbo

Redacción 26/11/2022 - 00.38.hs

Los hermanos Quattrocchi vivían en un pequeño pueblo bonaerense y nunca habían estado en Santa Rosa, pero buscaban un cambio en sus vidas y surgió la chance de comprar la panadería "La Rueda", una tradición que cambió de manos pero que mantiene inalterable su calidad.

 

"Apenas entramos a la ciudad, nos encantó. Cruzamos miradas y nos dimos cuenta de que a los dos nos pasó lo mismo. A los 15 días ya teníamos la dirección radicada acá. No nos vamos más", sonríen pero al mismo tiempo no dejan lugar a dudas de que se trata de una afirmación. "Somos dos pampeanos más", subrayan mientras observan cómo terminan de prepararse las medialunas, las masas finas, las tortas, los arabitos, los chipá o algunos de los muchos y exquisitos productos que "La Rueda" tiene para ofrecer.

 

Y es que la tradicional panadería santarroseña tiene una rica historia y desde 2018 Silvio y Alfredo Quattrocchi están al mando de un comercio donde trabajan 12 personas y donde cada día la actividad comienza a las 4.30 de la madrugada y se extiende hasta la noche.

 

"Nosotros somos de Germania, es un pueblo bonaerense que está cerca de Junín, de Pergamino, y más arriba de la ciudad santafesina de Venado Tuerto. Nuestro padre tuvo el primer comercio de Germania, una carnicería donde ataban los caballos en el frente y la gente compraba. Mamá es pastelera y en mi caso, cuando terminé la secundaria, me fui a estudiar Abogacía", cuenta Silvio, de 47 años, que es el mayor de los hermanos.

 

"Yo estaba en el secundario todavía pero mi viejo ya nos había aclarado sin dejar lugar a dudas: o trabajan o estudian. Un día en una charla de familia nos preguntaron qué íbamos a hacer en el futuro y ahí surgió la posibilidad de poner una panadería en el pueblo. Averiguamos, nos dieron un crédito y con ahorros compramos herramientas. Así que en el '96 mi hermano dejó de estudiar y los dos abrimos el local", recordó Alfredo (44).

 

Estuvieron 22 años al frente del negocio. "Siempre fue mano a mano, hacíamos todo los dos porque no teníamos empleados, solo cerrábamos tres días al año, el 1 de mayo, en Navidad y en Año nuevo, así que conocemos bien el oficio", resaltan. Les iba bien, la panadería daba sus frutos y toda la comunidad los conocía. Era la panadería del pueblo y allí todos confluían en busca de las recetas más ricas. Pero había algo que a ellos los tenía inquietos, que de manera más seguida los encontraba mirando hacia afuera de las fronteras de Germania.

 

"Es un pueblo muy chico, de unos mil habitantes, y lo cierto es que en el año 2000 cerró una fábrica de lácteos que era muy importante y entonces eso se empezó a notar. Los chicos que se iban a estudiar no volvían más, la población se iba envejeciendo. Ya no había estación de servicio, ni banco, ni hospital. Nosotros hicimos una proyección a diez años de lo que podía pasar con el pueblo y eso que proyectamos no sucedió en diez sino que pasó en cinco años, por eso, a un proveedor que teníamos le comentamos que si sabía de alguna panadería que se vendiera en otra ciudad, que nos avisara", detalló Silvio sobre los pasos previos que desembocarían en un destino totalmente inesperado.

 

"Un día nos llamó este hombre y nos dice: 'Tengo la panadería para ustedes'. Cuando le preguntamos dónde era y nos dijo Santa Rosa nos empezamos a reír. La verdad es que nunca se nos había ocurrido, siempre pensábamos que podía ser en la zona donde estábamos o para arriba en el mapa. En principio dijimos que no, era lejos, no sabíamos nada, pero nos dejó el número de teléfono para que llamemos a ver qué pasaba. Un día lo hablamos más seriamente y llamamos (a 'Cacho' Abt, dueño anterior de La Rueda), nos gustó la propuesta de compra pero por supuesto había que ir y ver, estar en el lugar, así que un sábado nos organizamos -porque no cerrábamos nunca y había que estar- y viajamos".

 

 

Lo que buscaban.

 

Ese viaje fue en 2016. Y el flechazo fue instantáneo. "Apenas entramos a la ciudad nos gustó, veíamos a la gente tomando mate en la vereda, socializando. Era una imagen muy linda y nos encantó. Y la panadería ni hablar, es lo que buscábamos, algo más grande, con cafetería, mesas y la posibilidad de ir agregando cosas. Fuimos negociando hasta que en febrero de 2018 nos hicimos cargo y acá estamos", resumen mientras las empleadas, vestidas con camisetas argentinas en plena efervescencia mundialista, atienden clientes, reponen las estanterías y ordenan cada producto para que luzca mejor.

 

Al principio no fue fácil, nadie los conocía ni ellos conocían a nadie. Mantuvieron a la totalidad del plantel de empleados y desde Germania trajeron dos más.

 

"Nos agarró el final del gobierno de Macri, que la cosa estaba muy complicada, y después la pandemia. Pero la peleamos y nos pudimos mantener bien. Hay mucho movimiento acá, hay clientela de siempre y gente que se renueva todo el tiempo. Para nosotros no fue fácil el desarraigo porque allá nos iba bien, pero la cosa pasaba por otro lado, por dar un salto, afrontar un desafío y eso fue lo que nos motivó", resalta Silvio.

 

"Y estamos muy contentos, muy cómodos. Santa Rosa nos recibió muy bien y nosotros nos adaptamos sin problemas. Incluso al tiempo nuestra mamá se vino a vivir con nosotros porque tenemos otra hermana y vive en Venado Tuerto, pero ella quiso venir para acá", señalan.

 

La Rueda ofrece una gran variedad de productos. La receta es la calidad y originalidad. Y también la atención de quienes están detrás del mostrador, como Roxana, que trabaja en el local desde hace 12 años y es quien más tiempo acumula allí como empleada.

 

"Tenemos gente que trabaja muy bien y eso es una tranquilidad y un aliciente. Nuestra idea es abrir nuevas sucursales y nos gustaría generar más fuentes laborales. Hoy esas condiciones no están dadas por diferentes circunstancias pero no dejan de ser nuestros planes. Desde que llegamos le fuimos agregando cosas a la panadería y eso es algo que hacemos frecuentemente", apuntan los Quattrocchi.

 

La panadería de la calle Bartolomé Mitre tiene un desfile incesante de clientes y el calor no quita las ganas de darse un gusto o compartir "algo que les gusta a todos", como una docena de facturas o los infaltables sandwiches de miga. Sabores tradicionales que se renuevan pero que no pierden su esencia ni su calidad. Es una rueda siempre en movimiento, y con la mejor receta.

 

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