Sabado 25 de mayo 2024

De Santa Rosa, al continente blanco

Redacción 13/04/2024 - 09.26.hs

Luego de cuatro años de investigación, diseño y desarrollo, el ingeniero electrónico santarroseño, Andrés Travaini, probó en la Antártida un prototipo de inosonda con resultados “satisfactorios”. Este trabajo apunta a desarrollarlo en el país ya que “no se fabrica en Argentina hasta ahora”.

 

El ingeniero de 35 años estuvo un mes en la Antártida trabajando en la base “más austral austral” de toda Argentina, la Belgrano 2. En diálogo con LA ARENA, relató que su experiencia en el continente blanco comenzó el 6 de febrero de este año cuando partió desde Ushuaia en el rompehielos Almirante Irizar.

 

Una vez en la base Belgrano 2, contó que se encargó de realizar “dos tareas”. Una de ellas fue -junto al ingeniero del Instituto Antártico Héctor Ochoa- el mantenimiento del instrumental electrónico de la base. Y además, señaló que “lo más destacado es que probé un prototipo de ionosonda o sondeador ionosférico”.

 

Ionósfera.

 

El ingeniero graduado en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Córdoba, describió que el instrumento que diseñó “mide las concentraciones de electrones en la ionósfera, la capa de la alta atmósfera arriba de los 100 kilómetros de altura”. En ese sentido, explicó que “esto sucede muy por arriba de la atmósfera donde hay meteorología”.

 

En esta capa es donde llegan las señales de radio que se emiten desde la tierra o donde están los satélites.

 

Consultado por el funcionamiento, subrayó que logró “probar un prototipo de un instrumento que no se fabrica en Argentina hasta ahora”, y además, remarcó que “los resultados han sido satisfactorios”. En ese sentido, contó orgulloso que el principal resultado que logró que “funcionó en un lugar como la Antártida”.

 

Tecnología propia.

 

El diseño de la ionosonda le “llevó aproximadamente unos 4 años”. Su interés en crearlo “surge porque este instrumento es muy útil para la ionósfera y la comunicación”. Travaini subrayó que en nuestro país “hay solamente dos instrumentos, uno en Bahía Blanca y el otro en Tucumán”, y aclaró que son oriundos de Italia en realidad, del Instituto Nacional de Geología y Vulcanología de Italia.

 

“En Argentina no se fabrica ni se desarrolla este instrumento, por eso lo desarrollé con tecnología propia, con costos reducidos. Fui aprendiendo a hacerlo y como funciona”, destacó.

 

“Fui instruyéndome, leyendo sobre el tema, una tarea de diseño de ingeniería para llegar al prototipo y construir algo funcional”, expresó.

 

Por otra parte, “es un prototipo y con lo que probé y aprendí, estaría en condiciones de fabricar una versión definitiva que se pueda producir. Es la idea para poder instalar en distintas partes de la Argentina y de la Antártida”, dijo esperanzado.

 

Consultado por cómo consiguió presupuesto para hacerlo, afirmó que fue “con fondos propios” y que “la idea era hacerlo de presupuesto reducido porque los que se compran en el exterior son muy caros y difíciles de conseguir”.

 

Además, subrayó que “es un instrumento científico, por lo tanto hay que ofrecerlo no solo en Argentina, sino en otros países”.

 

Invitación.

 

Travaini contó que llegó al continente más austral del mundo “por una invitación del Instituto Antártico Argentino”. Al mismo tiempo, explicó que la ionosonda se probó allí porque en “la Antártida la ionósfera tiene un comportamiento distinto en los polos”. Esto se debe a que “el campo magnético se concentra en los polos”, detalló.

 

El ingeniero santarroseño conoció “por primera vez” al continente blanco. En ese sentido, contó que “la experiencia es muy buena, no solo desde lo científico, sino desde lo humano, lo natural, conocer otros paisajes, otras realidades”. “El lugar es impactante”, reflexionó.

 

En el lugar relató que trabajó en la Base Belgrano 2, pero también visitó Orcadas, Carlini y Marambio. Además, contó que pasó “mucho tiempo en el rompe hielo. En las bases estuve un día o menos”, y agregó que “hay un buen espíritu de camaradería” en las personas que están en la zona más austral del mundo.

 

Por último, durante la llamada telefónica con este diario, recordó que las temperaturas llegaban a unos 10 grados bajo cero y que “todo el viaje se hace en el rompe hielo, solo una pequeña parte se hace en helicóptero” para llegar a las bases.

 

“Fenómenos de altísima energía”.

 

El ingeniero santarroseño trabaja desde el año 2016 en el Observatorio Pierre Auger que se encuentra en Malargüe, Mendoza. La principal tarea de este importante observatorio es la detección y análisis de rayos cósmicos de altísima energía.

 

Travaini explicó que es “un observatorio de partículas de rayos cósmicos” y que son estudiados por que “son fenómenos de una altísima energía que no se puede generar en la tierra”, destacó. “Las partículas que componen los rayos cósmicos no se pueden generar en la tierra por la altísima energía que viene del espacio”, indicó.

 

Consultado por el origen de estos rayos, explicó que “provienen de fenómenos astrofísicos muy intensos pero no se saben de donde previenen. Tanto de donde provienen y de que están compuestos. El objetivo del observatorio es dilucidar los rayos cósmicos”, contó.

 

Único.

 

Por otra parte, subrayó que “es el único en el mundo”. “En la observación de rayos cósmicos es el más importante por el mundo. También por su tamaño tiene 3.000 kilómetros cuadrados”, agregó.

 

En tanto, señaló que su investigación en la Antártida “no está relacionada a mi trabajo, pero me dieron todo el apoyo para ausentarme dos meses”.

 

Comunicados desde el sur.

 

Durante la entrevista, Andrés Travaini comentó que además de ser ingeniero es radioaficionado (LU3HO), ya que la ionosfera, es donde llegan las señales de radiofrecuencia que se pueden estudiar con la ionosonda. En su tiempo en la Antártida, contó que pudo “hacer algunos comunicados desde el rompehielos Irizar, las bases Carlini y Marambio”.

 

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