El utilero, un imprescindible del club
Hay un trabajo silencioso que posibilita empezar a ganar un partido de fútbol. Las camisetas lavadas, los botines brillosos y el vestuario limpio no se hacen solos. Detrás de lo que se ve, hay alguien que está organizando y atento que llega antes que todos y se va último. Y ese alguien es el utilero. Los títulos de las crónicas periodísticas siempre se quedan con los goles, los triunfos, las polémicas, los jugadores, los árbitros; pero nunca mencionan a los trabajadores que generan una especie de ambiente perfecto para que todas las proezas sucedan.
Porque sin dudas que un club es una institución hecha de historias y a las historias las protagonizan la gente, con sus actos cotidianos, constantes y silenciosos. Un esfuerzo de todos los días puede llegar a convertirse en una pasión y no hay pasión que no esté recubierta de amor.
Y un utilero es eso: un imprescindible en un club. Rubén Abella está detrás de cada logro de la primera división del fútbol de All Boys de Santa Rosa desde hace 17 años. Con su trabajo en el silencio del vestuario sostiene todo lo necesario para que funcione el universo “auriazul”.
De cocinar a regar
Rubén cuenta que el actual presidente del club, José Luis Roston, y otros dirigentes le propusieron hace años que se hiciera cargo de la utilería. El no era ajeno a la institución ya que estaba como colaborador, por lo cual tenía un compromiso desinteresado con All Boys. Sin embargo, era propietario de una rotisería en esa época y cuando le hicieron la propuesta, decidió dejar su negocio y cambiar de rubro de manera rotunda.
Fue así que un día de abril del año 2008 tuvo su primera jornada en la institución alboyense. “Empecé en la cancha con el riego. Fui muy nervioso esos primeros días porque nunca había trabajado en esta actividad. Pasé de una rotisería a canchero”, rememora.
Por como habla y cuenta su rutina de trabajo, se nota que no le costó demasiado adaptarse al nuevo oficio. En la actualidad, ya tiene una rutina consolidada: trabaja de martes a domingo, siete horas por día (salvo los sábados que termina más temprano). Y los lunes descansa.
“Llego a las 10 de la mañana y lo primero que hago es lavar la ropa del entrenamiento y limpiar el vestuario. A las 13 llegan los jugadores y ya está todo listo para entrenar: ropa, botines y frutas para mis hijitos”, tal como los describe en diálogo con LA ARENA.
En sus palabras se nota la interiorización que tiene con su trabajo porque no dice “para que entrenen”, sino que sostiene que la indumentaria está lista “para entrenar”, incluyéndose porque sabe que forma parte de esa tarea cotidiana. Porque claro, él no entrena con los jugadores, pero sí que aporta un factor clave en todo el proceso para que el equipo y cuerpo técnico pueda abocarse a lo que les corresponde.
Cuando se le pregunta si denomina “hijitos” a los futbolistas, responde con firmeza: “Por supuesto. En el club soy el viejo para los jugadores y ellos son como mis hijos”.
Trabajar y aprender.
El trabajo como utilero para Rubén no es solo tener lista la ropa y los botines para los entrenamientos y partidos, sino que también abarca otras tareas que también hacen al sostenimiento de la institución santarroseña.
“Además de regar la cancha, me encargo de sembrarla, fertilizarla y pintarla. También coloqué las plateas plásticas y he tenido que hacer otras cosas que no se ven, pero me tocaron”, remarca.
Abella cosechó aprendizajes a partir de todas las tareas que desarrolla en el club. “Creo que lo principal que me enseñó este trabajo es tener mucha responsabilidad y ser muy ordenado. En el vestuario me enseñaron a tener códigos. Algo aprendí”, señala este hombre de 67 años.
Después de 17 años de oficio de utilero, las anécdotas se le amontonaron. “Anécdotas hay miles. Algunas se cuentan y otras son secretas”, dice con complicidad futbolera, y como ejemplo recuerda alguna vez que se olvidó los botines o el pantalón de algún jugador o el día que no llevó los guantes del arquero Josu Monasterio. “Por suerte, luego de tantos años fueron muy pocas las veces que me olvidé algo”, remarca el utilero, dejando en claro el alto grado de responsabilidad con el que se toma su trabajo.
Asimismo, para él, las “mejores” situaciones se dan “en los viajes y las concentraciones” porque siente mucho “orgullo de pasar tanto tiempo con lo mejor del fútbol, que son los jugadores”.
Familia.
“Ser utilero es mi profesión y es una responsabilidad muy grande”, afirma y, al mismo tiempo, destaca que ese deber que demanda la labor que cumple se ve agigantada en All Boys porque “es un club muy grande”.
“All Boys es de lo mejor que me pasó en la vida, después de mis hijos”, expresa sin titubeos. Y realmente debe ser muy importante para Rubén su trabajo, teniendo en cuenta que está en pareja hace 35 años con Patricia, con quien tuvieron tres hijos: Federico, de 33 años, Belén, de 32, y Maximiliano, de 27. “Mi pareja es la mejor mujer…después de mi hija”, aclara un poco en broma y un poco en serio, este hombre trabajador que aprendió a manejar la jerga irónica de un vestuario.
Rubén Abella tiene conciencia de la importancia de su función de utilero y lo demuestra con hechos. Eso le enseñó su padre, según dice, “a ser responsable y tener cultura del trabajo”. Para él es más fácil porque tiene “el mejor puesto” en un club y si ese club es All Boys, “mucho mejor”.
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