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Martes 24 de marzo 2026

Imágenes que sí pueden contar

Por Redacción 24/03/2026 - 09.13.hs

Por Milton Fernández*

 

Tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la Unidad Militar de Toay tomó el control de la capital pampeana, imponiendo un interventor militar y disolviendo los gobiernos locales. Las Fuerzas Armadas llevaron adelante una persecución sistemática contra militantes sindicales, cooperativistas, estudiantes y trabajadores, con el objetivo de desarticular toda forma de organización popular y gremial.

Las cooperativas de servicios públicos fueron blanco del régimen militar. Muchas de ellas fueron intervenidas o sometidas a un estricto control, buscando debilitar la organización obrera y el entramado solidario que representaban.
 

 

El clima de represión y violencia ya se hacía evidente incluso antes del golpe, como lo demuestra la bomba colocada en el diario LA ARENA el 3 de agosto de 1975, así como las intimidaciones escritas y telefónicas dirigidas a periodistas y habitantes de la capital pampeana. En ese marco, un panfleto firmado por un grupo anónimo bajo la consigna “Comando Dios, Patria o Muerte”, con una calavera en el centro, fue arrojado en las oficinas administrativas del diario La Capital, hechos que quedaron impunes.

En este contexto de terror el 24 de marzo de 1976, con la redacción del diario La Capital aturdida por la detención en horas de la madrugada de su director Nelson Nicoletti, el reportero gráfico Eduardo Pérez registró, casi en la clandestinidad, las imágenes obligadas de la jornada: tomas realizadas de incógnito y con tele objetivo, en un intento de documentar lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, ese material nunca fue publicado y, hasta hoy lamentablemente, el paradero del archivo del diario La Capital continúa siendo motivo de investigación.
 

 

Conozco esas imágenes desde mis inicios en la fotografía, hace ya 30 años, y siempre sembraron en mí la necesidad de estar a la altura como reportero gráfico. Eduardo, con pocas palabras -precisas, como la gente de antes- y con un trabajo de enorme calidad, fue y sigue siendo un ejemplo.

Con el paso del tiempo, la experiencia y las situaciones vividas, muchas de las cuales no volvería a atravesar, reflexiono sobre nuestro oficio como trabajadores de prensa. Los riesgos a los que nos exponemos son mayúsculos y ponen en juego nuestra integridad. Es una tarea donde el ego nunca debería estar por encima del profesionalismo. Sin embargo, también es una actividad profundamente valiosa, la comunidad se nutre del derecho humano inalienable a recibir información de calidad, aun cuando ese derecho implique enormes riesgos para quienes lo garantizan.

 

Al mirar estas imágenes, veo a un trabajador de prensa joven, intrépido, que lo pudo contar. Y también pienso en tantos otros que no pudieron hacerlo.
Por eso, a 50 años del golpe, la memoria no es solo un ejercicio del pasado, es una herramienta viva de nuestro presente. Como trabajadores y trabajadoras de prensa, asumimos el compromiso de sostenerla, de defender nuestro oficio, de ejercerlo de manera consciente y de no naturalizar jamás el silencio impuesto por la violencia.

 

* Actual fotógrafo de LA ARENA.

 

 

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