¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Martes 27 de enero 2026

Cómo fue la aparición de los lobos marinos de Quequén

Por Redacción 27/01/2026 - 12.28.hs

Lo que hoy convierte a un pueblo en un destino turístico se generó a partir de un hecho bastante singular. A finales de la década del 80, aparecieron lobos marinos en el Puerto de Quequén, uno de los puertos exportadores de granos más importantes de la Argentina y que se encuentra ubicado en la desembocadura del Río Quequén Grande en la costa atlántica, provincia de Buenos Aires. La aparición tuvo que ver con que esos animales marinos siguieron a varias lanchas amarillas, desde Mar del Plata, que habían ido a hacer la zafra de anchoíta a Quequén. Ese fenómeno es conocido con el nombre de “cebado”.

 

Teniendo en cuenta los datos brindados por el Grupo de Investigación Biología y Conservación de Mamíferos Marinos de la Universidad Nacional de Mar del Plata, se cree que entre 50 y 80 ejemplares fueron los que comenzaron a ocupar el sector de banquina del lado de Necochea en la zona de galpones. Actualmente, ese lugar está vedado hace muchos años al ingreso del público y vehículos que no se encuentre asociados a la actividad portuaria. En ese entonces, era frecuente ver a lobos marinos deambulando por las calles de adoquines o subidos en alguna lancha o en algún barco pequeño.

 

La Agencia de Noticias DIB indicó que con el paso de los años, estos animales de la especie “un pelo” se desplazaron hasta el lugar en el que actualmente residen. Un macho adulto pesa aproximadamente 350 kilos, mientras que una hembra pesa, unos 150 kilos. En 2002 la colonia de lobos se trasladó a la pequeña playa portuaria ubicada a la altura del Club Náutico. Después, a partir del año 2006, se produjo un segundo cambio de área de descanso. En ese momento, los lobos marinos se asentaron en la playa interna de la Escollera sur y, en tres años, la colonia se afirmó en ese lugar.

 

La población fue aumentando considerablemente, pasaron a ser una comunidad de 300 y 400 animales a partir del 2010, mientras que el año pasado los lobos marinos ya eran cerca de 600. De cualquier manera, el número de animales no suele ser constante, va variando según la época del año. Por ejemplo, ahora, durante el mes de enero, hay menos población porque entre los meses de diciembre y febrero los machos suelen desplazarse hacia colonias reproductivas en el sur del país o en Uruguay. Más tarde, regresan a Quequén. Los viajes que realizan suelen durar unos 70 días.

 

La colonia ubicada a metros del ingreso a la escollera sur es muy parecida a la que hay en la ciudad de Mar del Plata, y está conformada de manera casi exclusiva por machos jóvenes y subadultos. Una de las características más llamativas del lobo marino de un pelo es la imponente melena de los machos adultos, por eso, se les suele decir de manera informal "león marino".

 

El lobo marino de “dos pelos”

 

A partir del 2009 comenzaron a divisar lobos marinos de dos pelos que se ubicaban en el sector rocoso del extremo de la Escollera de entrada al Puerto. Esta especie se diferencia del de “un pelo”, porque tiene una capa interna de lana muy fina y densa abajo del pelo largo, esto los hace animales más suave. El pelaje del lobo marino de un pelo es mucho más rústico y duro. La colonia aumentó en muy poco tiempo. Suelen ser más pequeños y juegan en el agua. Según los análisis de la Universidad de Mar del Plata, el total de animales es actualmente de dos mil.

 

Ida y vuelta

 

Suele haber un intercambio muy fluido entre las colonias de lobos de Mar del Plata y Quequén y se pudo estimar aproximadamente el 20% de los ejemplares alternan su presencia en ambas ciudades. Es decir, este hecho las considera parte de un mismo agrupamiento poblacional. Sin embargo, los lobos de la colonia de Quequén suelen tener una alimentación más natural, mientras que la los marplatense se alimentan del descarte pesquero de las lanchas.

 

Recomendaciones:

 

Es importante destacar que no hay que invadir la vida de los lobos, sobre todo para no poner en peligro ni la vida humana ni el bienestar animal. Los lobos marinos pueden enfurecerse y, ante lo que puedan llegar a considerar una agresión, activan su mecanismo natural de defensa.

 

 

'
'