Un tradicional juego infantil tuvo su primer campeonato nacional y convocó un amplio público
Los juegos de la infancia pueden ir cambiando de materiales, reglas y sentidos, pero conservan esa esencia que los hace únicos porque cada persona los recordará por siempre, sin importar la edad que tenga ni la época en que disfrutó de ser pequeño.
Algunos juegos van perdiendo vigencia y se quedan en el olvido, hasta que alguien los trae por un rato al recuerdo y despiertan nuevamente ese sentimiento inocente de puro placer, cuando los tiempos no estaban cargados de obligaciones ni responsabilidades.
Las figuritas, las bolitas, la escondida, la mancha, son solo algunos ejemplos de divertimentos que atravesaron a diferentes generaciones. Por lo general no se vuelven a jugar de adultos, pero quedan guardados en el corazón. En ocasiones, a alguien se le ocurre organizar un campeonato de eso y ahí reviven.
Algo de eso les debe haber sucedido a las personas que jugaban al sapito cuando eran chicos. Un lago o una laguna eran necesarios para poner a prueba la técnica, la paciencia y desafiar a la física.
El objetivo era simple: ganaba quien hacía más “saltos” o “sapitos” al arrojar una piedra contra un espejo de agua tratando de que esta lo recorriera por la superficie por el mayor tiempo posible.
En San Carlos de Bariloche, este fin de semana, se llevó a cabo el Primer Campeonato Argentino de Sapito. El escenario fue la Playa Sin Viento del lago Moreno, ubicada en el Circuito Chico de la ciudad rionegrense.
Los organizadores, una reconocida marca de cerveza, dotaron al tradicional juego de reglas, un jurado que hacía una valoración técnica de los competidores y premios. La competencia final se desarrolló el sábado y contó con 16 participantes que habían clasificado en instancias previas al lograr realizar, por lo menos, 15 rebotes sobre el agua.
Seguidos por un interesante marco de público, los competidores hicieron sus lanzamientos ante la mirada del jurado que evaluó su técnica, la distancia recorrida y la cantidad de rebotes sobre la superficie del agua, según detalló una nota de El Cordillerano.
En la final también pudieron estar presentes los competidores que clasificaron en un torneo amateur previo que se hizo ese mismo día y que abrió la puerta para que pudieran forma parte los vecinos y visitantes de la localidad patagónica.
Asimismo, según publicó el portal neuquino Mejor Informado, en el certamen estuvo como invitado el británico Phill Bloxham, quien no compitió, pero sí brindó una demostración. El hombre es el poseedor de un récord al lograr hacer sapitos durante 150 metros.
Origen del Sapito
El juego de hacer sapitos sobre una masa de agua quieta no posee una fecha exacta de creación, pero se conoce que era una actividad que se practicaba en la Antigua Grecia. “El erudito Julio Pólux lo describió en el siglo II d.C. con el nombre epostrakismos, un pasatiempo que consistía en arrojar conchas o piedras planas para que rebotaran sobre el agua”, explicó el medio citado.
También existen registros que dan cuenta de que niños de la Antigua Roma jugaban a este juego en la orilla del mar. Los ingleses, muchos siglos después, le dieron un nombre y lo denominaron “Ducks and Drakes”. Por su parte, el investigador Lazzaro Spallanzani realizó un estudio para intentar determinar por qué una piedra puede rebotar varias veces sobre el agua antes de hundirse.
Según el Guinness World Records, el estadounidense Kurt Steiner ostenta el récord mundial con 88 rebotes consecutivos.
Más allá de las marcas y los datos, el “sapito” sigue siendo el juego que atrae a grandes y chicos y que invita a buscar una piedra y arrojarla al agua cuando alguien se encuentra frente a un lago, laguna o en una costa de playa. Ahí no hay premios, ni público, solo el placer personal de volver a sacar ese niño interior que nunca muere.
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