Caminos intransitables
Las insólitas medidas que el gobierno nacional puso en práctica desde sus mismos inicios tuvieron –cómo no—defensores, algunos por convencimiento y otros por conveniencia; pero los críticos hicieron una predicción: con el tiempo se verán los errores.
El tiempo, duro tiempo, ya ha transcurrido y los errores han comenzado a manifestarse, se diría que casi a diario. Al respecto se recuerda siempre aquella disparatada medida de suspender toda la obra pública, incluida la caminera. En un país donde los ferrocarriles interiores prácticamente han desaparecido, no se precisaba una bola de cristal para deducir que los primeros perjudicados serían los caminos y quienes los transitan. Son habituales las noticias sobre accidentes, graves algunos, a los que se suman (y contribuye) el tránsito muy pesado. En nuestra provincia, por caso, los caminos asfaltados no fueron construidos para esa clase de tránsito, que ahora se ven deteriorados a simple vista. De hecho, algunas rutas nacionales, estratégicamente muy importantes, se han vuelto prácticamente intransitables. La única respuesta del gobierno nacional ha sido apelar al desgastado e ineficiente método de la privatización.
Un ejemplo concreto de lo dicho lo dio un par de días atrás el intendente de General Acha, una ciudad que precisamente está al borde de una de esas rutas y obra, a su vez, como puerta al cruce del desierto pampeano- patagónico. El funcionario abundó en hechos negativos concretos y actuales, especialmente la circulación de súper-camiones cuyo tonelaje excede la capacidad de las rutas y que cualquiera puede advertir, ya que el deterioro se evidencia en cuestión de semanas.
Ciertamente que, al margen de las facilidades que el neoliberalismo ofrece al capital extranjero, las rutas y la indiferencia del gobierno nacional respecto a ellas, refuerzan el carácter de país colonizado que va adquiriendo la Argentina.
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