Miércoles 10 de agosto 2022

Disputas en las alturas

Redacción 01/07/2022 - 13.11.hs

A medida que la crisis económica gana espacios y expone la incapacidad de las distintas alternativas políticas hegemónicas para superarla crece la disputa por espacios de poder. Ya no es solo entre oficialismo y oposición, también al interior de las dos grandes coaliciones.

 

EDUARDO LUCITA*

 

La inflación no da respiro; las dificultades crecientes para renovar la deuda en pesos provocaron un alza en los tipos de cambio financieros y paralelo; el contexto internacional: espiral inflacionaria, alza de tasas de interés y posibilidades de una recesión a escala mundial complejizan aún más la situación.

 

Por ahora la economía real sigue creciendo impulsada por la inversión y las exportaciones y sin que el consumo logre recuperar una base firme. Es obvio que una economía de este tipo no derrama, tracciona muy poco el empleo y casi nada los salarios.

 

Es evidente el gobierno aspira a mantener este curso. La economía está creciendo al 6% anual, se espera una desaceleración en el segundo semestre lo que llevaría el crecimiento al 4% anual, esa desaceleración iría frenando lentamente los precios. Es el programa de estabilización gradual aprobado con el FMI. Sería un éxito para el gobierno si la inflación terminara por debajo del 70%, pero para esto de aquí en más el IPC no debiera pasar del 3,8% cada mes.

 

Disputas al por mayor.

 

Este escenario de baja intensidad económica alimenta las grietas. No tanto la que separa oficialismo y oposición cuya disputa transita por carriles esperables dada la mediocridad actual, sino la que expresa las distintas tendencias al interior de cada coalición. La oposición derechista no debate ideas, todos son tributarios de las concepciones neoclásicas: el mercado es el mejor asignador de recursos y medida de valor de todos los valores, pueden discrepar en la intensidad pero no mucho más. Juntos por el Cambio percibiendo que el viento corre a su favor en términos electorales, busca manejar o controlar la agenda parlamentaria mientras está inmersa en una intensa disputa por seleccionar sus candidaturas y por quién es más de derecha o más moderado. Los libertarios también tiene su grieta aunque esta es más para los programas de chimentos. Eso sí, empujan más a derecha al PRO.

 

Por el contrario es la interna en el Frente de Todos la que ocupa el centro de la escena política nacional. Son las intervenciones de Cristina Fernández de Kirchner las que tensan la situación al máximo, que una y otra vez los pone al borde de la ruptura que sin embargo no ocurre. La coalición solo tuvo un objetivo electoral sin ninguna perspectiva estratégica que fuera más allá de enfrentar al neoliberalismo, tampoco cómo resolver la crisis estructural del capitalismo local. Estas limitaciones están en la base de las tensiones internas: el cristinismo comparte con el albertismo una determinada visión de las relaciones internacionales; la necesidad de una mayor participación y regulación del Estado y el asistencialismo (aunque discrepan en su intensidad). Esta visión más ideológica no es totalmente compartida por el massismo, que sin embargo comparte con el cristinismo la necesidad de un mayor ejercicio de poder, contrapuesto al poder blando del albertismo. Frente a la falta de ejecutividad proponen eficiencia (capitalista) y el poder se encarna en la lapicera.

 

Capitalismo ineficiente.

 

En medio de estas disputas asistimos en las últimas semanas a una serie de equívocos, todos provocados por la tensión interna. El tema del gasoducto, que ya viene retrasado desde el 2018, fue el más destacado. Cuestionamientos al proyecto y réplicas que terminaron con la baja de un ministro y una discusión donde se confundieron el diámetro del caño con el espesor de la lámina para construirlo. Ni lerdos ni perezosos los denunciadores seriales que abundan en JxC judicializaron el proyecto por sospechas de corrupción, afortunadamente el juez interviniente, entendiendo que el gasoducto no puede sufrir más demoras, cerró la causa más rápido de lo que la abrió. No terminados los fuegos de artificios de este culebrón, recomenzó la inacabada novela de la segmentación tarifaria de luz y gas lo que fue acompañado por la carencia de gasoil y las excusas porque nadie se hace responsable. Mientras esto sucedía la Secretaría de Energía necesitada de pesos para comprar las divisas para importar combustibles, no tuvo mejor idea que desarmar de un momento para otro su posición en bonos ajustables por CER. No solo los bonos se derrumbaron en los mercados sino que provocaron una corrida cambiaria que hizo pegar un salto a la cotización del dólar. El gobierno para contenerla elevó fuertemente la tasa de interés anual de las Leliq y también la de los plazos fijos (68% anual), anunció refuerzos en los controles del comercio exterior, el Banco Central salió a comprar bonos para amortiguar su caída y no sería de extrañar que se incremente el ritmo de devaluación. Todo repercutirá en la inflación.

 

Por si fuera poco nuevamente la vicepresidenta atacó al gobierno, analizando situaciones críticas pero sin proponer un programa para salir de la crisis, por lo que el gobierno sigue aferrado al único plan en ejecución: el del FMI. Sobre el final de su intervención atacó a los movimientos sociales, más allá de la discusión sobre la conveniencia o no de descentralizar su ejecución. El ataque, que se sumó al que ya venían desde la derecha y los medios hegemónicos, tuvo tres objetivos: 1) debilitar las base de apoyo social del gobierno (Movimiento Evita y otros), 2) recuperar la calle para el PJ (hoy en manos de la Unidad Piquetera), 3) devolverle poder a los gobernadores y barones del conurbano. Por debajo de todo esto está la perspectiva electoral 2023.

 

En el abajo.

 

Mientras esto sucede en las alturas, los sujetos de la sociedad real, productores y consumidores colectivos están atenazados por la inflación y la falta de perspectivas. Atravesados por la crisis sienten que no hay futuro cuando sus condiciones de vida y existencia se deterioran día a día.

 

Afortunadamente el triunfo popular en Colombia, la reacción social en Ecuador frente al programa impuesto por el FMI, como antes lo fue en Chile y en Colombia contra las injusticias y desigualdades marca otro camino posible. Tal vez espejos en los que mirarse.

 

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

 

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