El cartero siempre llama dos veces (I)
El inminente fenómeno climático se suma a otra serie de desastres: el desfinanciamiento de Nación al mantenimiento de infraestructuras, el encarecimiento de insumos y la fragilidad de la macroeconomía.
Tras la devastadora sequía de 2022-2023, la naturaleza y la geopolítica preparan un segundo golpe sobre la economía argentina: la inminente llegada de un fenómeno climático denominado "Superniño" que amenaza con provocar un desastre de proporciones superiores de sequías e inundaciones. Este fenómeno no actuará en el vacío, se suman la falta de mantenimiento de infraestructuras, el encarecimiento desorbitado de fletes y seguros marítimos, la escasez de fertilizantes e insumos agrícolas clave por el bloqueo bélico de estrechos estratégicos mundiales, el aumento de los costos de combustible y energía y una fragilidad macroeconómica interna acorralada por la inminente suba de las tasas de interés internacionales, sobre una deuda mayor, dolarizada y perentoria.
La sequía histórica de 2022-2023 operó como un shock de oferta exógeno que devastó la arquitectura macroeconómica argentina. El impacto directo se concentró en la pérdida de USD 21.200 M en exportaciones agroindustriales —una contracción superior al 3,5% del PBI —, provocada por un desplome de la producción de soja de 42,2 a 21 M de T (-50,2%) y de maíz de 52 a 34 M de T (-34,6%).
En el frente fiscal, el colapso en la recaudación por retenciones generó una merma equivalente al 1,8% del PIB, profundizando el déficit primario en un contexto donde el Estado no contaba con acceso al crédito voluntario.
La caída del 48% en la cosecha de trigo (de 22,4 a 11,6 M de T) multiplicó el costo de la harina y sus derivados, acumulando subas interanuales superiores al 180% en productos del rubro pan de mesa y fideos. La simultánea falta de pastos forzó inicialmente la liquidación anticipada de vientres, la posterior escasez de hacienda provocó un salto repentino de más del 120% en el precio de la carne vacuna en los mostradores entre agosto y noviembre de 2023.
La exportación de soja de Brasil desde marzo de 2024 hasta junio de 2024 también cayó 4% ya que El Niño provocó fuertes lluvias e inundaciones en el sur del país hermano.
Probabilidad de ocurrencia del SuperNiño.
Según la evaluación realizada por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA) a mediados de Junio de 2026, existe un alto riesgo de que se desarrollen condiciones de El Niño, con probabilidades que se estiman en el 97% a principios de verano, casi el 100% a finales de verano o principios de otoño con un 63% de probabilidad de se conforme un "Super" El Niño aún más devastador.
El escenario actual ha ganado en complejidad, de hecho los agricultores están expuestos no solo a la lluvia, la sequia y las temperaturas extremas, el encarecimiento de los insumos dolarizados, el aumento de los costes energéticos, las condiciones de crédito, el atraso cambiario, el deterioro de la infraestructura de transporte, etc.
Estas cuestiones trascienden las fronteras tradicionales que separan la política climática, la agricultura, el comercio, la infraestructura y la gestión macroeconómica, corremos el riesgo de repetir situaciones extremas.
Durante las severas inundaciones de la cuenca del Río Quinto y el sistema de las Encadenadas, la desesperación por salvar las cosechas transformó la geografía del límite bonaerense-pampeano en un verdadero escenario de guerra de baja intensidad. La proliferación de zanjas y canales clandestinos —ejecutados de noche con retroexcavadoras particulares para drenar campos anegados hacia las propiedades o rutas colindantes— desató violentos enfrentamientos armados entre productores rurales adyacentes y patrullas comunales. En localidades como General Villegas, Rivadavia y Trenque Lauquen, la ruptura unilateral de terraplenes y el desvío intencional del agua derivaron en guardias nocturnas a mano armada sobre los caminos de tierra, emboscadas a maquinaria pesada y la intervención de fuerzas de seguridad para evitar linchamientos, exponiendo cómo la ausencia de un control estatal unificado convirtió al agua en un detonante de violencia abierta entre comunidades hermanas. Los gobernadores de La Pampa y Buenos Aires, han definido planes de cooperación para una mejor administración de los caudales. En tanto el estado nacional ha desertado de sus obligaciones dolosamente, desviando fondos.
El Plan Hídrico Nacional: Del diseño con asignación específica a la estafa contable
El plan hídrico nacional fue concebido con un instrumento financiero autárquico y blindado: el Fondo Fiduciario de Infraestructura Hídrica (FFIH), creado en 2001.
El FFIH se financia mediante una asignación específica e indivisible: una tasa o recargo directo sobre la venta de combustible (gasoil y naftas) pagada por cada ciudadano y productor del país. El mandato legal exigía que el 100% de esta recaudación se destinara exclusivamente a obras de control de inundaciones, infraestructura de drenaje y protección de cascos urbanos. El fondo fiduciario fue transformado paulatinamente en una "caja de paso" y, más recientemente, en una trampa de especulación financiera.
Durante el ciclo 2023-2026, el deterioro del FFIH alcanzó niveles escandalosos. Lejos de ejecutar las obras presupuestadas, la administración central incurrió en un desvío y subejecución masiva de los fondos recaudados. Mientras la tasa al combustible continuó cobrándose impunemente, los recursos no se tradujeron en retroexcavadoras ni en dragados: casi tres cuartas partes de los fondos hídricos recaudados por el Estado fueron retenidos e invertidos, como ha sido también el caso de los fondos de mantenimiento de rutas, en instrumentos de deuda de corto plazo para financiar la liquidez del Tesoro Nacional y simular metas de superávit primario.
El resultado es devastador. Tras tomar como base la ejecución de 2023, en 2024 las obras cayeron un 55% en términos reales, derrumbándose un 72% acumulado para 2025 y alcanzando en 2026 un vaciadero técnico del 88% respecto a 2023. La asignación para obras hídricas nuevas es lisa y llanamente cero. El Plan Hídrico Nacional se convirtió así en una estafa contable: el pueblo paga la tasa en el surtidor, pero cuando llega el agua de El Niño, el Estado entrega planillas de deuda financiera en lugar de canales.
Ing. Javier Mariano García Guerrero. Ex Profesor Titular de la Escuela de Economía y Medioambiente de la Universidad Nacional de Río Negro.
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