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La mentira liberal: derrame y sacrificio

Redacción 03/09/2026 - 00.25.hs

Por Silvio J. Arias*

 

La formación política ciudadana, debe exponer la mentira liberal. Para el caso argentino, es fundamental trazar una línea histórica (de Martínez de Hoz a Caputo), demostrando que el modelo financiero nunca terminó en el famoso "derrame" y que siempre concluyó en crisis de deuda, desempleo y pobreza; reeditando el mismo método sistemático de dominación. Hay que hacer visible lo invisible, poniéndole nombre y apellido a la crisis, mostrando cómo los ciclos de endeudamiento externo, nunca se tradujeron en rutas nacionales, puentes, viviendas, hospitales o escuelas, sino en fuga de capitales y deuda social.

 

"Hay que pagar la fiesta": esta frase es una muletilla clásica de la dominación ideológica liberal. Su objetivo es invertir la carga de la culpa. Al denominar "fiesta" al consumo interno, derechos laborales, salud pública, educación gratuita, jubilaciones o a las pensiones por discapacidad, se despoja a estas políticas de su estatus de derechos adquiridos; reduciéndola a un derroche irresponsable. Al instalar la culpa en el ciudadano, se justifica que deba sufrir el ajuste, invisibilizando a los verdaderos beneficiarios del sistema liberal (fuga de capitales, endeudamiento externo, especulación, corrupción y exenciones impositivas a los grandes monopolios)

 

"El pueblo está haciendo un gran esfuerzo": si la primera frase sirve para aplicar el castigo, esta segunda sirve para gestionar la paciencia social frente a las consecuencias de ese castigo. Es la perversión en su máxima expresión: disfrazar el despojo de heroísmo. La derecha asegura que el sufrimiento (hambre, pérdida de derechos, poder adquisitivo, desempleo) es una decisión voluntaria y consciente. Se le otorga al trabajador la categoría de "héroe", pero no por luchar por sus derechos, sino por dejárselos arrebatar en silencio. El resultado político es la desmovilización popular, el estado de “shock”.

 

Estas frases funcionan para crear una trampa ideológica, conformando esa perversión dirigencial netamente liberal: "Sos culpable, por lo tanto, mereces el ajuste" (Hay que pagar la fiesta) y "Estás sufriendo heroicamente, por lo tanto, no debes rebelarte" (El pueblo hace un gran esfuerzo). El resultado político es la desmovilización. Busca que el pueblo asimile el daño autoinfligido y vea a sus verdugos económicos como técnicos necesarios o líderes mesiánicos, anulando la capacidad de organización colectiva para defender la dignidad personal o el patrimonio nacional.

 

Cuando el ciudadano de a pie, que está "haciendo un gran esfuerzo" y pagando la "fiesta", observa que la cúpula gobernante mantiene sus privilegios intactos o incurre en las mismas prácticas opacas que denunciaba, el cerrojo ideológico se rompe. El sacrificio deja de ser heroico y se revela como lo que siempre fue: un saqueo.

 

El actual mandatario nacional, encarna la culminación de ese ciclo de engaño, porque sumó a la histórica receta del ajuste económico, un ingrediente discursivo: la promesa de la purificación moral. Su relato radicaba en que no prometía el ajuste tradicional (donde "todos" sufren), sino un ajuste dirigido a la "casta". Al derrumbarse esa premisa, el blindaje discursivo que analizábamos antes, comienza a quebrarse. Por ello es necesario visibilizar ante la ciudadanía, quiénes hoy están obteniendo ganancias extraordinarias (el sector financiero, energético, extractivo), desmintiendo la idea de que "todos estamos haciendo un esfuerzo".

 

Hay que explicar que comer carne, tener vacaciones o acceder a la universidad no es una fiesta irresponsable, sino un estándar básico de la dignidad humana y motor del mercado interno. Y hay que romper la romantización de que el pueblo está "esforzándose" para un futuro mejor; sino todo lo contrario, está siendo despojado de su dignidad y derechos básicos, para financiar la acumulación anarcoliberal, especulativa, corrupta, virtual, inhumana, violenta y excluyente.

 

Dejar muy claro que -frente al poder de los monopolios y el capital financiero transnacional-, el único garante de los intereses populares es un Estado soberano y presente. La comunidad organizada es el único límite real para la ultraderecha. Formándose y quitándose el peso de la "culpa" por haber vivido bien, reasignándose su herramienta política más peligrosa para el poder concentrado: la conciencia social sobre su rol, humanidad, dignidad y derechos adquiridos.

 

*Profesor en Ciencia Política. Afiliado PJ – La Pampa

 

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