Sabado 14 de mayo 2022

El gambito ucraniano

Redacción 27/01/2022 - 00.57.hs

A partir de la movilización de unos cien mil soldados rusos en la frontera con Ucrania, se ha generado una situación que provoca un fuerte déja-vu de los tiempos de la Guerra Fría.

 

JOSE ALBARRACIN

 

Como los grandes campeones de ajedrez soviéticos del siglo XX, Vladimir Putin practica un estilo de juego posicional, que para sus oponentes puede ser tan asfixiante como desconcertante. A la fecha ha convivido con cinco presidentes norteamericanos, ninguno de los cuales pudo siquiera menguar su poder, ni frenar el resurgimiento geopolítico de Rusia. Al anterior, "América Primero" Trump, prácticamente lo tenía comiendo de su mano. El actual, Joe Biden, no es ningún improvisado en materia de relaciones internacionales, y sin embargo, en su equipo de asesores -comenzando por el secretario de Estado Antony Blinken- confiesan no tener ni idea de qué es lo que pretende el líder ruso con su actual pulseada alrededor de Ucrania. Y esa ignorancia ya es, en si misma, una victoria para Rusia.

 

Historia.

 

No es de extrañar que Putin -un gran amante de la historia- haya elegido el 30° aniversario de la caída de la Unión Soviética para montar este conflicto, que tiene sobre ascuas a EEUU y sus aliados de la OTAN. En aquel entonces, a Mijail Gorbachov le prometieron que el fin de la Guerra Fría implicaría un retraimiento en las actividades de la alianza militar occidental. Lejos de ello, la OTAN continuó avanzando y sumando miembros de entre los países antiguamente bajo la órbita rusa.

 

Cuando en 2013 Ucrania eligió como presidente al cómico de profesión Volodymyr Zelensky -quien anunció sus intenciones de integrar al país a la UE y a la OTAN- la respuesta del Kremlin no se hizo esperar: anexó la península de Crimea, en el Mar Negro -estratégica para acceder al Mediterráneo- y comenzó a prestar ayuda informal a las milicias de la región ucraniana de Donbas, donde existe una mayoría de rusoparlantes separatistas.

 

Ucrania no es sólo el último eslabón de una cadena de incumplimientos y humillaciones. Es también el lugar de origen, en la Edad Media, de la identidad nacional rusa: forma parte de su mito fundante. Algo así como Jerusalén para los judíos.

 

Por otra parte, la protección de las minorías étnicas -como la de Donbas- es una moneda corriente en Occidente para justificar la intervención en otros países, tal como bien sabe Argentina con los kelpers de Islas Malvinas.

 

Fría.

 

A partir de la movilización de unos cien mil soldados rusos en la frontera con Ucrania, se ha generado una situación que provoca un fuerte déja-vu de los tiempos de la Guerra Fría. Hasta se repitió lo ocurrido en la crisis de los misiles de 1962: el diálogo entre las grandes potencias excluyó expresamente toda consulta al país involucrado (entonces Cuba, hoy Ucrania).

 

Las posibilidades reales de EEUU de operar son notoriamente limitadas, entre otros motivos, por cuanto sus socios europeos son bastante renuentes a enfrentarse a Rusia, de cuyo gas y petróleo dependen en buena medida (de hecho, en más de una ocasión la gran Alemania ha actuado como aliada de Moscú).

 

Fionna Hill, una experta en asuntos rusos que asesoró a las últimas tres administraciones norteamericanas, no se hace muchas ilusiones, en parte porque reconoce que Rusia "tiene legítimas preocupaciones en cuanto a su seguridad" y que además "el esquema de seguridad europeo ciertamente necesita un poco de pensamiento fresco y una reformulación, después de treinta años". En cualquier caso, no tiene dudas de que, cualquiera sea el desarrollo y resultado de este conflicto, terminará siendo una victoria para Putin.

 

Por su parte, Ross Douthat, un prominente analista internacional, se preocupa principalmente por la forma en que EEUU deberá retirarse de este conflicto, para no repetir el papelón internacional del año pasado en Afganistán. Él da por sentado que Ucrania deberá ser abandonada a su suerte -esto es, la influencia rusa- ya que es demasiado pequeña, demasiado pobre, y está "en el lugar equivocado".

 

Misterio.

 

En realidad, las intenciones de Moscú no son ningún misterio. Quieren hacer cesar el avance de la OTAN hacia el Este, y quieren que EEUU se vaya retirando de Europa. Como lo puso con gracia el propio Putin: "Adiós, América, trata de no golpearte con la puerta al salir".

 

Rusia es el país más extenso del mundo, y uno de los más poblados. Es una potencia nuclear, y tiene un sillón permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con lo que puede vetar cualquier resolución que no sea de su agrado. Y además -no debe olvidarse- tiene un enorme crédito por la derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial. Pensar que hace poco más de una década se mencionara a Rusia como integrante de una suerte de lote de naciones emergentes (los BRICS, junto a Brasil, India, China y Sudáfrica) sólo demuestra la miopía de Occidente para percibir el mundo.

 

Está claro que la mirada imperialista anglosajona, que pretendía reservarse el uso del lápiz para trazar límites en los mapas de todo el mundo, no se corresponde con la forma en que están dadas las cartas hoy.

 

Y en cuanto a si este conflicto pueda derivar en una tercera guerra mundial, el pronóstico está abierto. Nunca hay que descartar la estupidez humana como factor en cualquier análisis. Pero si la historia nos enseña algo, es altamente improbable que las grandes potencias decidan suicidarse, y mucho menos por una nación a la que, no nos engañemos, sólo ven como un peón en el tablero de ajedrez.

 

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