El mismo viejo blues
Martes 20 de febrero 2024

El mismo viejo blues

Redacción 01/12/2023 - 00.38.hs

Muestra la evidencia que en Argentina los líderes populares fueron siempre perseguidos por el aparato judicial. Juan Perón tuvo 120 causas y Cristina, 534.

 

ARTEMIO LOPEZ

 

La reciente gran derrota electoral del peronismo merece muchas alternativas reflexivas. Una central es ¿por qué se escondió la figura de Cristina Fernández en las dos últimas campañas electorales?

 

La respuesta es conceptual y se vio condensada ya en la vieja consigna “Con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede” y su deriva “Volver mejores”.

 

Estas dos consignas, que se ubicaron imaginariamente como motores del triunfo del año 2019, y en rigor fueron los predictores de la derrota del año 2021 y luego de la catástrofe electoral del año 2023.

 

Para que ese corrimiento de Cristina Fernández se materializara tras el triunfo del año 2019, ya en pleno gobierno del Frente de Todos, intervino “la Justicia” que, mecanismo extorsivo mediante, obligó a la vicepresidenta a renunciar a su candidatura el 6 de diciembre del año 2022. No es novedad la proscripción de hecho consumada por “la justicia” sobre Cristina Fernández.

 

Muestra la evidencia de que en Argentina los líderes populares fueron siempre perseguidos por el aparato judicial. Juan Perón tuvo 120 causas y Cristina, 534. La sentencia ya estaba escrita.

 

Justicia de clase.

 

Lo dijimos y lo señala el periodista y docente universitario Mariano Saravia (@MarianoSaravia7): La Asamblea de 1813 les hizo juicio a varios miembros de la Primera Junta. Principalmente a Mariano Moreno, que ya había sido asesinado en alta mar y desaparecido. Todos los días salía en la prensa un nuevo cargo contra alguno. A Juan José Castelli, que en esos meses agonizaba por un cáncer de lengua, lo acusaron y procesaron por degenerado y por haberse quedado con dineros públicos en el Alto Perú (Bolivia).

 

A Manuel Belgrano lo enjuiciaron dos veces, después de las derrotas en Paraguay (Paraguarí y Tacuarí) y de las derrotas en el Alto Perú (hoy Bolivia, Vilcapugio y Ayohuma). Ambas veces tuvieron que absolverlo porque todos los testimonios fueron favorables a él.

 

A San Martín lo acusaron de abrir una cuenta irregular en Londres con dineros turbios y de haberse “robado” el Ejército de los Andes.

 

“San Martín está lejos, y eso es lo mejor que nos puede pasar”. De Rivadavia a Manuel García, luego de mandar al exilio al Padre de la Patria.

 

Cuando Lavalle dio el golpe de Estado contra Dorrego, hubo un intento de lawfare, un juicio amañado contra el “Padrecito de los Pobres”. Pero Lavalle decidió cortar por lo sano y fusilarlo.

 

“La gente baja ya no domina, y a la cocina se volverá”. De Juan Cruz Varela, luego del fusilamiento de Manuel Dorrego. El otro instigador del golpe de Estado de Lavalle y del magnicidio, Salvador María del Carril, con el tiempo fue presidente de la Corte Suprema de Justicia.

 

“No puede librarse a la Historia el fallo del tirano Rosas. No señor, no podemos dejar el juicio de Rosas a la Historia, porque si no decimos desde ahora que era un traidor, y no enseñamos en la escuela a odiarlo, Rosas no será considerado por la Historia como un tirano, quizá lo sería como el más grande y glorioso de los argentinos”. Del diputado Nicolás Albarellos cuando en 1867 se sanciona una ley declarando a Juan Manuel de Rosas “traidor a la Patria”.

 

Hay una teoría del funcionamiento de la Justicia como “corporación” atenta a las relaciones de fuerzas coyunturales, errónea. Emparenta por caso a Menem con Cristina, mostrando que al riojano lo condena un juez propio “de la servilleta” (Urso), ante el cambio de clima político.

 

No es el caso de Cristina. La vicepresidenta es perseguida por representar intereses populares contrahegemónicos –que Menem jamás representó–. La persecución judicial a Cristina supone una reacción “de clase” que no cesará y excede en mucho el funcionamiento corporativo habitual.

 

La reproducción de los intereses de las clases dominantes puede ser “sancionada y regulada por relaciones jurídicas” (cuya aplicación supone al Estado), pero no es una “relación jurídica”, sino una “relación de fuerza”, sostenida “en y por” las relaciones sociales de producción. Precisamente para “desplazar/ocultar” el contenido de clase de la “Justicia” aparece la teoría de la “corporación”.

 

Grave error conceptual, con consecuencias políticas. La principal es “la ilusión jurídica de la política” cuyo resultado inmediato es sustituir la organización popular por un “ejército de abogados”.

 

Sin dimensión nacional.

 

Durante el gobierno de Cristina Kirchner el factor trabajo participaba con el 51,8% del ingreso generado, hoy merodea el 44%, ésta es la base de la exclusión de Cristina Kirchner y explica bastante más que los análisis creativos de la Patria Consultora, tanto el triunfo del año 2019, cuanto la derrota de los años 2021 y 2023.

 

Así las cosas, sin su componente kirchnerista que se materializó desplazando del centro a la figura de la vicepresidenta en las dos últimas campañas, el peronismo se reveló como un bergantín sin rumbo, doctrinaria y electoralmente. Un partido que representa apenas a algunas secciones del conurbano (la tercera sección electoral), retazos del norte grande y poco más.

 

Juan Abal Medina muestra claramente la conurbanización de la actual Unión por la Patria en su reciente presentación “Milei o el final de la anomalía argentina”.

 

La eficacia electoral de la distribución del ingreso intentó ser desplazada por otras consignas ya muy vapuleadas que, se sabe, perdieron fuerza a partir del año 1983 para convocar mayorías nacionales, como las viejas alternativas “democracia o dictadura”, su sucedánea “derecha o derechos” y sus múltiples variantes.

 

No sirvió, no solo no produjeron efectos de mayoría, sino que dieron impulso adicional a LLA y su candidato, que, no debe olvidarse más allá del ambiente triunfalista de medios hegemónicos y analistas “enamorados de la coyuntura”, no es precisamente una formación partidaria sólida con un liderazgo “consistente”.

 

Sucede que, salvo en el lapso comprendido entre los años 2003 y 2015, con la democracia no se comió, no se educó, ni se curó y el indicador central de esta ausencia es la evolución del patrón distributivo, cuya eficacia electoral es obvia, pero se silencia, precisamente por obvia.

 

Los datos son taxativos: Con el patrón distributivo de concentración creciente existente en el país, no parece posible tener éxito electoral: No pudo Juntos por el cambio y ahora no lo logró Unión por la Patria a pesar del notable volumen que desarrolló Sergio Massa como candidato que sorprendió a propios y extraños.

 

El mismo viejo blues.

 

Finalmente, tras la recuperación democrática del año 1983, la progresividad distributiva en el país se concretó durante la denominada década ganada entre los años 2003 y 2015 y aún hoy, ese momento de justicia social ejemplar, tiene nombre y apellido: Cristina Fernández de Kirchner, no casualmente el liderazgo proscrito primero conceptual y luego judicialmente. Todo lo demás son átomos y opiniones, muy respetables, por cierto. (Extractado de El Destape)

 

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