Jueves 01 de diciembre 2022

Hay responsables, y hay que decirlo

Redacción 03/09/2022 - 01.21.hs

Ahora todos se van a rasgar las vestiduras. Ahora todos van a decir "qué barbaridad", o "adónde hemos llegado", o "cómo ha sido posible". Pero no todos son sinceros, no todos tienen el mismo derecho a escandalizarse.

 

Hay muchos que son responsables de este atentado que por milagro no se llevó la vida de Cristina Fernández de Kirchner. Un hombre apretó el gatillo, pero muchos le pusieron el arma en la mano. Y muchos de esos hablan por la televisión o la radio 24 horas 7 días a la semana o escriben en los periódicos más grandes y desde hace años no hacen otra cosa que alimentar el odio contra CFK. Y eso tiene consecuencias. Hablar con tanta saña y tanta mentira tiene consecuencias. Envenenar la mente de tanta gente no es inocuo.

 

Pero como son lenguaraces, como son muy hábiles con la palabra hablada o escrita, y saben cultivar como nadie el arte del engaño, van a querer camuflarse cual camaleones entre los que sinceramente están consternados o indignados, entre los que de corazón desean la convivencia pacífica y repudian la violencia política.

 

El discurso del odio no es gratuito. Y la derecha política y mediática no ha hecho otra cosa que usarlo para perseguir y demonizar a todos los dirigentes que detesta. Pero sobre todo a Cristina Kirchner.

 

La derecha argentina no es democrática. Tampoco es pacífica. Lo demostró a lo largo del siglo XX apoyando a todas las dictaduras que aplicaron el terrorismo de Estado como dispositivo de dominación. Y en el siglo XXI, cuando logró por fin conformar un espacio partidario competitivo para intervenir en la arena política en el marco de la Constitución, no se despegó de sus viejas prácticas antidemocráticas aunque, eso sí, las supo agiornar a los nuevos tiempos: espionaje ilegal a escala nunca vista; cooptación del Poder Judicial para perseguir a los adversarios con armas inconstitucionales como el armado de causas o la "doctrina Irurzun"; anulación de leyes por decreto; uso de los grandes medios para hostigar y estigmatizar sin tregua; represión mortal (Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, "doctrina Chocobar"), etcétera.

 

Este atentado no surgió de la nada aunque su autor material pudo haber sido un lobo solitario. No "ocurrió" como un inesperado acontecimiento climático. Llegó tras una lúgubre ceremonia propiciatoria; una larga cadena de expresiones de odio que fueron convenientemente estimuladas y ganando en intensidad: marchas con horcas, guillotinas y bolsas mortuorias; piedrazos contra el despacho en el Senado; un diputado que pide "pena de muerte"; otro que dice "ellos o nosotros"; y siempre, día a día, toneladas de bilis derramándose desde titulares, redes sociales y pantallas de TV.

 

Tampoco es casual que otros líderes de la región como Evo Morales, Rafael Correa o Hugo Chaves hayan sufrido atentados contra su vida, algo que nunca le suele ocurrir a los representantes de la derecha. Hay que ser muy ingenuo o distraído para creer que esto es producto de la fatalidad.

 

La movilización del pueblo en las calles para defender la vida, la democracia y los liderazgos populares es el mejor antídoto contra los autores materiales e intelectuales de este ataque alevoso.

 

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