Sabado 22 de junio 2024

La descomposición de la Corte Suprema

Redacción 23/05/2024 - 00.27.hs

La creación de una nueva secretaría motivó un airado voto en disidencia por parte del ex presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, quien en una actitud francamente inusual se despachó denunciando a sus colegas con una serie de graves acusaciones, que no pueden si no llevar a la más honda preocupación.

 

JOSE ALBARRACIN

 

El cambio de autoridades producido en diciembre pasado trajo como esperable consecuencia la desactivación del proceso de juicio político que se intentaba, en Diputados, contra los jueces de la Corte Suprema. Pero la desaparición de esos cuestionamientos no quiere decir, ni mucho menos, que haya mejorado el funcionamiento de ese tribunal. Ni tampoco hay expectativas que la designación de dos nuevos jueces propuestos por el actual gobierno (uno, cuestionado, proveniente de la cloaca de Comodoro Py; otro, con algún pergamino académico, pero ideológicamente reaccionario) vaya a mejorar demasiado las cosas.

 

Berrinche.

 

El estado de descomposición del máximo órgano judicial argentino ha venido a reactualizarse, la semana pasada, con motivo de una resolución nimia, por la cual la mayoría de tres miembros decidía la creación de una nueva secretaría penal, con el pretexto de la acumulación y demora de causas en ese fuero.

 

La decisión motivó un airado voto en disidencia por parte del ex presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, quien en una actitud francamente inusual se despachó denunciando a sus colegas con una serie de graves acusaciones, que no pueden si no llevar a la más honda preocupación.

 

En síntesis, acusa a la mayoría de estar procurándose espacios de poder con la creación de oficinas sin justificación práctica, al solo efecto de designar a parientes y amigos, sin concurso, y "contrariando las expectativas de austeridad que la sociedad argentina exige".

 

Independientemente de la escasa autoridad de quien emite estas opiniones -en su momento, como presidente de la Corte, se entretuvo también con variados juegos de poder, y no sólo hacia adentro de ese organismo judicial- lo cierto es que varias de las acusaciones bien valdrían la reapertura del proceso de juicio político con nuevas causales por mal desempeño.

 

Tristeza.

 

Citando a la minoría actual en el máximo tribunal de EEUU, Lorenzetti afirma sentir "verdadera tristeza por el estado de situación de esta Corte", en la cual, asegura, "la excelencia es desplazada por la ambición".

 

Tal parece que lejos de "proteger los derechos de los ciudadanos", la Corte presenta una alarmante demora en el dictado de fallos -dice Lorenzetti- producto de la falta de funcionamiento de los acuerdos entre ministros. En un párrafo de su voto llega a decir que "la redacción de sentencias es una función de los jueces", como dando a entender que no sería ésa la práctica de sus colegas supremos.

 

Esto sea dicho, no sin dejar de señalar que, aunque el disidente no lo mencione, resulta notorio que existen temas que se rechazan de plano, como por ejemplo la evidente inconstitucionalidad del decreto de necesidad y urgencia dictado por la actual administración a pocos días de asumir, que ha descalabrado la economía, y violentado una serie de derechos constitucionales de la ciudadanía.

 

Películas.

 

No es un secreto para nadie que la queja de este magistrado tiene como objetivo, también, proteger a secretarios que ingresaron a instancia suya, aunque él no perciba esta actitud como la defensa de un "espacio de poder". Pero no es menos cierto que uno de esos funcionarios fue quien desnudó ante los diputados el desmanejo de la obra social del personal judicial, un escándalo que permanece impune, y que no sólo debería acarrear destituciones, sino también investigaciones penales.

 

La creación de la nueva secretaría penal -asegura- que tendría a su cargo una gran cantidad de causas sensibles, por involucrar a notorios dirigentes políticos, tendría por objeto que esos expedientes "queden bajo la gestión de un secretario que responda a directivas que no se publican, lo que es totalmente inapropiado y no genera precisamente confianza".

 

Luego denuncia que en los últimos dos años se han creado organismos de alto costo en sueldos, que no han cumplido ninguna función (menciona allí las comisiones de "lenguaje claro", de "bienestar laboral" y de "desarrollo institucional") o que ya estaban creados de antes (como la oficina de estadísticas). En un detalle que parece más propio de una revista de chismes, y nombrando a la funcionaria involucrada, la acusa de que "no ha presentado ningún informe de actividades que justifiquen ese costo. Sólo produce un boletín que aconseja sobre películas y hace resúmenes de prensa".

 

Las denuncias incluyen además la persecución de los funcionarios que señalan irregularidades, y el apañamiento, por el contrario, de otros sobre los que pesan graves denuncias que comprometen la imparcialidad de la Corte y su prescindencia política.

 

Muchas de estas situaciones no son nuevas ni desconocidas, pero verlas enumeradas tan luego en un voto de uno de los ministros de la Corte, lleva a reflexionar cómo es posible que no se haya generado, sino un escándalo, al menos un poco de atención por parte de los otros poderes del Estado.

 

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