La guerra de Irán y la colonización mediática
La mayoría de los medios occidentales, incluidos los argentinos por supuesto, actúan como voceros oficiales de la Casa Blanca y del gobierno israelí. La asimetría informativa es más abrumadora que la militar.
SERGIO SANTESTEBAN
Desde el comienzo de las acciones bélicas desatadas por Israel y los Estados Unidos contra Irán, se hizo mucho más evidente la ausencia de equilibrio en las coberturas de los medios de comunicación sur y norteamericanos y europeos. La inclinación a informar y opinar sobre los conflictos en Medio Oriente con un sesgo pro eje Washington-Tel Aviv es de vieja data en todo occidente; y en Argentina toda una costumbre, aún en la prensa que se autopercibe progresista.
En verdad, no estamos haciendo ningún descubrimiento, solo resaltar el hecho de que tal tendencia se agudizó a partir de la agresión militar iniciada por norteamericanos e israelíes contra la nación persa. Son excepcionales los medios que se esfuerzan por apartarse de ese alineamiento general para llevar a sus audiencias o lectores un panorama de la guerra por fuera de la mirada binaria predominante.
La demonización de los países asiáticos ha sido una constante, y apenas surge un conflicto bélico aflora con mayor fuerza la visión eurocéntrica -o yanquicéntrica- tiñiendo toda noticia o análisis del mismo “color civilizatorio”.
“Vamos al lugar de los hechos”, dicen los periodistas de la TV o la radio, e inmediatamente sale al aire un, o una, cronista hablando desde Tel Aviv, Jerusalén u otra ciudad israelí. Nunca desde Irán o del Líbano, ni siquiera de Turquía o de Irak. La asimetría informativa es más abrumadora que la militar. Los muertos iraníes ya se cuentan por miles, y los libaneses por centenares, pero en “el frente” las coberturas se centran en los padecimiento de la población israelí –que, desde luego, son dignos de atención y compasión- pero son infinitamente inferiores a los que atraviesan iraníes y libaneses.
La guerra cognitiva.
Una modalidad muy extendida es la de igualar responsabilidades en el conflicto, con sobreactuados llamamientos a “la paz”, pasando por alto el “detalle” de quiénes son los atacantes y quiénes los que se defienden. Para que prosperen tales manipulaciones es menester ocultar un hecho crucial: el ataque tuvo lugar mientras se llevaban a cabo negociaciones en Ginebra entre delegados iraníes y norteamericanos sobre el desarrollo nuclear de los primeros. Otro hecho que se prefiere ignorar es por qué algunos países se atribuyen “naturalmente” la capacidad de poseer tecnología nuclear, e incluso armas atómicas, mientras exigen que otros se resignen a no tenerlas. Otra manifestación de la mirada supremacista occidental que pretende imponerse en todo el mundo.
Israel posee un arsenal estimado en dos centenares de misiles que portan cabezas nucleares. Mientras desarrollaba ese poderoso armamento, mediante operaciones secretas, que hoy son bien conocidas, procedió a destruir instalaciones y asesinar a científicos en Egipto e Irak para que esos países no hagan lo propio. Ninguna sanción cayó sobre la nación judía por esas agresiones a sus vecinos. Al contrario, siempre hubo justificaciones a mano en la diplomacia europea y norteamericana para defender esos ataques. Con tal protección, pudo continuar haciendo lo mismo con Irán, como se vio en los últimos tiempos, contando incluso con la “ayuda” inestimable de su aliado de hierro: EEUU.
Detrás de Israel.
Hay otro aspecto crucial de la actual guerra que es oscurecido por la prensa colonizada. Analistas norteamericanos y europeos, incluso dirigentes del Partido Demócrata, vienen señalando que EEUU fue llevado de la nariz por Israel a involucrarse a fondo en un ataque militar. Recuerdan que Trump había prometido no embarcarse en una guerra a gran escala y que, por eso mismo, la operación en Venezuela fue un ataque relámpago para secuestrar a Nicolás Maduro y llevarlo a prisión en lugar de un desembarco de tropas.
Es muy sabido que la extrema derecha israelí, con Benjamín Netanyahu a la cabeza, venía intentando desde hace décadas involucrar a EEUU en una guerra total contra Irán. Pero hasta ahora todos los ocupantes de la Casa Blanca habían rechazado tal “invitación”. El premier israelí siempre enarboló el “peligro” de las armas atómicas iraníes, sin embargo esa posibilidad fue desmentida por las inspecciones internacionales y, además, por otro hecho incontrovertible: la destrucción, en junio del año pasado, de las principales instalaciones de enriquecimiento de uranio y el asesinato de una decena de científicos iraníes por el ataque combinado de EEUU e Israel.
Lo que le endilgan a Trump, y con razón, es no haber frenado a Netanyahu en su cruzada mortal para evitar una guerra que ya tiene altos costos para la economía occidental con la disparada del precio internacional del petróleo y la caída de las bolsas de todo el mundo. Como siempre, las evaluaciones económicas están en EEUU por delante que las humanitarias. Pero todavía más: el propio Trump, ahora dice no descartar una invasión por tierra a Irán. O sea: todo el libreto israelí de la primera a la última página.
Estos acontecimientos de enorme relevancia están poco menos que ausentes en los medios que “informan” sobre el conflicto con escaso apego a los datos reales y mucho entusiasmo por defender los intereses del “occidente civilizado” frente a la “barbarie asiática”.
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