Los therians que eligen presidente
En estos días la sociedad se queda entre asombrada e incrédula al ver que las plazas y paseos de las ciudades y pueblos convocan a una nueva tribu urbana, los therians. Aunque es una rareza, el origen de la motivación no es para nada original ni surge de experiencias personales ni colectivas de esta parte del hemisferio. En este arrabal del mundo la originalidad que dio origen al tango, al candombe, al jazz, al gaucho, ha ido dejando lugar (redes mediante) a la más cómoda y estereotipada de copiar las identificaciones de adolescentes y jóvenes de grandes urbes de países ultradesarrollados. Ya vimos como se diluían los llamados emo, modelos copiados de experiencias de exclusión de las nuevas generaciones en países donde el envejecimiento de la población y el machismo dejaba fuera a miles de adolescentes que reaccionaron con su vestimenta, y su música buscando un lugar y una identidad que la sociedad le negaba.
Aquí en la Argentina nacieron los floguer, una tribu urbana obsesionada por el culto a la imagen no exenta de un acendrado egocentrismo con una vestimenta y peinados que buscaban el reconocimiento a través de la aprobación de los usuarios de redes donde colgaban sus fotos.
Ahora llegan, varias décadas después de que nacieran allá por los 90 en Estados Unidos, los therians, personas que les gusta exhibir una supuesta conexión o identidad ligada a un animal. Lo asombroso es que además de creerlo, lo teatralizan y lo hacen público disfrazándose de esos animales y adoptando lo que consideran que son sus costumbres. Se reúnen en plazas y muestran al mundo lo que creen que es su identidad.
Más allá de lo que cada uno piense de ellos, son tribus inofensivas, que no le hacen mal a nadie ni expresan odios ni malas intenciones con nadie. Solo muestran lo que creen que son y lo que los identifica.
Pero, lejos de ser una rareza, estas presuntas identidades de animales (que son falsas para todos los que los ven, menos para ellos) surgen en una sociedad donde cada vez más un número importante de ella adopta cotidianamente identidades sociales y económicas que son falsas para todo aquél que los observa menos para ellos.
Son los que han adoptado el discurso de derecha, libertario, neoliberal, siendo, como son, pobres asalariados en el mejor de los casos o sujetos económicos y sociales excluidos sin derechos laborales, ni posibilidades de alcanzarlos.
Al igual que los therians, se creen ricos y son francamente pobres que dependen de su trabajo o de subsidios o planes del Estado y no de ninguna renta asegurada.
Hablan como si las políticas antipopulares y antiderechos que dispara el gobierno contra la población los beneficiaran de alguna forma cuando está a la vista que son victimas de ellas.
Docentes a los que les anularon las paritarias y les robaron el Incentivo, empleados estatales que aplauden la consigna de destruir el Estado, jubilados a los que les bajaron 30% sus haberes y les quitaron el beneficio de los remedios gratis, trabajadores despedidos, empresarios pymes que deben cerrar o ven sus ingresos podados por la recesión económica, jóvenes con una caja roja a la espalda que creen estar protagonizando la épica de ser un emprendedor exitoso, etcétera, etcétera.
La diferencia con los therians zoológicos es que estos therians sociales y económicos no son inofensivos. Llevan su identidad a las urnas y, como decía el papá de Facundo Cabral, son tantos que ahora eligen al presidente.
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