Miércoles 07 de diciembre 2022

Tensiones geopolíticas profundizan la crisis

Redacción 03/10/2022 - 10.16.hs

Joe Biden sube la apuesta. Intensifica su apoyo a Ucrania y entrega armamento a Taiwán para reposicionarse en el tablero internacional y en su propio país.

 

EDUARDO LUCITA*

 

Suponiendo que la geopolítica mundial se mueva como un tablero de ajedrez podríamos decir que EEUU acaba de hacer una jugada de doble ofensiva al proveer una fuerte ayuda en armas sofisticadas y en fondos a Ucrania y al mismo tiempo vender armas a Taiwán por 1.100 millones de dólares, luego de la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Peloso. Juega en dos zonas calientes del tablero mundial. Se enfrenta con Rusia en Ucrania, a través de la OTAN, y con China por medio de Taiwán. Claro que un error de cálculo podría llevarlo a tener que actuar directamente.

 

Ya Henry Kissinger había advertido que EEUU se vería obligado a escalar las tensiones, incluso señaló "estamos al borde de una guerra con Rusia y China (...) que hemos provocado parcialmente sin saber cómo va a terminar esto, o hacia donde se supone que vamos".

 

Objetivos no cumplidos.

 

A siete meses de iniciada la guerra es evidente que el objetivo ruso con la invasión, llegar a Kiev y derrocar a Volodimir Zelenski en una guerra corta, ha fracasado. El repliegue de fuerzas a las zonas bajo su control y su contrapartida, la contraofensiva ucraniana con el respaldo de una OTAN fortalecida, es prueba de ello. Por otro lado EEUU apostó desde el principio a una guerra larga, que terminaría desgastando a las tropas y complicando la economía rusa. Que la tropa rusa ha sufrido un desgaste es evidente, se ve en el repliegue, ahora definido como reagrupamiento, y en el decreto firmado por Putin para incrementar en más de 130.000 soldados la fuerza de combate que habría sufrido numerosas bajas. Al mismo tiempo los datos proporcionados por el analista internacional Jorge Castro muestran que la economía de la Federación se ha recuperado. Las reservas que estuvieron congeladas ya han sido recuperadas y han vuelto a superar los 650 mil millones de dólares, y se estima que gracias a los altos precios del petróleo y el gas el saldo comercial llegaría a superar los 250 mil millones este año, el rublo se ha fortalecido y la inflación está bajando lo mismo que la tasa de interés.

 

Como contrapartida el G7 ha aprobado la propuesta de Joe Biden de poner un tope a los precios del petróleo ruso (con sanciones para los países que no cumplan) a lo que Vladimir Putin ha contestado con que cortaría totalmente la provisión del fluido a los países que acepten esos topes. Lo que sería una verdadera guerra fría en el cercano invierno.

 

¿Se abre una nueva fase?

 

Rusia ha replegado sus fuerzas a la zona del Donbass, en el sureste dejando la iniciativa a las fuerzas ucranianas en una estrategia claramente defensiva. Por su parte Ucrania dio inicio a la anunciada contraofensiva concretada en los ataques a posiciones rusas en el noreste y en el sur. Está fortalecida por la provisión de un fuerte arsenal de avanzada tecnológica provisto por EEUU y países europeos (solo la ayuda militar estadounidense alcanza a los 7 mil millones de dólares, si se suma el aporte europeo se estima a fin de año el total llegaría a los 25 mil millones).

 

Particularmente el sistema lanza misiles Himar de largo alcance con los que puede complicar la logística, ha destruido ya ocho cazabombarderos estacionados cerca de Crimea, y puede alcanzar los cruceros detenidos en el Mar Negro, sumado a las imágenes satelitales en tiempo real, que según la OTAN están siendo esenciales en el avance ucraniano. De ser ciertas las informaciones circulantes la contraofensiva logró recuperar numerosas ciudades y al menos 3 mil kilómetros de territorio que estaban bajo control ruso (otras fuentes hablan de 6 mil).

 

La guerra sigue su curso sin que se pueda arriesgar tiempo de finalización. EEUU ha escalado las tensiones en un mundo ya conmocionado, endureciendo sus posiciones con Rusia, con China, incluso con Irán cuando se está avanzando en un nuevo acurdo nuclear, buscando reposicionarse en el tablero mundial y en paralelo recuperar la imagen de la administración Biden cuando falta poco para las elecciones parlamentarias, donde puede quedar en minoría en ambas cámaras. Si se tiene en cuenta que con la extraordinaria suba de tasas EEUU puede también estar inaugurando una fase de desaceleración de su economía de larga duración, es válido preguntarse si estamos ingresando en una nueva fase, no solo de la guerra sino también de la economía mundial y la globalización.

 

En los próximos meses eventos de importancia planetaria pueden tener influencias decisivas: por un lado el Partido Comunista de China tendrá en octubre su XX Congreso que definirá la continuidad de Xi Jinping para un inédito tercer mandato consecutivo. Por otro lado en noviembre están las elecciones de medio camino en EEUU que pueden echar luz sobre el regreso del trumpismo como factor de poder mirando a las presidenciales del 2024. Estarán en juego el fin de la globalización o bien qué formato adquirirá en el futuro y si habrá modificaciones en la política internacional que China ha sostenido en las últimas décadas. Por su parte Rusia luego de los referéndums ha concretado su anunciada anexión de cuatro regiones de Ucrania y amenaza con defenderlas con armas nucleares.

 

Impacto global

 

Todo transcurre con el telón de fondo del conflicto chino-estadounidense por el reparto del poder global, que alimenta tensiones que van más allá de la guerra y la cuestión de Taiwán. La ruptura del sistema global está en el centro de la crisis, con la fragmentación de las cadenas globales de valor en bloques regionales, que pueden coincidir o no con bloques militares, con el parate de los mecanismos de coordinación/cooperación entre las dos superpotencias, con la dependencia energética europea de Rusia y el surgimientos de populismos de derecha neofascistas (Italia y Suecia se suman a esa tendencia) que rompen los equilibrios europeos, presupuestos militares en aumento y un armamentismo que puede caer fuera de control. Todo redunda en un bajo crecimiento mundial (2,9 para este año y pobres perspectivas para los siguientes) y una alta inflación (8% promedio mundial en 2022). Ni el G20, ni la OMC ni la ONU pueden contener estas tensiones en ascenso.

 

La guerra va provocando conflictos globales en cadena. La crisis mundial ha pegado un salto. Ponerle fin a esta barbarie es la exigencia del momento.

 

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

 

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