¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Jueves 21 de mayo 2026

Tucídides en Beijing

Redacción 21/05/2026 - 01.08.hs

Durante la visita de Donald Trump, Xi Jinping planteó el problema que representa la intervención norteamericana en favor de Taiwán. Dijo que si el problema era "pobremente manejado" por Washington, podría llevar a una confrontación directa entre ambas potencias.

 

POR JOSE ALBARRACIN

 

Mientras Donald Trump -lejos de las bravuconadas y los tarifazos del año pasado- se deshizo en zalamerías y elogios hacia su par chino, Xi Jinping, durante su reciente visita a Beijing, su anfitrión empleó un tono mucho más seco y contundente. Sus primeras palabras fueron para subrayar el problema que representa la intervención norteamericana en favor de Taiwán, que China considera parte de su territorio, y que es "el centro del centro" de sus intereses. Dijo, claramente, que si el problema era "pobremente manejado" por Washington, podría llevar a una confrontación directa entre ambas potencias. Lo cual sería una pena, ya que -entienden los chinos- ambas potencias son complementarias y pueden coexistir, sin necesidad de "caer en la trampa de Tucídides".

 

Bovinos.

 

Lamentablemente no se cuenta con imágenes de video que muestren la cara de Trump y sus ministros al escuchar estas palabras. Probablemente hayan adquirido una expresión bovina, tratando de desentrañar si "Tucídides" era alguna especie de rara enfermedad nueva. No estarían esperando recibir una lección de historia de la Grecia clásica -supuesta cuna de Occidente- tan luego en el corazón mismo de Asia.

 

Pero, ¿a qué se refería Xi Jinping? Tucídides, desde luego, fue un militar ateniense, autor del que se considera el primer tratado de historia militar conocido, "Historia de la Guerra del Peloponeso". La tesis del autor es que aquel conflicto bélico de la Antigüedad (431/404 a.C.) se originó debido a que "el crecimiento de Atenas hizo temer a Esparta, forzándola a emprender la guerra".

 

Para ser claros, Tucídides no le tendió una trampa a nadie. Pero los historiadores que lo sucedieron hasta el presente, creen encontrar en aquellas palabras una advertencia sobre cómo se desarrollan los conflictos bélicos. La expresión "trampa de Tucídides" fue acuñada hace tres lustros por uno de ellos, Graham Allison, quien al estudiar 16 casos históricos en los cuales una potencia hegemónica se encontraba con una rival emergente, concluyó en que un conflicto bélico entre ambas era poco menos que inevitable.

 

Hegel.

 

Sin embargo, los chinos no creen en la inevitabilidad de los conflictos. En palabras del propio Xi Jinping, la supuesta trampa "no existe"; en todo caso, las palabras de Tucícides funcionan como una advertencia, no como un modelo predictivo, como han sido interpretadas por los estudiosos occidentales con Allison a la cabeza.

 

Desde luego, esta visión proviene del representante de una civilización milenaria, que ha sabido de épocas de enorme esplendor económico, pero que también ha visto su pueblo sometido a la humillación y la hambruna, no hace muchas décadas atrás. Pero también proviene de una dirigencia política que ha estudiado a los pensadores occidentales, particularmente un concepto muy caro a Marx y a su predecesor, Hegel: la dialéctica.

 

Según esta visión, también basada en la lógica griega clásica, la oposición de dos proposiciones antagónicas necesariamente genera una síntesis, una tercera proposición (no confundir con "tercera posición") que a su vez será confrontada eventualmente por nuevo opuesto, y así sucesivamente. Por ende, la historia no sería un movimiento pendular entre dos extremos, sino un derrotero más complejo y progresivo: sinuoso, pero con una dirección hacia adelante.

 

Para alguien familiarizado con el análisis dialéctico de la historia, la repetición pendular de conflictos no deja de ser una estupidez. Pero nunca hay que subestimar el poder de la estupidez humana.

 

Global.

 

A poco que se analice la intrincada red de relaciones económicas entre EEUU y China se concluirá en que, efectivamente, ambas potencias tienen demasiados vasos conductores entre sí como para atacar a la otra sin dañarse a sí mismas.

 

No es ninguna casualidad que la delegación que acompañó a Trump incluyera a los capitostes de las principales compañías tecnológicas norteamericanas. Estaba Tim Cook de Apple, que fabrica mayoritariamente en China su producto estrella, el IPhone. Estaba Elon Musk, quien tuvo un fugaz paso por la administración Trump para abandonarla el año pasado, en medio de insultos y acusaciones graves, pero que no come vidrio: es de China de donde provienen las baterías de litio que emplean sus vehículos Tesla (aunque las empresas chinas, con BYD a la cabeza, hace rato que fabrican autos eléctricos más eficientes y baratos).

 

Lo más llamativo, sin embargo, fue la presencia de Jensen Huang, el CEO de la fabricante de chips de computación Nvidia, especialmente diseñados para la inteligencia artificial, a la cual el gobierno norteamericano le había prohibido vender sus modelos más avanzados a China. Habrá que ver qué alcance tiene este gesto.

 

Vaya a saber si esta conversación despierta algún interés en Trump, su canciller Marcos Rubio, o su "ministro de guerra" Pete Hedgset, en estudiar la historia militar griega. Quizá se topen con la batalla de las Termópilas, aquella en la que 300 espartanos, valiéndose de un accidente natural del terreno (un estrecho desfiladero) lograron contener al ejército persa de Jerjes, infinitamente superior en número.

 

A lo mejor las semejanzas históricas con el estrecho persa de Hormuz les provoca alguna sinapsis.

 

'
'