Un asunto de privados
Uno de los asuntos de la última semana ha sido, sin dudas, el problema del alto nivel de endeudamiento de más del 90% las familias argentinas, con niveles de morosidad que superan el 80%. Todos los estudios serios ligan ese fenómeno al brutal ajuste iniciado por el actual gobierno en diciembre de 2023, y se relaciona con la compra a crédito de productos de primera necesidad.
Desde el gobierno, desde luego, tienen otra visión. Para el presidente, sería un acto de "corrupción" ocuparse de la microeconomía. Para el vocero presidencial (porteño disfrazado de pampeano que acaba de sacarse el disfraz) el problema es que la gente no sabe manejar sus finanzas. O sea, el 90% son burros. La gente lo que no sabe manejar es la sinfonía de chiflidos que le sube desde las tripas.
Inflación.
Parte del problema es que, mientras los índices de inflación hablan de poco más del 33% anual, el precio de los alimentos tiende a subir el doble de ese porcentaje. La carne, como quiera que se la mida, cuadruplicó su precio de diciembre 2023, por lo que no es de extrañar que el nivel de consumo actual (47 kilos por habitante) sea el más bajo en veinte años. Cómo logran redondear esos índices de inflación, es un misterio: probablemente haya otros productos de primera necesidad, como el tungsteno (ponele) que han bajado de precio.
Ahora el ministro de Economía ha salido a agregar otro argumento (para no insistir en la estupidez de la gente), muy caro al presidente, ese de que el Estado no tiene que meterse en los asuntos de los privados. Si el amigo Garpelín le aplica un 700% de interés anual a los usuarios de su billetera virtual, es un asunto de privados. Cabe preguntarse para qué catzo nos tomamos el trabajo de crear un estado y pagarle impuestos si aquí, como decía el viejo Hobbes, el hombre está autorizado a ser el lobo del hombre.
Lo curioso es lo flexible que resulta ese concepto de "lo privado". Porque cuando un desocupado intenta montar un puesto de venta callejera para venderle a otros pobres como él, ahí ya no es un tema de privados, ahí el Estado interviene con todo el vigor de la fuerza pública y lo desaloja a rebencazo puro.
Pericia.
Y si una cooperativa de Neuquén hace un contrato con una empresa china, no es tan asunto de privados, porque el embajador de EEUU se siente con el derecho de amenazar y estigmatizar a esos cooperativistas con el pretexto de la seguridad nacional de su país (no es chiste: lo dijo con esas meras palabras). Y eso que el actual gobierno -al que no vale la pena pedirle que nos proteja de las injerencias extranjeras- asumió diciendo que si los ciudadanos argentinos querían contratar con China, era una cuestión de privados en la que no se metería. Que pongan las barbas en remojo los sojeros, que ellos serán los próximos.
No cabe dudas de que el mundo de las finanzas es complicado, casi se podría compararlo a esas casas del horror que había en los parques de diversiones. Uno se mete ahí y corre el riesgo de encontrarse, por ejemplo, con el ministro de Economía. Buuuhhhh!
Y es cierto también que no todos tienen la pericia necesaria para manejarse con los números, como por ejemplo la tenía el ex vocero presidencial, que era tan hábil para hacer guita que hasta se daba el lujo de dejar olvidado por ahí un pendrive con unos bitcoins que en su momento eran un vuelto, y hoy valen casi un palo verde. Como cantaba Serrat: "son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón o en un cajón".
Torah.
Dejemos de lado aquí si la usura constituye un delito, ya que con la "justicia" argentina todo puede ocurrir. De hecho, cualquiera diría que poner en la timba financiera unos recursos presupuestarios que por ley tienen un destino determinado (mantenimiento de la infraestructura vial, tan luego, esencial para la extracción en Vaca Muerta) constituiría un delito de malversación de caudales públicos. Pero dejemos eso para los puristas del derecho.
Lo que llama la atención es que el presidente, devoto estudioso del Antiguo Testamento (en su autopercepción como judío, que lo lleva a derramar copiosas lágrimas cada vez que se cruza con el Muro de los Lamentos) no se haya topado todavía con los parrafitos que la Torah dedica a la usura.
Por ejemplo en Éxodo 22:25 se lee: "“Si prestas dinero a mi pueblo, al pobre que está contigo, no te comportarás con él como un acreedor ni le cobrarás interés". Nótese que, al parecer, estaba OK cobrarle interés a los no judíos. Pero está claro que, dentro de la grey, el préstamo era admitido como un gesto solidario, no como una oportunidad para obtener ganancias.
En el Levítico 25:35-37 Jehová se pone más enfático: "Si tu hermano empobrece y no puede mantenerse contigo, lo sostendrás... No tomarás de él interés ni ganancia... No le prestarás tu dinero a interés ni tus alimentos para obtener ganancia". Es un poco aquella hermosa máxima de un ocurrente político local, según la cual "con la comida no se jode". Especialmente, cuando se trata de los pobres.
Prohibiciones similares aparecen en Deuteronomio 23:19-20, en el Salmo 15, en Ezequiel 18 y en Nehemías 5, quien preocupándose por los judíos pobres que pedían dinero para comer hipotecando campos y viñedos, perdiendo sus casas y entregando a sus hijos como esclavos, se enfurecía exigiendo a los prestamistas que devolvieran lo mal habido, y que se limitaran a cobrar un interés de "una centésima parte". O sea, un 1%.
Con el tiempo nos hemos resignado a aceptar que el personaje que ejerce la presidencia en nuestro país no era, como él aseguraba, un "experto en crecimiento, con o sin plata". Hoy casi que nos conformaríamos con que fuera un buen rabino. Si es que tal cosa existe.
PETRONIO
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